jueves, 1 de enero de 2009

Estudiantes campeón de la B Nacional 1994/1995


“Eduardo Luján Manera y Miguel Ángel Russo. Dos generaciones diferentes de la familia de Estudiantes de La Plata se unieron para conducir el sueño. Fueron algo más que directores técnicos”. El Gráfico del 16 de mayo de 1995 destacaba así la determinación de las dos glorias pincharratas para tomar las riendas del equipo que descendió a la B Nacional tras empatar 3 a 3 con Lanús en el Torneo Clausura 1994. Ídolos en dos etapas distintas del club, se unieron y firmaron la declaración de principios que devolvería a Estudiantes a Primera División. No se negociaría el esfuerzo ni el protagonismo, y además se le daría preeminencia a una camada de juveniles que pisaba fuerte y que sería apuntalada por la contratación de refuerzos de jerarquía. 
El primero en llegar, cautivado por el proyecto que le acercó Russo, fue Juan Manuel Llop. El Chocho había firmado la extensión de su contrato con Newell’s pocos días antes, pero, tal cual aseguró, el desafío de quedar en la historia del club fue más fuerte. Atrás de él llegaron Carlos Bossio y Luis Ernesto Sosa. Provenientes ambos de Belgrano, Chiquito era un proyecto de arquero de Selección que se cristalizaría tiempo después cuando Daniel Passarella lo convocó para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. El uruguayo, en cambio, era un experimentado enganche que había jugado en todas las categorías del fútbol argentino y que contaba en su currículum con dos ascensos a Primera: uno con el Pirata y el otro con Chaco For Ever. 
También se sumaron, a préstamo de Vélez, Andrés Galeano, Mariano Armentano y Leonardo Ramos. Desde Paraguay llegaron el delantero Domingo Arévalos, Adelio Salinas y Ricardo Rojas. El último en llegar fue el lateral Manuel Santos Aguilar, que sería el reemplazante natural de Edgardo Prátola. 
Estudiantes afrontó, al mismo tiempo, el campeonato de la B Nacional y la desaparecida Supercopa Sudamericana, de la que tomaban parte todos los equipos que habían ganado al menos una vez en su historia la Copa Libertadores. 
En la B Nacional debutó con un empate contra Instituto en La Plata. Al término del primer tiempo, Estudiantes perdía 1 a 0, y al no encontrar reacción en sus dirigidos, Miguel Ángel Russo, que había logrado anteriormente dos ascensos con Lanús, les dio la “bienvenida” a la categoría. “Estábamos muy preocupados y el técnico nos sacó responsabilidades, nos dijo algunas cosas desde su experiencia y eso nos sirvió para mirar hacia el frente y seguir adelante”, dijo posteriormente Rubén Capria, el Mago, segundo goleador del equipo con 16 tantos, detrás de los 23 de José Luis Calderón. 
A partir de allí Estudiantes emprendió una racha positiva que recién se cortaría en la décimo cuarta fecha con una derrota ante Deportivo Morón. No obstante, el equipo ya salía de memoria y también se entendía de memoria. Bossio era el arquero, Llop el central y el Ruso Prátola, junto a Rojas, los stoppers. En el medio jugaban el Rulo, Claudio París, por la derecha, el Sopa Aguilar por la izquierda y Leonardo Ramos y Juan Sebastián Verón como doble cinco. El enganche era el Mago Capria, y los delanteros Calderón y Armentano o Arévalos. El 3-4-1-2 era innegociable para la dupla técnica, y los suplentes tenían la misma calidad que los titulares. En el banco esperaban Gastón Córdoba, Martín Palermo, Juan Manuel Azconzábal, Diego Capria, Leonardo Squadrone o Luis Sosa, entre otros. 
El Pincha siguió avanzando a paso firme y la gran oportunidad de concretar el renacimiento llegó a cinco fechas del final, en una dura visita a Gimnasia y Tiro de Salta. Estudiantes ganó 1 a 0 con un gol de Calderón y se aseguró el primer puesto. Detrás quedaron Atlético Rafaela, Colón de Santa Fe y Godoy Cruz. En tiempos en los que se otorgaban dos unidades por cada triunfo, la campaña fue récord: 65 puntos fruto de 27 victorias, once empates y cuatro derrotas.
En total Estudiantes pasó 265 días en la B Nacional. 265 días desde aquel último triunfo en Primera, 4 a 1 ante Racing en La Plata, que terminó con una vuelta olímpica de los hinchas surcando el terreno de 1 y 57. Esa misma tarde empezó a cocinarse a fuego lento el exitoso regreso, que se concretó nueve meses después. Con trabajo, esfuerzo y el sacrificio de dos generaciones que se unieron para sacar a flote a un Pincharrata demolido. Y siempre con la colaboración de una gloriosa camada de juveniles que hizo historia.

Del Potro, el sobreviviente


El retiro de David Nalbandian, la mala temporada de Juan Monaco y la intranscendencia a la que se vieron condenados los demás tenistas argentinos hicieron del 2013 un año olvidable para las raquetas criollas. No obstante, toda regla conlleva una excepción, y esta tiene el nombre de Juan Martín Del Potro, el tandilense que se jugó todo a ganador, privilegiando incluso su carrera por encima de la Copa Davis, y ahora cosecha los frutos de un buen recorrido anual en el circuito. A los 25 años está afincando en la quinta posición del ranking ATP, conserva como precedente inmediato una buena actuación –desde lo tenístico- en el Masters de Londres y lo cobija un horizonte prometedor. 
Son varios los aspectos que tiene que tener en cuenta Del Potro para sonreír en el cierre del año. Por primera vez en mucho tiempo logró recuperar su nivel y dejar atrás las recurrentes lesiones en la muñeca, una limitación que venía condicionando su rendimiento y que lo había condenado al ostracismo en 2011, cuando llegó a estar en el puesto 485 del ranking. Además, fue el único capaz de derrotar durante 2013 a los cuatro primeros, los famosos Big Four, el grupo de Roger Federer, Rafael Nadal, Andy Murray y Novak Djokovic. Al suizo le ganó la final en Basilea, a Rafa lo superó en las semifinales de Shangai, al escocés en los cuartos de final de Indian Wells y a Nole en la semifinal del mismo torneo. 
A su vez, los cuatro títulos que cosechó Del Potro a lo largo de la temporada le sirvieron para apuntalar su lugar en el ranking y reposicionarse en la elite del circuito. Todos ATP 500, se consagró en Rotterdam (7-6, 6-3 a Julien Benneteu), Washington (3-6, 6-1, 6-2 a John Isner), Tokio (7-6, 7-5 a Milos Raonic) y Basilea (7-6, 2-6, 6-4 a Roger Federer). Si a esto se suma que fue finalista en los Masters 1000 de Shangai e Indian Wells, se concluye que el tandilense confirmó su especialidad en cemento, la superficie sobre la que mejor se siente, ya sea al aire libre o bajo techo. En total, Del Potro suma 17 títulos ATP en su carrera y el US Open de 2009. 
En el Masters de Londres, al que clasificó con suma comodidad, se despidió en el round robin tras derrotar al francés Richard Gasquet y perder con Djokovic y Federer. De todas formas fue una buena actuación del tandilense, que reconoció su falta de claridad durante la campaña para cerrar los partidos y también los altibajos que le impidieron llegar más alto. “Otros años fui más regular y quizás no llegué tan bien a noviembre. Le gané a los cuatros primeros, eso no se logra todos los días”, dedujo Del Potro en conferencia de prensa. 
La gran deuda de Del Potro en 2013 fue respecto de los torneos de Grand Slam. Salvo en Wimbledon, a donde alcanzó las semifinales, en los demás no pasó la tercera ronda. La interpretación puede ser positiva teniendo en cuenta que en 2014 son pocos los puntos que tendrá que defender en torneos grandes, y que los cuatro primeros del ranking pelearán por revalidar la corona. El tandilense podría, entonces, escalar a la tercera colocación con una buena actuación en el Abierto de Australia. 
Conquistar la tan mentada regularidad es el gran objetivo de Del Potro, que firmó en 2013 el mejor año de su carrera desde aquel inolvidable 2009 que lo vio campeón en Flushing Meadows. Recuperado de su lesión y asentado en el ranking, aparece como la principal alternativa al reinado de los Big Four. La próxima temporada del circuito ATP puede ser decisiva para las aspiraciones del tandilense, que también deberá enfrentarse a las críticas si decide, nuevamente, privilegiar su desarrollo individual por encima de las ambiciones colectivas del equipo argentino de Copa Davis. Pretextos para revalidar la determinación no le faltan; el tiempo parece haberle dado la razón.

Dream Team: Estados Unidos en Barcelona 1992


Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 se distinguieron por su imponente inauguración, por el regreso de Sudáfrica luego de 28 años de suspensión por el Apartheid y por el inolvidable Dream Team. La selección de básquetbol de Estados Unidos, compuesta por primera vez por jugadores de la NBA, ganó la medalla de oro promediando 44 puntos de diferencia por partido ante sus rivales, y dejando un legado imborrable como uno de los mejores equipos de la historia del deporte. 
El Dream Team comenzó a gestarse después de los Juegos de Seúl 88, en los que los universitarios estadounidenses no pasaron del bronce. David Stern, el comisionado de la NBA, confirmó que los juveniles ya no valían oro, y empezó a presionar para que sean admitidos en las olimpiadas los jugadores profesionales. En 1989 se trató el tema en la FIBA y, salvo la Unión Soviética, ninguna potencia votó en contra de la apertura hacia los basquetbolistas de la NBA. Estados Unidos, entonces, podría contar con sus estrellas en Barcelona 92. 
Para formar el equipo que se presentaría en los Juegos fue designado Chuck Daly. El entrenador que se había consagrado con los “Bad boys” de Detroit Pistons -bicampeones de la NBA en la década del ochenta- logró convencer al comisionado con un argumento irrebatible: “Pude domar el carácter de un equipo de bestias, nadie es mejor que yo para gestionar los egos ajenos sin que todo se desmadre”. 
El primer jugador confirmado por el entrenador fue Magic Johnson, la estrella de Los Ángeles Lakers que había asombrado al mundo al afirmar que era portador de HIV. El propio Magic, tiempo después, se encargó de convencer a Larry Bird, que se retiraría en diciembre de 1992, para que formase parte del equipo. “Llamé a su culo blanco y le dije ‘vamos a jugar’. Necesitábamos esa emoción una vez más. Larry, que dudaba porque tenía problemas físicos y no quería sacarle el lugar a un universitario, terminó aceptando”, contó Johnson cuando el Dream Team fue incluido en el Salón de la Fama del Básquet. 
A Magic y a Bird se sumaron Charles Barkley, Clyde Drexler, Patrick Ewing, Karl Malone, Chris Mullin, David Robinson y John Stockton. El soberbio equipo que había prometido Daly iba tomando forma, pero aún faltaba la frutilla del postre. Michael Jordan no estaba decidido a jugar en Barcelona, porque ello alargaría su agotadora temporada y recortaría sus vacaciones, aunque la convocatoria de Scottie Pippen –su ladero favorito en Chicago Bulls- y la presión de Nike convencieron a MJ. Estaban los once jugadores NBA. El restante saldría de la NCAA, la liga universitaria que hasta entonces había nutrido a todos los equipos olímpicos de Estados Unidos desde Berlín 1936. 
La elección del último integrante del plantel no quedó exenta de polémicas. Shaquille O’Neill, por entonces pivot de Louisiana State y primer drafteado de la temporada, era apuntado como la estrella indiscutida de la liga universitaria y lideraba todas las apuestas. No obstante, el elegido resultó ser Christian Laettner, de la Universidad de Duke. Craig Sager, uno de los periodistas más reconocidos de la NBA, sostiene que la convocatoria de Laettner obedeció a la necesidad de incluir otro jugador blanco en un equipo liderado por afroamericanos. El comisionado Stern quería cambiar la concepción de un mundo que veía al básquet como un deporte practicado únicamente por jugadores negros.
El gran ausente entre las figuras de la NBA fue el excéntrico Isiah Thomas, líder de los “Bad boys” de Detroit Pistons, que mantuvo enconadas disputas con Jordan y otros miembros del Dream Team por sus conductas antideportivas. Según Magic, nadie lo quería en el equipo, menos aún cuando Thomas, una vez que Johnson admitió ser portador de HIV, dijo públicamente que el sida era una enfermedad de homosexuales. 
Con el equipo confirmado, el debut de Estados Unidos fue ante Cuba, en el Torneo de las Américas de Portland. El Dream Team ganó 136-57 en un anticipo de lo que se vería en Barcelona. 
Estados Unidos se presentó en los Juegos Olímpicos ante Angola. La victoria 116-48 fue la confirmación del buen funcionamiento del equipo en los entrenamientos y también del fenómeno que causaría aquella constelación de estrellas. Los angoleños fueron los primeros rivales que se apresuraron antes del partido para sacarse fotos con sus ídolos de la NBA. También por primera vez se vio a Larry Bird tumbado en el suelo, al lado del banco, con hielo en los tobillos. Sería una escena repetida durante las dos semanas de competición. Los problemas físicos del Pájaro eran seguidos de cerca por las cámaras. 
El segundo rival fue la Croacia de Petrovic, Kukoc y Radja. El Dream Team ganó 103 a 70 y agigantó sus diferencias respecto del resto. Si los herederos de los Balcanes no habían podido parar a los estadounidenses pues entonces nadie podría hacerlo. A ello le siguieron sucesivos triunfos de primera ronda ante Alemania (111-68), Brasil (127-83) y España (122-81). 
El Dream Team, que en cuartos de final eliminó a Puerto Rico con un 115 a 77, lejos estaba de respetar el espíritu olímpico. Sus integrantes eran egocéntricos, los entrenamientos se convertían en auténticas batallas entre los partidarios de Jordan y los discípulos de Magic, y no dormían en la villa junto al resto de las delegaciones, sino en el lujoso hotel Ambassador de Barcelona. Allí los jugadores tenían un par de pisos cerrados a su disposición, y compartían gran parte del tiempo con sus familias o con amigos.
El rival en semifinales fue la Lituania post-soviética y, a pesar del poderío que conservaban los bálticos luego de la división, Estados Unidos ganó con comodidad 127 a 76. El Dream Team definiría la medalla de oro contra Croacia, a quien ya había enfrentado en la ronda inicial. Aquel partido no fue muy diferente a los demás, y Estados Unidos mostró un dominio insoportable. No obstante, los europeos fueron los únicos capaces de ponerse al frente ante Jordan y compañía. Lo lograron con un doble de Arapovic para cerrar un parcial de 25-23. Sin embargo, el Dream Team reaccionó y logró un triunfo definitivo por 117-85. 
Estados Unidos ganó la medalla de oro marcando más de cien puntos en todos los partidos. Jordan fue la bandera, Magic el espectáculo y Barkley el máximo anotador -18 tantos de promedio-. Malone, Bird, Mullin, Pippen, Robinson y Ewing acompañaron con un nivel asombroso. Chuck Daly no necesitó pedir ni un solo tiempo muerto durante todos los Juegos. “Es que no tengo nada para reprocharles”, se justificaba el entrenador. El Dream Team puso a sus pies a todos los espectadores del mundo. “Siempre he dicho que sólo podríamos vencernos a nosotros mismos”, afirmó, no con poca razón, MJ. Aquel equipo, efectivamente, competía contra sí mismo. Cada función era mejor que la anterior. Diez de los doce jugadores de ese plantel engrosaron, en 1996, la lista de los 50 mejores basquetbolistas de la historia. Fueron capaces de hacer todo lo que la gente esperaba de ellos. Y más también.

Estudiantes campeón del mundo: A la gloria no se llega por un camino de rosas


El 16 de octubre de 1968 el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía redondeó su obra cumbre, y en el ápice de su rendimiento fue campeón del mundo frente al Manchester United en Old Trafford. Nunca un equipo de los denominados chicos en Argentina había llegado tan lejos. Hoy, 45 años después, el triunfo del Pincha sigue conservando tintes de epopeya. 
Para la Copa Intercontinental de 1968 el equipo de Estudiantes ya salía de memoria: Poletti; Malbernat, Aguirre Suárez, Madero, Medina; Bilardo, Pachamé, Togneri; Ribaudo, Conigliaro y Verón. La formación retumbaba en todas las radios del país y también las críticas de terceros para con el estilo que Zubeldía les había inculcado a sus dirigidos. El entrenador era un defensor de la pelota parada (“dos cabezazos en el área son gol”), de la marca personal, del juego al límite del reglamento, de las concentraciones eternas y de casi todo aquello que pudiese acercarlo a una victoria. Estudiantes pegaba y especulaba, pero también era un equipo balanceado, inteligente y atlético, capaz de aguantar cualquier exigencia (“algunos partidos tienen 180 minutos”, repetía Zubeldía). 
La final contra el Manchester United se jugó a doble partido, y tuvo su primer episodio en Buenos Aires. Zubeldía, que poca información tenía acerca del rival, se mofaba de los comentarios tremendistas que presentaban a los ingleses como un grupo de superhéroes: “No creo que todo sea tan fácil para ellos, hasta lo que pude investigar son seres humanos como nosotros”. Con conocimiento de causa o no, finalmente se cumplió la predicción del entrenador. En La Bombonera, el Manchester, que tenía en la delantera a Denis Law, Bobby Charlton y George Best, no fue el cuco que se esperaba y Estudiantes terminó ganando por 1 a 0 con gol de Conigliaro. La vuelta se jugaría en Old Trafford.
En Inglaterra el plantel de Estudiantes sintió la hostilidad del ambiente desde el primer momento. “Animals” fue el grito de guerra que eligieron los hinchas del United para amedrentar a los argentinos. La chispa del encono la había encendido Alf Ramsey, el entrenador de la selección inglesa en el Mundial 1966, luego del incidente de Antonio Rattín con la reina Isabel. “Tenemos que lograr que sientan todo el peso del estadio y de la historia”, dijo Best en la previa. “Si superamos la silbatina inicial, si podemos aislarnos, estoy seguro que no nos van a ganar. Ellos son flojos en defensa, todos los jugadores siguen una marca fija y sólo nos preocupan los delanteros cuando se desmarcan. Togneri puede anular a Charlton”, le confesó Zubeldía a Osvaldo Ardizzone, enviado especial de El Gráfico para la cobertura del partido. 
El 16 de octubre, a las ocho menos cuarto de la noche, comenzó el partido en un ambiente de total crispación. Los jugadores de Estudiantes habían salido a la cancha en medio de una lluvia de proyectiles descargada desde las tribunas de Old Trafford. Manchester United, vestido de azul, marcó el terreno en la primera pelota dividida con una violenta patada del defensor Bill Foulkes sobre Togneri, la marca fija de Bobby Charlton. Acto seguido, Bilardo le devolvió las gentilezas a Best. A los siete minutos, cuando el árbitro yugoslavo Konstantin Zecevic ya había perdido el dominio del partido, la Bruja Juan Ramón Verón, sobresaliente figura de aquel equipo, cristalizó de cabeza el primer gol de la noche. La jugada de laboratorio había tenido el sello de Zubeldía: centro pasado al segundo palo desde la izquierda, a la salida de un tiro libre, y cabezazo de Verón, apareciendo sin marca para aprovechar la distracción de la defensa contraria. 
Con la ventaja a su favor Estudiantes se encontró en una situación inmejorable. Manejó el partido a su antojo y jugó con la desesperación del Manchester. Bilardo, el edecán de Zubeldía dentro de la cancha, exprimió cada circunstancia del juego para enfriar los avances locales. Zecevic tuvo que interceder en más de una ocasión para evitar una batalla campal. Sobre el final, Medina se agarró a trompadas con Best y los dos fueron expulsados. El United, a través del escocés Willie Morgan, empató a los noventa minutos pero no hubo tiempo para más. Estudiantes fue campeón del mundo y dio la vuelta olímpica ante 63 mil personas que entonaron un ensordecedor “animals, animals”. 
Zubeldía confió en su equipo desde el primer momento y con el tiempo recogió los frutos. Sabía que no iba a ser fácil que los poderosos aceptaran la irreverencia de un club chico decidido a asaltar el protagonismo. El 16 de octubre de 1968 Estudiantes, contra todo pronóstico, tocó el cielo con las manos amparado en una breve consigna que su entrenador escribió en una pizarra del vestuario visitante de Old Trafford. “A la gloria no se llega por un camino de rosas”, decía la frase.

El adiós del Rey David


“Ya no estoy apto para la exigencia profesional, no me pude recuperar bien de la lesión en el hombro. Aún siento muchas molestias cuando saco. Es un día muy duro para mí”, dijo David Nalbandian para justificar su retiro, que fue anunciado apenas irrumpió en el Salón Frers de la Sociedad Rural. El cordobés, de 31 años, venía madurando la decisión desde que no pudo participar de las semifinales de la Copa Davis ante República Checa. 
La destacada carrera de Nalbandian se vio interrumpida por las lesiones, en especial una en el hombro derecho que lo acompañó desde 2008 y que fue el detonante de su retiro. “Es un momento duro. Un deportista no está preparado para lesionarse, sino para competir. Es la parte más complicada que me toca vivir, pero es mi realidad y tengo que adaptarme, como lo hice durante tantos años en el circuito”, reconoció David, que jugará en noviembre dos partidos de exhibición ante el español Rafael Nadal. 
Nalbandian cosechó once títulos durante su carrera, entre los que se destaca el Masters de Shangai de 2005 en el que se consagró ante el suizo Roger Federer. Además, fue semifinalista del US Open, del Abierto de Australia y de Roland Garros. En 2002, con sólo 20 años, perdió la final de Wimbledon contra Lleyton Hewitt. 
A pesar de su corta edad y de que no abandonará la rehabilitación para recuperarse de la lesión, David descartó de plano la posibilidad de retractarse de su decisión: “Si anuncio mi retiro es porque ya no estoy en buenas condiciones físicas para jugar un torneo. No puedo entrar a la cancha y dar ventajas. Si fuera por mí jugaría la Copa Davis sin ranking ni nada, porque es el torneo que más me gusta”. No obstante, cuando se lo consultó sobre la posibilidad de ser convocado para el partido de dobles de alguna serie en el futuro, una vez recuperado de la dolencia, desestimó la chance. 
El cordobés vivió un idilio particular con la Copa Davis, el mayor anhelo que nunca pudo materializar. Jugó 50 partidos -39 victorias y 11 derrotas- y alcanzó seis semifinales y tres finales. La caída más dolorosa en la serie decisiva fue en 2008, frente a una España que se presentó en Mar del Plata sin Nadal. En aquella oportunidad la lucha de egos entre Nalbandian y Juan Martín del Potro atentó contra las posibilidades de Argentina, que dejó pasar una oportunidad inmejorable. 
“Es difícil describir una imagen sobre mi carrera. Dejar de jugar es una decisión que fui madurando dentro de un proceso. Viví muchas cosas emotivas en 13 o 14 años de profesionalismo”, confesó Nalbandian sobre el final de la conferencia de prensa. Con su retiro se cierra la generación más fructífera de la Legión Argentina. El tenis a partir de ahora extrañará al Rey David.

Firpo vs. Dempsey: 90 años después


El 14 de septiembre de 1923 una multitud se congregó en la puerta del Palacio Barolo para seguir la pelea, disputada en el Polo Grounds de Nueva York, entre el estadounidense Jack Dempsey y el argentino Luis Ángel Firpo. En juego se ponía el título mundial de los pesados, pero en el país el boxeo estaba proscripto. La gente, no obstante, venía siguiendo con atención la progresión del juninense que, a puño limpio, se había ganado el respeto de Estados Unidos, a donde era conocido como ‘El Toro Salvaje de las Pampas’. 
El epicentro de la reunión era el histórico edificio situado en Avenida de Mayo porque allí se había instalado una antena para seguir la transmisión, que en aquellos tiempos no pasaba de la radiofonía. Además, se había convenido que, en caso de que ganase Firpo, se encendería una sirena azul para comunicar la victoria a los porteños, mientras que si el triunfo pertenecía a Dempsey la sirena sería roja. 
Casi al final del primer round, los operadores recibieron la información de que Firpo, con un heterodoxo derechazo a la mandíbula, había sacado del ring a Dempsey. Esperaron unos segundos y, sin más noticias al respecto, dedujeron que el argentino había ganado. La sirena azul explotó en el cielo de Buenos Aires y el público celebró arrojando los sombreros al aire. Minutos más tarde, llegó el cable esclarecedor: el estadounidense volvió al ring y noqueó a Firpo a los 57 segundos del segundo round. La sirena que se encendió, entonces, fue la roja. La multitud se decepcionó, pero ‘El Toro Salvaje de las Pampas’ ya se había convertido en un ídolo popular. 
Con el correr de los días posteriores a ‘La Pelea del Siglo’, la información que trajeron los emisarios desde Estados Unidos reconstruyó la hazaña de Firpo. Algunos decían que Dempsey había pasado doce segundos fuera del ring, otros quince y, los más osados, 17. En cualquier caso, el estadounidense debió haber perdido la pelea, pero la pereza del árbitro Johnny Gallagher –claramente localista- para iniciar la cuenta del nocaut y la ayuda de los jurados y los periodistas que habían servido de colchón al vigente campeón, posibilitaron el regreso de este al ring. 
Tal cual dijo el escritor Julio Cortazar tiempo más tarde en una entrevista, 15 millones de argentinos querían declararle la guerra a Estados Unidos por aquella histórica pelea que, no sin razón, entendían que les había sido robada. Sin embargo, cada dato nuevo que se conocía de la contienda agigantaba más la epopeya de Firpo, que combatió aquella noche con el brazo izquierdo fracturado. Además, muestra de su hombría, ‘El Toro Salvaje de las Pampas’ renunció a cualquier queja posterior que le podría haber otorgado el título del mundo en los escritorios. 
Después de aquel 14 de septiembre el boxeo se tornó popular en Argentina, y un decreto del presidente Marcelo Torcuato de Alvear terminó levantando la proscripción que recaía sobre el deporte. Firpo, que en ese entonces tenía 28 años, se hizo millonario y se convirtió en un hombre de la aristocracia mundial. El banquero John Pierpont Morgan, el periodista Joseph Pulitzer o el posterior presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt fueron sólo algunas de las celebridades que asistieron a la pelea, y que más tarde saludaron con respeto al argentino en alguna tertulia del jet-set americano. 
Dempsey, que luego fue íntimo amigo de Firpo, jamás reconoció que permaneció fuera de la pelea más segundos que los reglamentarios, pero si confesó que el juninense fue el rival más “duro y salvaje” al que se enfrentó en su vida. Cada 14 de septiembre se celebra el día del boxeador en honor a ese pugilista que conquistó a todos los argentinos con su coraje. No queda huella filmada de la contienda completa, porque la borrosa película que se realizó fue editada para eliminar la estruendosa caída del gran noqueador estadounidense, apodado ‘El Carnicero de Manassa’ o ‘El Campeón Salvaje de los Años Salvajes’, ya que su popularidad coincidió con la guerra de gángsters contrabandistas de alcohol que había estallado con la Ley Seca de 1917. 
‘El Toro Salvaje de las Pampas’ murió en 1960, cuando aún ningún otro argentino lo había superado en popularidad. Dempsey vino al país, exclusivamente a su velorio, y El Gráfico lo despidió con honores: “Se marchó el poseedor de la más honda emoción deportiva que alguna vez haya vivido este suelo. Nunca un triunfo nacional llenó tanto de orgullo a los argentinos como aquella derrota”. Firpo ya era una leyenda.

Generación Dorada: la transición


La selección argentina de básquet sufrió más de la cuenta para ingresar al Mundial de España, que se disputará entre el 30 de agosto y el 14 de septiembre de 2014. La inesperada derrota ante Jamaica, en la segunda fecha de la fase final del Premundial de Caracas, obligó al equipo de Julio Lamas a demostrar carácter para superar a sus dos últimos rivales, Uruguay y Canadá, y sellar así los pasajes a la Copa del Mundo. No obstante, el buen nivel de Luis Scola y la irrupción de una interesante camada de juveniles son una buena noticia para el entrenador, que vio como sus dirigidos levantaban el rendimiento en la ronda eliminatoria y se subían al podio tras derrotar a República Dominicana. 
Ante la ausencia de nombres ilustres, Lamas apostó por un equipo juvenil mirando al futuro. El retiro de Fabricio Oberto lo contrarrestó con la aparición de Marcos Delia, el pivote de Boca que a los 21 años se muestra como uno de los abanderados de su generación, y que durante el Premundial se sacó el traje de promesa para convertirse en realidad. Además, el entrenador convocó a los bases Nicolás Laprovíttola y Juan Manuel Fernández, proveniente del Dinamo Sassari de Italia. Ambos, con buenas actuaciones, fueron el recambio de Facundo Campazzo, el mejor asistidor (6,2 de promedio por partido) del Campeonato FIBA Américas. Todos ellos fueron comandados por Scola, el único jugador NBA del plantel.
Otro de los descubrimientos de Lamas fue el ala pivote Matías Bortolín, un cordobés de veinte años que milita desde hace tres en el básquet europeo, y que en la actualidad se desempeña en el Arkadia Lions de Austria. El juvenil fue incluido en la nómina oficial del draft de la NBA en mayo, sin embargo retiró su candidatura para mantener las chances de ser elegido automáticamente en 2015. En el Premundial apenas sumó minutos, aunque participó de todos los partidos. Es un acierto del entrenador, que supo aprovecharlo en la gira previa por China. 
El tercer puesto de Argentina, que perdió en semifinales ante el sorpresivo México, que a la postre sería el campeón, ratifica que el legado de la Generación Dorada se transmite a los juveniles. Pasaron ya nueve años desde el oro olímpico en Atenas 2004 y la selección de básquet mantiene su vigencia. Una muestra de ello es que desde 1999 el equipo nacional jamás bajó del podio en el FIBA Américas. Además, el paradigma de la transición quedó plasmado con la presencia de Scola y Campazzo en el quinteto ideal, que se completó con los puertorriqueños José Barea y Renaldo Balkman, y el mexicano Gustavo Ayón. 
Lamas encontró respuesta en los jugadores, que demostraron estar a la altura de las circunstancias con el Mundial de España en el horizonte. En 2014 el entrenador podría optar también por Emanuel Ginobili, Andrés Nocioni, Martín Leiva, Pablo Prigioni, Carlos Delfino o el alero Hernán Jasen. Todos se mostraron siempre dispuestos a formar parte de la selección en los torneos importantes. Sería la última función de la Generación Dorada, secundada por una camada de juveniles que le cuidan muy bien las espaldas y prometen continuidad.

Nadal siempre está volviendo


En febrero de este año Rafael Nadal se preparaba para volver al circuito en lo que para él sería “una temporada de transición”. Ausente en el Abierto de Australia y con el recuerdo fresco de la lesión del ligamento rotuliano que lo mantuvo inactivo durante siete meses, el español no esperaba demasiado de la presente campaña, sólo recuperar el ritmo. Ayer, luego de ganar el US Open (6-2, 3-6, 6-4 y 6-1 a Novak Djokovic), su décimo título en lo que va del curso, se rectificó por su desconfianza: “Este ya es mi año más emocionante”, aseguró en rueda de prensa. 
Nadal, desde febrero, disputó trece torneos, fue finalista en doce y se consagró en diez, incluidos Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos. Con un cuarto del circuito aún por jugarse, está a una corona de alcanzar su récord personal de 2005, cuando, lejos de la sobriedad actual, estalló en el mundo del tenis con una musculosa de colores llamativos y unos pantalones pescadores que no dejaron indiferente a nadie. En aquel momento obtuvo su primer Grand Slam -en Paris ante Mariano Puerta- y desde entonces hilvana nueve temporadas consecutivas acumulando torneos de ese calibre. En total son trece en su carrera, una marca que lo ubica, con apenas 27 años, sólo por detrás de Pete Sampras, que tiene catorce, y de Roger Federer, dominador absoluto con 17. 
El tenista español tiene pensado competir en la elite hasta los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, aunque cada lesión que sufre puede ser definitiva. Por eso, y por los meses de inactividad que debió soportar en 2012, es que este es para Nadal el año más emocionante de su carrera. Ahora enfrentará el desafío de volver a ser el número uno del ranking ATP por tercera vez desde que destronó a Federer en 2008. La victoria que logró en Flushing Meadows ante Djokovic lo dejó a 120 puntos del serbio, con la gira por Asia (Pekín y Shangai) en el horizonte. Además, el manacorí disputará con España la permanencia en el Grupo Mundial de la Copa Davis, lo que podría acelerar su ascenso. La temporada 2013 ya va a camino a ser la mejor de su carrera.

DOMINA EL HISTORIAL CONTRA DJOKOVIC 

Nadal y Djokovic se jugaban, en la final de Flushing Meadows, más que el título del último Grand Slam de la temporada, porque ambos llegaban a la misma con el historial empatado en enfrenamientos entre sí en torneos grandes: ochos victorias para cada uno. El resultado favoreció al español, que ya había ganado el encuentro decisivo en Estados Unidos ante el serbio en 2011. En 2010 la final había sido la misma, pero el éxito se lo llevo Novak. 
“Posiblemente ningún otro rival saca este nivel de mí como lo hace Djokovic”, reconoció Nadal en rueda de prensa. Cada partido ante el serbio es a cara de perro, y todos los recursos son bienvenidos. “¿Cómo explica usted que, siendo inferior tenísticamente a quien tenía enfrente, pudo dominar el trámite?”, lo inquirió un periodista al español, que rápido de reflejos devolvió las gentilezas asegurando que en esta clase de partidos no sólo el tenis juega, sino también la fuerza, la voluntad y sobre todas las cosas “las ganas de imponerse sobre ese alguien que quiere sacártelo todo”. La cabeza es, sin dudas, el mejor activo de Nadal. 

NADAL, EN EL PODIO HISTORICO DEL TENIS 

La victoria en el US Open ubica a Nadal entre los tres tenistas más ganadores en la historia de los Grand Slam, con 13 coronas. Obtuvo ocho Roland Garros, dos Abiertos de Estados Unidos, dos Wimbledon y un Abierto de Australia. Un dato bestial es que el manacorí tiene más títulos grandes que el resto de los tenistas españoles, que todos juntos suman doce. 
El máximo ganador de torneos de Grand Slam es Federer, con 17. Nadal está tercero, y en el medio queda Sampras, con catorce. El objetivo del español es alcanzar el suizo, por lo que se descuenta que superará al estadounidense. Pues el que puede lo más puede lo menos, y queda claro que Nadal no se conformará con menos que poner la marca del gran Roger como zanahoria motivadora. 
Además, en su carrera Nadal acumula 60 títulos, por lo que los 77 de Federer ya no huelen a hazaña insuperable. Para entender la significancia de su recorrido basta con decir que ya superó ampliamente las conquistas de Rod Laver, Bjorn Born, Jimmy Connors, John McEnroe y Andre Agassi.

TIEMBLA AGASSI 

Nadal ganó todos los títulos importantes a los que puede aspirar un tenista salvo el Masters, una cuenta pendiente que podría saldar este mismo año en Londres para coronar definitivamente su mejor temporada en el circuito. Federer, a diferencia del español, se quedó siete veces con el Torneo de Maestros, pero no ganó nunca la Copa Davis (el manacorí la obtuvo en cuatro oportunidades) ni la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, un logro que también ostenta Nadal. 
El único tenista que acaparó los cuatro Grand Slam, la presea dorada en los Juegos Olímpicos, la Copa Davis y el Masters fue Andre Agassi, el excéntrico estadounidense que hizo propia la hazaña en veinte años de carrera. 

RECORD CONTRA LOS NUMERO UNO 

La final del US Open confirmó a Nadal como el tenista que ostenta la mejor marca en partidos contra los número uno del ranking ATP en toda la historia. Su récord es de 19-9, con parciales de 13-6 contra Federer y 6-3 ante Djokovic, los dos únicos rivales encumbrados que enfrentó a lo largo de su carrera, que incluyó 102 semanas propias en la cima del ranking.

La temporada de Nadal, esa que sería de transición, sigue sumando hitos a su extenso rosario de consagraciones. En 2013 otro de los grandes éxitos del español fue consolidarse como un jugador de elite sobre pista dura, una superficie que ya es su segunda opción a la tierra batida, la especialidad de la casa. Sin puntos que defender, el próximo objetivo es alcanzar a Djokovic en la cima del ranking ATP. Nadal es como el Ave Fénix, de cada lesión aparentemente devastadora regresa fortalecido. Lo mejor está por venir para el manacorí, que siempre está volviendo.

JJOO 2020: Las propuestas de los candidatos a la sede bajo la lupa


El Comité Olímpico Internacional se reunirá en pleno en Buenos Aires, el próximo 7 de septiembre, para definir, entre otras cosas, al futuro presidente del organismo y a la sede de los Juegos Olímpicos 2020. Madrid, Estambul y Tokio son las ciudades que pugnan por recibir el evento, e intentan agudizar el ingenio para ganar la votación que incluye a un centenar de delegados. 
La elección de las sedes se realiza mediante un sistema de rondas sucesivas, en las que se elimina la ciudad que obtenga la menor cantidad de votos hasta que sobrevivan sólo dos candidaturas, y en el sufragio final una de ellas se imponga sobre la otra. En la carrera por la organización de los JJOO 2020 las aspiraciones de Bakú, Doha y Roma no cumplieron los requisitos mínimos exigidos por el COI, por lo que sólo Madrid, Estambul y Tokio se mantienen con chances de ser elegidas. 
Las tres ciudades candidatas, con propuestas y argumentos dispares, buscarán encontrar el mensaje unificador que les permita captar las voluntades de los presidentes de los comités olímpicos, los representantes de las federaciones internacionales, los atletas y todos los miembros independientes que decidirán la sede con su voto.

PROPUESTA DE MADRID

La capital española propone una candidatura austera. Víctima de los proyectos ostentosos que le hicieron perder la sede de los Juegos Olímpicos 2012 y 2016, Madrid intenta demostrar que está prácticamente lista para recibir el evento. En caso de ser elegida, sólo deberá invertir dos mil millones de dólares, contra los casi cinco mil millones de Tokio y los 17 mil millones de Estambul. 
Víctor Sánchez, el presidente del proyecto de Madrid 2020, cree que la austeridad es el mensaje común con el que cuenta la capital española para convencer a los delegados olímpicos de múltiples culturas y nacionalidades. “Ese criterio general es muy difícil de generar. Imagina que tienes que convencer de las bondades de un buen proyecto, con un mismo discurso, a un foro formado por periodistas, taxistas y comerciantes. ¿Qué les dirías? El punto común puede ser algo que ni siquiera se te haya pasado por la cabeza”, consigna Sánchez en una entrevista en el diario madrileño El País. 
Brasil consiguió ese punto común cuando, con menos infraestructura y un proyecto menos ambicioso, se presentó como el abanderado de Sudamérica, virgen hasta entonces en la organización de unos Juegos Olímpicos. El COI, considera Sánchez, intentó enviar con su elección del gigante del sur un mensaje para África o los países árabes, un “ustedes pueden ser los próximos”. Por eso, siempre según el presidente del proyecto de Madrid 2020, el organigrama austero de la ciudad española puede constituir “un mensaje asumible por la gran mayoría de los aspirantes, porque no se trata de una quimera ni de gastarse el oro y el moro, sino de configurar un modelo exportable”. 
Madrid 2020 se convirtió prácticamente en una cuestión de estado para los españoles. El presidente Mariano Rajoy aseguró en una reciente conferencia de prensa que harán todo lo posible para convencer al COI. También aporta su esfuerzo Felipe, el Príncipe de Asturias, el ex dirigente olímpico Juan Antonio Samaranch, el presidente de la comunidad de Madrid Ignacio González y, lógicamente, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. 
Para evitar contratiempos en la votación, el Gobierno español decidió poner un alto al conflicto con Inglaterra por el peñón de Gibraltar. Un cuarto de los votantes son representantes de países de la Commonwealth, por lo que incluir el tema en la disputa podría ser autodestructivo. En 2005 Madrid ya sufrió un revés por un tema similar, cuando Alberto de Mónaco preguntó, en plena exposición de los ponentes españoles, por la organización terrorista ETA. La falta de respuestas sepultó las ilusiones madrileñas y los Juegos Olímpicos fueron para Londres. 
Los puntos altos de la candidatura de Madrid están en la Villa Olímpica, cuya construcción será destinada después de los JJOO para vivienda. También en las telecomunicaciones, los servicios médicos, el alojamiento y el transporte, considerado uno de los mejores de Europa. La seguridad, desde la renuncia de ETA a la lucha armada, es un aspecto elogiable. El COI, tal cual expuso en ocasión de las anteriores presentaciones de España, valora que la inversión que deba hacer Madrid sea simplemente para perfeccionar la infraestructura y los servicios que ya están edificados y funcionando con normalidad. Es muy importante también el apoyo de la gente –la aceptación está por encima del 80%- y la experiencia deportiva de España en la organización y recepción de eventos deportivos de tal magnitud en el último tiempo, un plus con el que no cuentan ni Estambul ni Tokio. 
No obstante, hay algunos apartados que siguen preocupando a los votantes, como por ejemplo la incertidumbre económica de España de aquí al futuro. Si bien se entiende que el punto álgido de la crisis europea ya fue superado, la otra cara de la austera candidatura madrileña encierra una asumida debilidad económica. Como consideró el diario El País, “Madrid intenta organizar unos Juegos de éxito con la mínima inversión posible, apoyado en la pasión española por el deporte”. Al mismo tiempo, la renuncia de Roma como posible sede, afectada por problemas económicos, genera un precedente en contra que algunos de los delegados olímpicos podrían tener en cuenta. 
A diferencia de los Juegos de Barcelona 1992, los de Madrid no constituyen una inversión, y menos aún una ganancia, ya que se sabe que no generan ingresos. En 1992 España, que contaba con el apoyo de Samaranch, entonces presidente del COI, vio la posibilidad de invertir en los JJOO para que Barcelona, que hasta ese momento era una ciudad de espaldas al mar, vetusta y anacrónica, se convirtiese en uno de los centros turísticos de Europa. El propósito se logró con creces, y hoy Barcelona es una de las ciudades españolas que más visitantes recibe por año, además de haberse constituido como el motor económico de la península ibérica. 
Con pros y contras, Madrid es la gran candidata a quedarse con la organización de los JJOO 2020.

PROPUESTA DE ESTAMBUL 

Será la quinta apuesta de Turquía por albergar los Juegos Olímpicos tras los intentos de 2000, 2004, 2008 y 2012. Su caballo de batalla es la oferta de organizar unos JJOO en Asia y Europa al mismo tiempo. El proyecto es distribuir las disciplinas a un lado y al otro del estrecho del Bósforo, lo que genera al unísono la necesidad de crear infraestructuras para el alojamiento, el transporte y sobre todo la seguridad en ambos extremos de la ciudad, una de las cuentas pendientes de Estambul. 
Los representantes turcos intentan hacerse eco de lo que en su momento dijo Samaranch, cuando aseguró que el objetivo del COI es rebasar las fronteras y apelar a la alianza de las civilizaciones. Estambul se ajusta perfectamente a ese criterio, y la realización de unos Juegos Olímpicos en Turquía puede ser una apertura al culto musulmán, en una de las ciudades más ‘europeas’ del este. 
En Estambul coincide el islamismo más ortodoxo con una multiplicidad de religiones occidentales que acercan a la ciudad al clima de cualquier capital de Europa. Es una región exótica y multicultural que puede servir de base para que el COI construya un puente entre Europa y Asia, entre una misma ciudad y dos continentes. 
No obstante, la gran contra que debe superar Estambul es la carencia de infraestructura. Si bien los Juegos Olímpicos son realmente una cuestión nacional, y desde 2000 la ciudad destina inversiones millonarias a la creación de instalaciones, aún necesita 17 mil millones de dólares para llegar en condiciones a los JJOO 2020. El transporte, las telecomunicaciones y la seguridad son aspectos a mejorar en la consideración del COI, que al mismo tiempo valora el compromiso del gobierno turco de facilitar los ingresos de los inmigrantes y liberar las aduanas. El compromiso político para con los Juegos y la aceptación de la gente, que alcanza casi el 90%, pueden ser determinantes en la votación.
A diferencia de la incertidumbre económica que persigue a Madrid, los delegados olímpicos saben que Turquía es una potencia económica emergente, y que posiblemente en 2020 el aparato financiero del país será mucho más prospero que en la actualidad. 
Sin embargo Estambul carga con el peso de ser, contrariamente a Madrid y Tokio, una ciudad colmada de conflictos políticos. Aquello que trata de evitar España con el alto al fuego en la polémica con Inglaterra por Gibraltar, no lo puede eludir Turquía con las revueltas de los indignados y la represión de las fuerzas de seguridad a flor de piel. Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro turco que estará en Buenos Aires el 7 de septiembre, es un férreo creyente musulmán que gobierna con mano de hierro, y que no ha dudado en repudiar públicamente los movimientos por los derechos civiles y el laicismo de los protestantes que intentaron edificar una “primavera” turca. 
Por último, aunque no menos importante, otro de los puntos que atentan contra la candidatura de Estambul es que Turquía se postuló también para albergar la Eurocopa 2020. Al COI no le cae en gracia que la misma ciudad reciba, con menos de tres meses de diferencia, dos eventos de convocatoria masiva.
Estambul es la ciudad que menos aceptación tiene entre los votantes, pero puede dar el golpe con el recurso de la apertura del deporte olímpico al mundo islámico. 

PROPUESTA DE TOKIO 

Tokio es la única de las tres ciudades que cuenta con la ventaja de poder demostrar un trabajo similar realizado con anterioridad, ya que organizó los JJOO de 1964. En aquella oportunidad, la ciudad se modernizó totalmente y empezó a convertirse en la mole tecnológica que es en la actualidad. Los Juegos le sirvieron a Japón para volver a mirar al mundo a los ojos luego de la Segunda Guerra Mundial, y exhibir el progreso y la recuperación de un país que había quedado destruido tras el conflicto y las bombas atómicas de Nagasaki e Hiroshima. Ahora, los representantes japoneses intentan usar ese precedente para inclinar a su favor la balanza de la experiencia deportiva. 
El COI considera que el proyecto de Tokio 2020 es, de los tres, el más completo técnicamente, con estadios techados, desplazamientos fluidos y un evento interconectado con el mundo. Al mismo tiempo, la solvencia económica del país y la capacidad organizativa juegan a favor de la candidatura, igual que los servicios médicos, el transporte, la seguridad y el alojamiento. 
La simpatía internacional tras el maremoto y la crisis nuclear de Fukushima constituyen también aspectos positivos, aunque generan dudas respecto al medio ambiente y la meteorología. Si bien suena raro, el COI tiene muy en cuenta este apartado y por ello una de las exigencias de la presentación inicial es que cada sede configure una fecha estimada para la realización del evento. Tokio propuso que los Juegos Olímpicos se realicen entre el 24 de julio y el 9 de agosto, una época del año en la que en Japón la temperatura media oscila entre los 26 y los 29 grados, y las tormentas son muy esporádicas. 
En contrapartida a las otras dos candidaturas, el apoyo popular es muy bajo, y la aceptación no supera el 70% entre los japoneses. No obstante, el COI cree que esto no tiene que ver tanto con la población en sí, sino con una falencia comunicativa de los organizadores. También puede atentar contra la designación de Tokio la realización de los Juegos de Invierno en Pyeongchang, Corea del Sur, en 2018. Generalmente el Comité Olímpico Internacional buscar evitar que dos citas se sucedan en países cercanos. 
En el proyecto elevado al COI, los representantes de Tokio 2020 estimaron que sería necesaria una inversión de cinco mil millones de dólares, aunque la cifra es estimativa y podría incrementarse si se tiene en cuenta que Japón aún debe solucionar los problemas del maremoto de 2011. 
Tokio está por encima de Estambul en la consideración general, pero por debajo de Madrid. Posiblemente sea, de las tres, la ciudad que menos está explotando sus posibilidades.

Con las cartas sobre la mesa, los representantes de cada candidatura tendrán la posibilidad de exponer sus argumentos el 7 de septiembre en Buenos Aires, ante los 104 delegados olímpicos, de los cuales votarán 99, ya que los cinco restantes pertenecen a los países candidatos y tienen vedada la participación. Además, 1500 millones de televidentes de todo el mundo seguirán la transmisión en vivo. 
La ciudad elegida tendrá, como todas las sedes anteriores, siete años para preparar la cita. Sólo resta saber cual de los proyectos se impondrá: la austeridad de Madrid, la tenacidad de Estambul o la tecnología de Tokio.

Las lesiones de Messi, una preocupación Mundial


En la ida de la Supercopa ante el Atlético de Madrid, el Barcelona regresó a la cancha para afrontar el segundo tiempo sólo con diez jugadores. Al costado se predisponía para ingresar Cesc Fábregas, pero la atención de todos estaba puesta en dilucidar el nombre del ausente. Un repaso rápido confirmó a Xavi. También a Iniesta, a Alexis y a Busquets. Lo mismo Pedro. Entra el 4 y sale el 10, sentenció el cartel luminoso del cuarto árbitro, terminando con las adivinanzas y el misterio. El 10 era Messi. “Seguramente alguna lesión muscular lo dejó afuera”, acertó el comentarista, rápido de reflejos, con la certeza de que la Pulga, salvo por una molestia, no abandonaría jamás el terreno de juego en una final, y menos con su equipo perdiendo. Más tarde el Tata Martino confirmó la dolencia del mejor jugador del mundo. 
Cada lesión, molestia o inquietud de Messi es sinónimo de preocupación para los argentinos, sobre todo porque el final del recorrido de la presente temporada tiene una parada fija: Brasil 2014. El poco descanso que tuvo la Pulga en la pretemporada, sumado a la gira por Asia del Barcelona y los partidos benéficos que el futbolista organizó por su cuenta, conspiran contra la tranquilidad de Alejandro Sabella, sobre todo porque Messi viene arrastrando, desde hace más de cuatro meses, las secuelas de una lesión mal curada. 
El 2 de abril, ante el Paris Saint-Germain por la Champions League, la Pulga se retiró en el entretiempo con una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda. Sin tiempo de recuperarse, Jordi Roura lo llevó al banco en el partido de vuelta, disputado sólo ocho días después en el Camp Nou, por si el trámite se complicaba. El trámite finalmente se complicó con el gol de Javier Pastore, y el entrenador lo mandó a la cancha, en una pierna, para revertir la situación. Messi emparejó el partido, Pedro empató el resultado y el Barcelona pasó de ronda, pagando el precio de una nueva lesión de su estrella. 
Desde entonces Messi acumuló recaídas y frustraciones. Volvió a jugar un partido completo en Alemania, contra el Bayern Munich en la derrota 4 a 0. Sumó un par de minutos ante el Athletic de Bilbao y el Real Betis, y no jugó en la vuelta de las semifinales de la Champions League. El 13 de mayo, frente al Atlético de Madrid, terminó la temporada para la Pulga, con la Liga casi liquidada y los partidos de Eliminatorias en el horizonte. El saldo con la selección argentina fue negativo: media hora frente a Colombia y Ecuador.
En la gira de la solidaridad, en sus días de vacaciones, jugó amistosos en Medellín, Lima y Chicago. Con el Barcelona se presentó en Israel, Palestina, Noruega, Polonia, Tailandia y Malasia, a donde vio el partido desde afuera por recomendación del cuerpo médico y previo acuerdo con el Tata Martino. En síntesis, en menos de dos meses recorrió doce países, disputó doce partidos y no terminó ninguno. Los últimos dos fueron con el Barcelona, ante el Levante en el debut de la Liga -terminó el primer tiempo vomitando- y frente al Atlético de Madrid en la Supercopa.
El llamado de atención por las recurrentes molestias de Messi no se trata de un principio de orquestación. La lista de los futbolistas que se perdieron un Mundial por lesiones musculares es extensa. Por caso, Roberto Ayala en el 2002 llegó a Corea-Japón con una pesada temporada –y con problemas físicos- sobre el lomo. En el calentamiento previo al partido contra Nigeria sufrió un desgarro que lo bajó del equipo. El que avisa no traiciona, y el cuerpo de Messi ya avisó demasiado. El reposo es obligado, si no el dolor de la Pulga seguirá siendo el dolor de todos los argentinos.

Boca campeón 1954


“Boca, el de los grandes triunfos, fue siempre un cuadro de fútbol práctico, sobrio y vigoroso, con una defensa técnicamente superior al ataque y la delantera en la que hubo ansia y visión de gol”. El extracto pertenece a la cobertura de la consagración del Xeneize, en el campeonato de 1954, que Félix Daniel Frascara hizo para El Gráfico. La definición que elaboró el periodista sobre aquel equipo, aunque breve, no deja de ser sumamente clarificadora. El Boca dirigido por Ernesto Lazzatti era un conjunto pragmático –tacaño según sus detractores- y excesivamente defensivo para una época en la que jugar con menos de cinco delanteros constituía una herejía, pero se destacó por su regularidad y le regaló a su hinchada, que colmó todas las canchas, un título luego de diez años de sequía. 
Lazzatti, el famoso 'Pibe de Oro', exquisito volante central del Boca de las décadas del treinta y del cuarenta, armó el equipo de 1954 pensando en cortar la racha ganadora de River, que fue bicampeón en 1952 y 1953. Decidió incorporar varios jugadores, pero su mayor éxito fue darle confianza a Julio Elías Musimessi, el arquero cantor que supo popularizar el chamamé del Xeneize, que decía “Dale Boca, viva Boca, el cuadrito de mi amor…”.
El buen rendimiento del arquero resultó vital en un equipo que con el correr de los partidos empezó a salir de memoria. Delante de Musimessi se destacaban Héctor Otero y Juan Carlos Colman, dos centrales muy aguerridos. El mediocampo era uno de los más talentosos del fútbol argentino: por la derecha jugaba Francisco Lombardo, el volante central era el recordado Eliseo Mouriño, subcampeón con Banfield en 1951 y tristemente fallecido en la tragedia aérea del equipo chileno Green Cross, y en la izquierda se ubicaba el 'Leoncito', Natalio Agustín Pescia. El ataque, largamente criticado, era pura voluntad: Navarro, Baiocco, Rosello y Marcarián asistían a José Borello, que era el centrodelantero goleador. 
El arranque del campeonato fue errático para Boca, pero a partir de la sexta fecha –cuando Lazzatti encontró el equipo- hilvanó seis victorias consecutivas que le permitieron volver a ser puntero luego de ocho años. El público intuyó rápidamente que el Xeneize podía romper la cadena de frustraciones e hizo explotar la taquilla partido tras partido. Boca, con algunos altibajos, se mantuvo al frente del campeonato y un triunfo 6 a 1 contra Huracán a cuatro fechas del final lo dejó en las puertas de la consagración, nada menos que con River en el horizonte. 
Los hinchas de Boca reventaron el Monumental el 31 de octubre de 1954 con la esperanza de ver campeón a su equipo. La recaudación, que fue de 257 mil pesos, es una de las cifras récord del fútbol argentino. Sin embargo la goleada 3 a 0 en contra aplazó los festejos hasta la semana siguiente, en la que el Xeneize derrotó como local a Tigre con un gol de Baiocco y finalmente logró consagrarse después una década. Atrás quedaron las lejanas celebraciones de 1944, cuatro segundos puestos (1945, 1946, 1947 y 1950) y el sufrido campeonato de 1949 en el que Boca evitó el descenso en la última jornada goleando a Lanús. 
En la trigésima fecha Boca, ya consagrado, debía cerrar el torneo como visitante, ante Gimnasia de La Plata en el Bosque. Sin embargo los dirigentes del Lobo, necesitados de dinero, cedieron la localía y aceptaron disputar el partido en La Bombonera, para aumentar la recaudación. Boca terminó luciéndose ante su público y ganando 7 a 1 con cuatro goles de 'Pepino' Borello, que resultó ser uno de los máximos anotadores del campeonato con 19 conquistas, las mismas que Ángel Berni -de San Lorenzo- y Norberto Conde, delantero de Vélez. 
Boca fue campeón en 1954 con un equipo que no se destacó por su lirismo pero que avanzó a paso firme, sacándole cuatro puntos de ventaja a su escolta Independiente y siete a River, que finalizó tercero. Totalizó 21 triunfos, 3 empates y 6 derrotas, además de llenar todos los estadios en los que se presentó. Vendió más de 900 mil entradas, y promedió 30 mil espectadores por partido, un récord que nunca fue superado. Lazzatti dejó la dirección técnica después del título, y lo reemplazó Jaime Sarlanga, otro ídolo Xeneize. Boca no volvió a festejar hasta 1962. Con el tiempo, el campeonato de 1954 se revalorizó y se convirtió en una referencia de orgullo boquense. Un orgullo que se despertó con aquel equipo de Lazzatti, Musimessi, Mouriño, Pescia y Borello.

84 horas en Nürburgring: La otra hazaña de Fangio


En el verano de 1969 Juan Manuel Fangio, ya retirado como piloto y cumpliendo su faceta de embajador de Mercedez Benz en Argentina, se enteró que existía una exigente carrera de resistencia llamada “La Maratón de la Ruta”, exclusiva para autos de turismo, que se realizaría en agosto en el circuito alemán de Nürburgring. Sin pensarlo dos veces, el Chueco se fue corriendo a ver a Oreste Berta, que a pesar de su juventud ya era toda una eminencia en la preparación de motores de competición. La idea era clara: correr en Alemania con un Torino coupé 380w, la última gema de la industria nacional. 
Berta rápidamente aceptó el reto, y puso manos a la obra en la fábrica que Industrias Kaiser Argentina (IKA) tenía en Santa Isabel, Córdoba. El proyecto era trabajar sobre la matriz original del Torino y prepararlo para competir 84 horas en Nürburgring, siempre siguiendo el estricto reglamento que imponía la carrera, y que para esa altura ya había sido traído de Europa por el propio Fangio. Además, para acondicionar la carrocería del modelo de calle -pensada originalmente por Pininfarina- al prototipo de competición, se sumó al equipo el destacado diseñador Heriberto Pronello. No faltaba nadie, los mejores representantes del automovilismo nacional velaban por el éxito del Torino en lo que sería la Misión Argentina.
En poco más de seis meses quedaron listos los tres autos que afrontarían la competición. Estaban íntegramente fabricados con piezas nacionales, salvo los carburadores que eran italianos, por una exigencia del reglamento. Los Torinos viajaron en barco y llegaron al puerto de Hamburgo el primero de agosto. Allí los recibió Berta y se encargó de trasladarlos al circuito de Nürburgring. Cuatro días después de su llegada, los coches comenzaron las pruebas ya con sus respectivos pilotos asignados. El Torino número 1 iba a ser conducido por Luis Di Palma, Carmelo Galbato y Oscar Fangio; el 2 por Eduardo Rodríguez Canedo, Jorge Cupeiro y Gastón Perkins; y el 3 tendría al volante a Eduardo Copello, Oscar Franco y Alberto Rodríguez Larreta, el popular 'Larry'.
Los entrenamientos fueron accidentados, y desde el principio se destacaron más los mecánicos que los pilotos. La exigencia que propone el trazado –Nürburgring es considerado el circuito más difícil del mundo- y las malas condiciones climáticas provocaron serios inconvenientes en los conductores, que se vieron obligados a combatir contra la lluvia, el viento y la niebla, además de soportar recurrentes problemas en los frenos. Sumado a eso, el resto de los equipos llevaba más de un mes practicando. Definitivamente las condiciones no alimentaban la ilusión, y el público en general consideraba a los Torinos inferiores a los Lancia, a los BMW, a los Porsche y a los Mercedes Benz. 
En medio de las contrariedades para el equipo argentino, se largó la prueba el 20 de agosto. Desde el comienzo los Torinos dominaron la competición y se pusieron al frente. Al principio generó sorpresa que tres autos venidos del fin del mundo dominasen una carrera plagada de marcas europeas, pero para la segunda noche, justo en la mitad de la competencia, todos los participantes ya habían comprendido el poderío de los autos nacionales.
Cumplidas 42 de las 84 horas de la prueba, el Torino número 2, pilotado por Perkins, se salió de pista y le fue imposible volver. No obstante, Copello seguía al frente de la carrera a bordo del auto número 3. El reglamento establecía que cada parada en boxes sería penalizada con una vuelta menos para el equipo en cuestión, por lo que los pilotos se las ingeniaban para reparar sus coches a un costado de la pista. Los conductores cambiaban pastillas de frenos, arreglaban las luces o subsanaban los problemas en el cárter en tiempo récord. Nürburgring, el Infierno Verde –tal cual lo bautizó Jim Clark, el bicampeón de Fórmula 1-, mostraba toda su bravura. 
La Misión Argentina sumó otro contratiempo en la hora 50, cuando el Torino número 1 conducido por Luis Di Palma se quedó sin luces y se despistó en una curva. Sólo quedaba uno de los autos argentinos en pista, que seguía peleando el podio con los Mazda, los BWM, los Lancia y los Triumph. 
Sobre la hora 80, y cuando sobrevivían menos de veinte coches en la carrera, el Torino de Copello se acercó al Triumph, que marchaba tercero, pero una falla en el caño de escape le generó una penalización. El comisario deportivo le avisó al equipo argentino que debía reparar el vehículo porque excedía el límite de la sonoridad permitida. En el cambio de pilotos, tomó el volante Franco, y llevó consigo alambre y amianto para arreglar el auto a la vera del camino. Logró reparar la falla, pero se le tornó imposible alcanzar los primeros lugares. El 23 de agosto, cumplido el tiempo reglamentario, el Torino número 3 finalizó cuarto, detrás de un Lancia, un BMW y un Triumph. 
Sólo las sanciones impidieron que el equipo argentino ganase la competencia, porque el Torino fue el auto que más vueltas dio a lo largo de las 84 horas de la bien llamada “Maratón de la Ruta”. Fueron un total de 334, que las penalizaciones redujeron a 315. El Lancia ganó acumulando 322 giros, seguido por las 318 del BWM y las 315 del Triumph. 
La Misión Argentina redondeó en Nürburgring una heroica actuación, demostrando al mundo que la industria automotriz más fuerte de Latinoamérica de ese momento era competitiva en cualquier circuito del planeta. Fue la primera repercusión mundial del automovilismo nacional desde el retiro de Fangio, en 1958. Los Torinos brillaron en Alemania, justo con el Chueco a la cabeza, que había confiado más que nadie en el proyecto de Berta y en el poderío de los autos, tal cual lo manifestó en el aeropuerto, antes de partir a la competencia: “Porque somos todos argentinos es que toda nuestra fe, todo nuestro entusiasmo, se concentra en los colores de nuestra bandera, y en estas dos palabras que, como única insignia, lucen estos coches que llevan a Europa nuestra gran esperanza: Industria Argentina”.

Nottingham Forest campeón de Europa 1979


El viejo fútbol europeo, anterior a la Ley Bosman, siempre guardaba espacio para la sorpresa. Las antiguas copas continentales, cuando aún no recibían el nombre de prestigiosas cervecerías o automotrices multinacionales, eran menos populares, menos comerciales y menos glamorosas que las de ahora; sin embargo acogían verdaderas batallas entre ciudades, que eran representadas por sus respectivos equipos compuestos inexorablemente por futbolistas locales. De tanto en tanto, le tocaba a un club humilde dar el golpe, y el mundo se enteraba de la existencia de un recóndito pedacito de civilización. El Nottingham Forest de Brian Clough fue el exitoso paradigma de esa costumbre, y tras un ascenso meteórico logró lo inimaginable: fue campeón de Europa.
“Si Dios hubiese querido que jugásemos a los pelotazos, le habría puesto césped al cielo”, afirmaba repetidamente Clough. Cultor del sacrificio y del trabajo incansable, consideraba que eso no tenía por qué atentar contra el espectáculo. Repudiaba el típico juego inglés y a los rivales que se abusaban del reglamento, y solía menospreciar los triunfos poco merecidos. Su Forest decidió confiar en él, respetó al pie de la letra su filosofía y se ganó el derecho a disputar la Copa de Europa luego de consagrarse campeón de la Liga Inglesa, el mismo año del ascenso. Lo que ya de por sí era una hazaña –participar por primera vez de un torneo internacional- pronto tomó tintes de epopeya. El Forest eliminó al Liverpool en los dieciseisavos de final, al AEK Atenas en octavos, al Grasshopper suizo en cuartos y al Colonia de Alemania en semis. Llegó a la final de Munich ante el Malmö FF de Suecia, una Cenicienta con historia sobre sus espaldas que despuntaba por su capacidad defensiva. 
El equipo de Clough se destacaba en su conjunto, pero no tenía una figura representativa. Ni siquiera contaba con una formación titular estándar. En el plantel eran veinte futbolistas que debían respetar el criterio ambivalente del entrenador, que los consideraba tan imprescindibles como reemplazables. Si se lesionaba Peter Shilton entraba Chris Woods sin problemas, a Trevor Francis lo sustituía Archie Gemmil, y por Ian Bowyer jugaba Martin O’Neill. El único intransferible para Clough era John Robertson, un extremo escocés a quien describía como el Picasso del fútbol. Sin embargo era más un capricho por gusto personal que una sentencia fundada, y a fin de cuentas si algún día consideraba adecuado quitarlo del equipo lo hacía sin pensarlo. 
Para enfrentar el partido decisivo frente al Malmö FF, Clough mantuvo la formación 4-1-4-1 que lo había llevado hasta Munich. El defensivo equipo sueco encarnaba gran parte de lo que el entrenador inglés despreciaba. No podía soportar a los rivales que no buscaban ser protagonistas. Lo consideraba una cobardía, una traición minuciosamente pergeñada por su colega del banco de enfrente. 
El resultado final arrojó un trabajado triunfo por 1 a 0 para el Nottingham, con un gol de Trevor Francis de cabeza. Fue la conclusión soñada para una historia épica que elevó a Clough y sus muchachos al trono de los elegidos. El Forest campeón de Europa confirmó aquello de que si existe un mundo en el que no existen los imposibles, pues ese mundo es el del fútbol.

España, la liga de los estrellados


Francis Cagigao, ayudante español de Arsene Wenger en el Arsenal, aseguró que existen tres clases de clubes en la Liga: “La superior, compuesta por el Real Madrid y el Barcelona; la media, que está a años luz de distancia; y la pobre, que sólo recoge las sobras, como mendigo romano que se acerca a Julio César suplicando que le permita alimentarse de las migajas que caen de su mesa. Falta solidaridad y coherencia, a la larga los estadios estarán vacíos”. 
La situación económica de los clubes en España es caótica. La suma de la deuda de todos los equipos hispanos es mayor que la de todas las instituciones de cualquier otro campeonato de Europa. En la incansable carrera galáctica, que lideran indiscutiblemente Real Madrid y Barcelona con transferencias astronómicas, cada club se enfrenta a una disyuntiva: invertir desproporcionadamente para no perder el tren deportivo, poniendo incluso en peligro la supervivencia futura, o cuidar la economía sin endeudarse hasta la desaparición, so riesgo de relegarse en el plano futbolístico. 
El sistema es macabro, falaz y sobre todo tramposo, porque los equipos pertenecientes a la clase media y pobre a la que hace referencia Cagigao, por mucho que lo intenten, jamás podrán hacer frente a los poderosos y a sus inversiones, por el simple hecho de que estos se ven beneficiados por un desequilibrado reparto de los ingresos televisivos y a la vez tienen vía libre para hipotecarse sin consecuencias. Por consiguiente, todos los esfuerzos resultan estériles, y la brecha es cada vez más grande. 
Los números hablan por si solos en este aspecto: la deuda de los clubes españoles con el gobierno supera los dos mil millones de euros, y la mitad corresponde únicamente al Real Madrid y al Barcelona. Coincidentemente, son estos dos equipos los que reciben también la mitad de la totalidad de los ingresos televisivos. Es decir, es un eterno círculo vicioso en el que los que más se endeudan son los que más perciben. Es imposible que el resto pueda competir con ellos, y así es lógico que la burbuja económica tenga como inexorable horizonte el colapso financiero, tal cual está sucediendo en la actualidad. 
Para evitar la quiebra y la posterior liquidación de los activos, más de veinte clubes se sumaron ya a la figura de la Ley Concursal. Este vericueto administrativo surgió en 2004, para que los equipos asfixiados en su economía no desaparecieran sin tener una segunda oportunidad de poner al día sus deudas. De esta manera, de forma voluntaria, las entidades –devenidas en sociedades anónimas- podrían acercarse a la Justicia, que a través de un sencillo procedimiento les asignaría un síndico con potestades para conducir las riendas del club, convocar a los acreedores y elaborar una estrategia de pago a cinco años. Sin embargo el verdadero interés en las leyes concursales, por parte de los equipos que se atenían a ella, residía en que la misma norma impedía el descenso en los escritorios de las entidades en proceso de concurso. El remedio, entonces, se tornó contraproducente, porque los clubes malgastaban sin reparos y cuando se insolventaban, buscaban auxilio en el refugio legal. 
El Congreso de Diputados de España aprobó en 2011 una reforma de la Ley Concursal, que ya no deroga las normas privadas de la Liga según las cuales todos aquellos clubes que, al 30 de junio de cada año, mantengan deudas con sus futbolistas, descenderán automáticamente a Segunda División B. La enmienda no fue retroactiva, sino que empezó a regir a partir de enero de 2012. Desde entonces el efecto dominó fue devastador, y aún se siguen contando víctimas. Los expedientes de los descensos administrativos se acumulan en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y las desapariciones de los clubes son una triste costumbre. 
Los casos tienen nombres propios. Algunos oscilan en el abismo, mientras que otros ya lamentan las consecuencias. El Mirandés, de la Segunda División, se salvó sobre la chicharra cuando los jugadores, los dirigentes, el cuerpo técnico y los hinchas evitaron el descenso poniendo plata de su bolsillo. Al Albacete lo rescató Andrés Iniesta, el crack del Barcelona, con una inversión millonaria. El Racing de Santander descendió en la cancha pero también en los escritorios, y aún no sabe si podrá presentar equipo en el tercer escalafón del fútbol español. Un histórico como el Salamanca desapareció, su estadio será rematado y con los fondos recolectados se contentará a los acreedores. Málaga y Rayo Vallecano, de aceptables campañas, perdieron la posibilidad de disputar competiciones europeas por las inhabilitaciones de la UEFA, que empezó a aplicar el ‘Fair Play financiero’ ideado por Michel Platini. 
La lista sigue y puede acrecentarse en las próximas horas, porque el Guadalajara, de la división de plata de España, que había eludido el descenso en el transcurso de la temporada, perdió la categoría por las irregularidades en su conversión de Club de Fútbol (CF) a Sociedad Anónima Deportiva (SAD), la figura que le exige a los estatutos la Ley Concursal. De esta manera el Real Murcia, que sí había descendido deportivamente, podrá volver a la Segunda División. Eso sí, siempre y cuando logre hacer frente primero a una treintena de denuncias por sueldos impagos y se allane financieramente. 
El histórico Deportivo La Coruña tampoco pudo escapar a la tendencia, y se salvó del descenso a la Segunda División B merced de un acuerdo de última hora, según el cual uno de los bancos acreedores aceptó hacerse cargo de la deuda con los futbolistas del plantel, que retiraron las denuncias y evitaron la liquidación de los activos. Sin embargo el salvataje no resultó gratuito, porque una de las condiciones impuestas por los acreedores fue la renuncia inmediata del presidente Augusto César Lendoiro, que se mantuvo al frente del club durante el último cuarto de siglo. “Nada de esto hubiese ocurrido si no hubiésemos querido ganar, nos endeudamos por ello”, fueron las palabras del mandamás, al anunciar el acuerdo. El mismo mensaje podrían pronunciar los dirigentes del Zaragoza, el Xerez, el Real Betis, el Girona, el Hércules o el Levante, todos clubes que atraviesan un proceso concursal. Todos clubes que alguna vez, al igual que los coruñeses, también quisieron ganar. 
El desastre financiero y la inversión de los clubes por encima de sus posibilidades afectaron directamente la calidad futbolística de la Liga, ya que aquellos jugadores con posibilidades de trascender que no fueron tentados por el Real Madrid o el Barcelona comenzaron a buscar su destino fuera de España. “Los futbolistas piden a gritos jugar en la Premier League”, dice Cagigao, que logró arrastrar hasta el Arsenal a sus compatriotas Mikel Arteta, Santi Cazorla y Nacho Monreal. En el presente mercado de pases, hasta el momento, son trece los españoles que dejaron su país con Inglaterra como destino, entre los que se destacan Iago Aspas y el promisorio Luis Alberto, que se mudaron a Liverpool, y Roberto Soldado, por el que Tottenham abonó al Valencia 30 millones de euros.
Sin embargo el éxodo de los españoles no se limita a los horizontes del fútbol de elite que garantizan la Premier League, el Calcio o la Bundesliga, sino que muchos eligen destinos más exóticos, como Grecia, Chipre, Qatar o los Emiratos Árabes Unidos, o incluso Bolivia o Paraguay. Más que nunca los futbolistas buscan construir su futuro fuera de España, lo que torna cada vez más férreo el bipartidismo que encarna la cerrada competencia entre madridistas y catalanes, dueños de todos los títulos domésticos desde 2004. 
Otro aspecto que mantiene en vilo al fútbol español es la creciente influencia de los empresarios y los fondos de inversión en la transferencia de jugadores. “Dicen los expertos que Argentina –asegura el diario madrileño El País- es uno de los mercados donde más inversores ajenos a los clubes controlan futbolistas”. En España estalló la polémica por la intervención de particulares en las decisiones de los equipos, una costumbre que en Sudamérica se instaló hace rato. El detonante fue el fichaje de Neymar, que el Barcelona dejó envuelto en dudas sin aclarar jamás el monto real de la operación. Aparentemente todo quedó en las sombras porque sólo una parte del pase del crack brasileño pertenecía al Santos, mientras que el resto del porcentaje de los derechos económicos del jugador se dividía entre varios empresarios. Sandro Rosell, el presidente blaugrana, cometió la torpeza de declarar en el inicio de la negociación que no haría transacciones de ningún tipo con particulares, una premisa a la que debió renunciar para quedarse con Neymar.
El fútbol español está desequilibrado en todos sus aspectos, y la admiración que despierta como Liga es proporcional al descalabro que arrojan sus balances económicos. La reconversión comenzó por los sectores más sensibles, como el arreglo de partidos o los controles antidopaje. La RFEF, a partir de la próxima temporada, estará atenta a los amaños utilizando un sistema similar al de la UEFA, que basa sus análisis en los informes de las casas de apuestas para determinar si un partido es o no sospechoso, y si amerita la apertura de un expediente disciplinario. Por el mismo camino intentará combatir el doping, instaurando controles sorpresivos fuera de competición y en todos los encuentros disputados en Primera y Segunda División. Sin embargo el reparto de los derechos televisivos, la regulación de la economía de los clubes y la búsqueda de la igualdad entre los competidores sigue siendo una cuenta pendiente que arrasa con todo a su paso.
La Liga naufraga hacia aguas oscuras. El Calcio ya sufrió el mismo destino hace unos años, por el escándalo de arreglo de partidos denominado ‘Moggigate’, que acabo, nada más y nada menos, que con el descenso de la Juventus a la Serie B. En ese momento disminuyó el promedio de público en los estadios, e Italia vivió en carne propia la fuga de talentos. Lo mismo está sucediendo en España. Ya lo advirtió en su momento el entonces presidente del Atlético de Madrid, el polémico Jesús Gil y Gil: “A los que administran bien les tocará el descenso, a los que administran mal la desaparición. Pero a todos nos espera el destierro. Alguna vez la Liga sólo se reducirá al Real Madrid y al Barcelona”. La profecía, parece, empezó a cumplirse.

Martino y Bielsa, iguales pero diferentes


Marcelo Bielsa y Gerardo Martino compartieron el éxito en Newell´s. El Loco hacía sus primeras armas como entrenador cuando el Tata, ya convertido en un destacado volante, era la figura de la Lepra. En 1992 juntos obtuvieron el Torneo Clausura, y alcanzaron la final de la Copa Libertadores en la que perdieron ante San Pablo de Brasil por penales. 
El grupo de jugadores, que formaba parte de ese equipo, quedó muy identificado con el estilo que impulsó Bielsa, y muchos de ellos, cuando luego de retiro devinieron en entrenadores, adoptaron la filosofía hasta ser sindicados como discípulos del Loco. Martino no fue la excepción y nunca le escapó a la comparación, al punto tal que llegó a afirmar que con Bielsa se parecen hasta en el peinado. 
Sin embargo ahora que el Tata, en el cenit de su trayectoria como entrenador, logró llegar al banco del Barcelona, es justo hacer una diferenciación entre su trabajo y el de Bielsa, dos estilos similares pero diferentes hermanados por una misma filosofía de concebir el fútbol.

SIMILITUDES 

1. Docencia y obsesión. Ambos entrenadores comparten la idea de enseñar en cada paso, y de estar pendientes de cada detalle para reducir al mínimo la influencia del azar. No es raro ver al Tata en los entrenamientos, a la par de sus pupilos, ensayando con la pelota como si fuese un volante más del equipo, y practicando una jugada hasta el hartazgo, o hasta que el ejercicio salga como lo desea. Esa es una costumbre que heredó de Bielsa, tal cual confesó en una reciente entrevista televisiva, en la que aseguró que no se va tranquilo de un entrenamiento si no logró completar todos movimientos planificados. 

2. Un comienzo humilde. El primer equipo que entrenó Martino fue Almirante Brown de Arrecifes, un ignoto club de la ciudad bonaerense que se destaca no por el fútbol, sino por ser una de las grandes cunas del automovilismo en Argentina. Lo dirigió en 1998 durante el periplo del verdinegro por la B Nacional. Luego siguió su carrera en Platense, en Instituto de Córdoba y dio el salto al fútbol paraguayo, donde comenzó a ganar notoriedad dirigiendo a Libertad y Cerro Porteño. 
Bielsa, por su parte, se inició como entrenador en las divisiones inferiores de Newell’s y no tardó en salir a recorrer el país en busca de talentos. Fruto de su cosecha llegaron a primera Mauricio Pochettino, Darío Franco y Eduardo Berizzo, entre otros. En sus comienzos el Loco también condujo al equipo de fútbol de la Universidad de Buenos Aires.

3. Éxito internacional. Bielsa llegó a la selección chilena en 2007. Los trasandinos no clasificaban a un Mundial desde 1998, y el Loco inició una revolución para lograr en dos años lo que los anteriores entrenadores no habían conseguido en diez. Chile ingresó directamente a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 y alcanzó los octavos de final, en los que cayó con Brasil. Un detalle no menor: con Bielsa en el banco la selección chilena volvió a ganar un partido en un Mundial después de 48 años. 
Martino también dejó su huella en el fútbol sudamericano dirigiendo a la selección de Paraguay. Participó en dos Copas América, y logró un subcampeonato en 2011. Además, clasificó al Mundial de Sudáfrica 2010, en el que cayó en los cuartos de final en un recordado partido ante el posterior campeón España, compuesto por muchos de los jugadores que ahora dirigirá en Barcelona. El Tata dejó el equipo en 2011, y en las presentes Eliminatorias la selección paraguaya está prácticamente afuera de la Copa del Mundo de Brasil 2014. 

4. El look de entrecasa. Un detalle no menor es que tanto Bielsa como Martino hicieron escuela de una vestimenta particular, sobre todo para el fútbol europeo: el jogging y las zapatillas deportivas en detrimento de los lujosos trajes de etiqueta y los zapatos de marca. 

5. Nombres prohibidos. Bielsa y Martino fueron proscriptos por el presidente Eduardo López, que estuvo en el club catorce años e instaló lo que los hinchas de Newell’s consideran una dictadura. El Tata dijo en su momento que sólo volvería al la Lepra una vez que ya no estuviese la dirigencia de López, y cumplió su palabra en 2011, cuando rechazó todas las ofertas para regresar al equipo rosarino, ya con Guillermo Lorente en la presidencia. 
Caso similar el de Bielsa, que siempre mantuvo una relación tirante con Eduardo López. El ex presidente de Newell’s no guardaba reparos a la hora de criticar públicamente al Loco, al que llegó a tildar de perdedor compulsivo. Cuando Lorente asumió la presidencia del club una de sus primeras iniciativas fue rebautizar el Coloso del Parque de la Independencia. Estadio Marcelo Alberto Bielsa es su nueva denominación. En el reparto también salió beneficiado el propio Martino, y la platea oeste lleva su nombre.

DIFERENCIAS 

1. Fundamentalismo vs. Flexibilidad. El primer gran quiebre entre los estilos de Bielsa y Martino es la concepción de las ideas. Mientras el primero no admite prácticamente una contraposición de criterios, el segundo está permanentemente abierto al diálogo y al cambio. El Loco es inquebrantable en su radical filosofía, cualquiera sea el rival y cualquiera sea la circunstancia. El caso más paradigmático de esta aplicación fue la participación de Chile en el Mundial 2010: el equipo jamás cambió su manera de jugar ni su propuesta ofensiva, ni siquiera cuando los rivales –España y Brasil- eran claramente superiores. 
El Tata, en cambio, mostró un estilo camaleónico que le permitió sobreponerse a determinadas circunstancias ante equipos, a priori, superiores. Así fue en la Copa América 2011 de Argentina, en la que la que la selección paraguaya mostró un nivel futbolístico bastante pobre, muy alejado de la versión que exhibió el equipo en Sudáfrica 2010. No obstante, los planteos inteligentes y volátiles del entrenador, le permitieron a Paraguay alcanzar la final ante Uruguay merced de un juego conservador y utilitarista, aunque poco vistoso y por momentos demasiado tacaño. 

2. Verticalidad vs. Horizontalidad. Los equipos de Bielsa suelen destacarse por ser muy verticales, favoreciendo el juego de los extremos, que tienen gran importancia en los planteos del Loco. Es recordada la disputa que el entrenador tuvo con la prensa cuando dirigía a la selección argentina y se negaba a disponer, en un mismo equipo titular, a Gabriel Batistuta y a Hernán Crespo en la delantera. Bielsa argumentaba que, si ponía a dos centrodelanteros de características similares, perdería capacidad de abastecimiento en uno de los dos flancos del terreno, con un claro riesgo de descompensar el equipo.
Martino no apuesta tanto a la verticalidad, sino más bien a la horizontalidad. Es partidario de la pausa justa, aunque no excesiva. No gusta del toqueteo innecesario, y prefiere un equipo estable, pero que siempre busque abrir la cancha todo lo posible. Para ser profundo hay que ser ancho, dice una de las máximas del fútbol, y los equipos del Tata suelen respetar el precepto al pie de la letra, sobre todo con la influencia de los laterales. En el Newell’s campeón del Torneo Final 2013 los encargados de las bandas eran el paraguayo Marcos Cáceres y Milton Casco.

3. Distinta suerte como futbolistas. Otra de las diferenciales centrales entre ambos entrenadores es la labor que cumplieron como jugadores. Mientras el Tata Martino fue un destacado volante derecho y también enganche, que incluso llegó a jugar en el fútbol español para el Tenerife, Bielsa apenas trascendió como defensor central. No tuvo demasiadas oportunidades de mostrarse en la primera de Newell’s, y tras disputar un puñado de partidos en el ascenso con las camisetas de Instituto de Córdoba y Argentino de Rosario, el Loco colgó los botines a los 25 años para adentrarse de lleno en su verdadera pasión, la dirección técnica. Martino es el futbolista con más presencias en la historia de la Lepra. 

4. Complicidad vs. Distancia. Martino suele ponerse a la altura de sus futbolistas, casi como si fuese un jugador más. Bielsa, en cambio, es partidario de la distancia entrenador-jugador. Trata de ‘usted’ a sus dirigidos, a su cuerpo técnico, a los dirigentes e incluso a los periodistas. No obstante, es menester afirmar que, al margen de las formas, ninguno de los dos renuncia jamás al respeto, y difícilmente pueda encontrarse un futbolista que reniegue del trato de los entrenadores. 

5. Experiencia con juveniles vs. Trabajo con mayores. Quizás en la única faceta en la que Bielsa ostente una importante distancia con Martino, es en su labor con las divisiones inferiores. El Loco comenzó su carrera como entrenador buscando, formando y promoviendo juveniles. Más tarde, hizo un trabajo similar durante su estadía en México dirigiendo al Atlas. 
El Tata nunca se encargó de la formación de juveniles, sino que su primer trabajo como directo técnico fue en un primer equipo. Sin embargo, uno de sus principales atributos fue sacar siempre lo mejor de cada futbolista. En el Barcelona tendrá su primera experiencia como entrenador de un equipo puramente candidato. En ese sentido su estilo se asocia más con el de José Yudica que con el de Bielsa. El Piojo se convirtió en un experto en exprimir al máximo el potencial de sus dirigidos, aun cuando estos eran siempre, a priori, inferiores a sus rivales. Así es que como técnico se consagró campeón del fútbol argentino con tres equipos distintos (Quilmes, Argentinos y Newell’s), sin que ninguno de ellos sea uno de los cinco grandes.