
Si bien comenzó jugando en primera con Rosario Central donde ya se destacaba por su habilidad como centrocampista, su historia se fraguaría en los humildes terrenos del ascenso, sobre todo en el Gabino Sosa, la casa de Central Córdoba de Rosario, donde según propias palabras de nuestro homenajeado, fue lo mejor que le paso en la vida. Allí no solo descolló con su fútbol, sino que también se ganó el cariño de todos los Charrúas, que se acercaban a cada partido porque jugaba el Trinche, se corría la voz de que Carlovich iba a ser de la partida y el estadio rebalsada de fanáticos que lo iban a alentar.
Sin embargo, sus endiabladas travesuras no dieron cátedra solo en su club, sabido era que tiraba caños todo el partido, cuando salían a marcarlo se daba vuelta y desaparecía y con el, la pelota. Pero su momento de gloria llegaría un 17 de abril de 1974, en el Gigante de Arroyito se enfrentaba un combinado de Rosario con jugadores de Newell’s y de Central más el Trinche Carlovich contra la selección argentina que se preparaba para afrontar el nefasto mundial de Alemania 1974. El primer tiempo fue una muestra de talento de Carlovich, no se la podían sacar nunca, llovían los goles para el combinado rosarino, la selección era derrotada por tres a cero y de repente llegó el momento cúlmine que el narraría así: “Tiré un caño y cuando el defensor se dio vuelta le tiré otro. Lo hacía seguido, aunque ese día la cancha se venía abajo.” ¡Había tirado un caño de ida y vuelta! Tal fue su desempeño esa tarde, que desde el entorno del combinado nacional se acercaron en el entretiempo a pedir que lo reemplazaran. El resultado final fue tres a uno.
Nunca brilló en el fútbol grande porque nunca se lo propuso, el era feliz jugando con sus amigos, viviendo cerca de su barrio y tirando caños en Central Córdoba. Le tocó en suerte integrar el equipo de 1982 que subiría al Nacional B y ese fue su mayor logro dentro de un campo de juego, poco para lo mucho que era.
Diego Maradona cuando arribó a Rosario para jugar en la Lepra y fue catalogado por un periodista como el mejor jugador argentino, el Diez lo retractó diciendo que el más grande ya había andado por esos pagos, y era un tal Carlovich. Pekerman lo eligió como el cinco de su equipo ideal de todos los tiempos y hasta dicen las anécdotas que alguna vez el propio Cesar Luis Menotti lo convocó para la selección y el prefirió no ir porque ya tenia organizado un día de pesca.
Si pudo ser y no fue no lo sabremos, pero certeramente podemos afirmar que gracias a su fútbol y a su personalidad por demás peculiar se ganó un lugar en cualquier charla de café de un bar rosarino.












