sábado, 30 de octubre de 2010

Cristiano todopoderoso


Por un lado el local, el Hércules llamado a ser la revelación del año por sus resonantes contrataciones al inicio de la temporada. Por el otro el líder, el Real Madrid de José Mourinho y compañía.
Lo que suponía una parada de riesgo para los visitantes terminó de confirmarse antes de cumplirse el tercer minuto de la primera mitad, David Trezeguet conectó muy bien de cabeza un centro desde la derecha y el Hércules se puso al frente apenas iniciado el encuentro. El Real Madrid fue incapaz de vencer la soberbia resistencia de los locales en un primer tiempo que se cerró con el solitario gol tempranero.
El segundo tiempo comenzó tal cual acabó el primero. Las embestidas del Madrid eran cada vez más peligrosas pero la vitalidad del Hércules aun le permitía defenderse sin sobresaltos. Por primera vez a lo largo de la temporada los madridistas se encontraban debajo en el marcador y con sonados errores defensivos en una zaga que no hacía pie.
De a poco el Hércules comprendió que el empate era cuestión de tiempo. Ya habiendo recuperado el dominio de la pelota y con un rival desgastado que ya no encontraba respuestas en lo físico, el Real Madrid por intermedio de Ángel Di María logró el empate. La igualdad cambió rotundamente el trámite del partido y Mourinho libró una batalla épica desde la estrategia.
El portugués sacó a Pepe y su sinfonía de errores para dar lugar a Karim Benzema, el Madrid creció del medio hacia delante y Sami Khedira se transformó en el estandarte de la defensa. En la misma línea, Mesut Ozil y Gonzalo Higuaín, ambos de discreto partido, dejaron su lugar a Raúl Albiol y Álvaro Arbeloa respectivamente.
Los cambios dieron aire a los visitantes que se abalanzaron sobre el arco rival en busca del gol que les diera el triunfo, Esteban Vigo retiró a Trezeguet para dar lugar a Rufete y el Hércules se terminó de desmoronar. A partir de allí se agigantó la figura de Marcelo que le sirvió el gol a Cristiano Ronaldo. La Casa Blanca ya estaba arriba en el marcador.
Los últimos minutos no mermaron el nivel del equipo de Mourinho y una vez más apareció Cristiano para marcar su decimoprimer gol en nueve partidos de Liga. Fue el tercero del Madrid para liquidar el encuentro.
Si bien la estadística puede jurar que el partido lo ganó Cristiano Ronaldo, el que más transpiró para ser la figura fue José Mourinho. El portugués y su Madrid omnipotente siguen dando cátedra sin encontrar quien los frene.

lunes, 25 de octubre de 2010

Puerto es Nacional


Ingeniero White es una localidad ubicada a diez kilómetros de Bahía Blanca, sus casi once mil habitantes viven de la economía portuaria y del polo petroquímico, las dos fuentes de ingreso más redituables de la zona. En cuanto a lo futbolístico, hay dos equipos representativos, Huracán y Puerto Comercial. Este último tiene una historia, efímera tal vez, que es digna de ser contada.
En el transcurso del año 1974 y mientras el país se venía abajo con María Estela Martínez a la cabeza, Puerto Comercial logró la mayor hazaña de su historia al otorgarse la posibilidad de disputar el desaparecido torneo Nacional.
El camino para llegar a la elite fue durísimo para Comercial, debió afrontar la Región Bonaerense (equivalente a la Liga Regional Preferente de España) superando a Santamarina de Tandil, Atlético Paraná de San Nicolás y Jorge Newbery de Junín, a quien superó en la final por diferencia de gol y subió al Nacional.
Antonio Simoncini dejó de ser el técnico después de lograr el ascenso. En su reemplazo se hizo cargo del primer equipo Rubén Tunesi, un militar retirado que a pesar de su afición por el fútbol tenía nulos conocimientos del cargo. A la par del torneo Nacional los comercialinos disputaban la liga local, por lo que Tunesi en algunas oportunidades se ausentaba del banco de suplentes y el lugar lo ocupaba Rufino Bugarini, su ayudante de campo.
El calendario dice que el 21 de julio de 1974 Puerto Comercial debutó oficialmente en Primera División y fue con una sonrisa al derrotar en condición de visitante al mismo rival al que le había arrebatado el ascenso, Jorge Newberry. El gol fue obra y gracia de Enrique Dekker, un empleado que al igual que la mayoría de sus compañeros repartía su tiempo entre el trabajo y los entrenamientos.
En su andar por el Grupo A tan sólo cosechó una victoria más y fue en Bahía Blanca, donde hacía de local en la cancha de Olimpo, ante All Boys. Los restantes dieciséis partidos terminaron en derrota y en su mayoría por goleada, ya que contra Boca en la Bombonera cayó nueve a cero, frente a Desamparados en San Juan siete a dos y contra Central Norte en Salta la caída fue por cuatro a cero.
Pero detrás de lo que era una fiesta para el pueblo que albergaba a uno de los equipos de la máxima categoría había una disputa muy grande. En ese entonces el fútbol del interior no estaba profesionalizado, por lo que los clubes contrataban jugadores de Buenos Aires que cobraban un sueldo mucho mayor al de los futbolistas locales.
Para el Nacional habían arribado desde las inferiores de Boca Rubén Viani y César Colman, sin embargo los recelos del plantel y la inclinación de Tunesi por los jugadores locales hicieron que estos apenas cuenten con posibilidades. La misma suerte corrieron otros futbolistas que también habían llegado como flamantes refuerzos. Sin quererlo todas estas cuestiones escribirían el nombre de Puerto Comercial en el recuerdo del fútbol argentino.
La tarde del 6 de octubre de 1974 la decimosegunda fecha cruzaba a los comercialinos con Banfield en el Florencio Sola. Parecía una tarde tranquila, con una pobre concurrencia del público, pero sin embargo aquellos pocos testigos presenciarían dos hechos históricos que aun hoy en día se mantienen vigentes como cifra record. Al finalizar ese partido se cerró la mayor goleada del fútbol argentino, el Taladro derrotó a Puerto Comercial por trece a uno. Juan Taverna con sus siete goles se convirtió en el hombre con más conquistas en un mismo partido. Para cerrar el resultado Enrique Lanza y Luis Roselli marcaron dos tantos cada uno y José Romero y Eduardo Pipastrelli hicieron lo propio completando la lista de artilleros. Juan Tolú, arquero visitante, fue el que más sufrió ese partido en el que Mario Domingo Rachi hizo el gol del honor.
Hoy el mismo club que jugó un Nacional y fue cuna de Ernesto Lazzati, el Pibe de Oro que triunfara en Boca en las décadas del treinta y del cuarenta, milita en la segunda división de la Liga del Sur. El paso de Puerto Comercial por Primera División dejó algo más que goleadas en contra y el traspaso de Juan Nani al Xeneise. Haber cumplido el sueño de codearse con los grandes es la mejor victoria del club en toda su historia. El presente es humilde pero el pasado guarda uno de los recuerdos más gratos para una institución de barrio que, de una forma u otra, se aseguró un rinconcito en los anales del fútbol argentino.

domingo, 24 de octubre de 2010

Mou tiene ese no sé qué


El madridismo está de fiesta. Hay un nuevo profeta que encarrila al club hacia ese mismo camino que nunca debió abandonar. El profeta es nada menos que José Mourinho. Él lo sabe porque para esto lo fueron a buscar. El presente no podía ser otro, no se imaginaba de otra manera cuando la billetera de Florentino pateó el tablero en busca de la salvación.
De a poco y luego de un comienzo un tanto errático el Real Madrid intenta seguir la línea del Inter multicampeón. No será el mismo de Vicente del Bosque por su juego, pero sí por su efectividad. Ya no está Figo, pero hay un tal Cristiano Ronaldo que llegó con los mismos honores.
El avance del equipo en la Liga es matemático, el templo vestido de blanco volvió a presenciar dos goleadas consecutivas por seis goles o más después de cuarenta y seis años. La confianza y la moral es el punto de partida en la estrategia del técnico portugués. Un vestuario motivado es capaz de todo.
Ayer se volvió a ver la mejor cara del Merengue, un equipo tan eficaz como compacto y simple. Nada más alejado del aclamado juego del Barcelona. Nada más cercano a la practicidad. Metió seis como pudieron haber sido diez o quince, el desarrollo hubiese sido el mismo porque de eso se trata la filosofía del portugués.
Porque además tiene esa curiosa facultad de convertir en oro todo lo que toca. Lo viene haciendo con Di María desde que llegó tras el flojo Mundial con la selección argentina. Cuando todos dudaban de sus condiciones, fue él quien confió en el rosarino. Ayer sin meter un sólo gol fue la figura del partido participando en cuatro de los tantos e incluso jugando algunos minutos de lateral.
Lo mismo con Ozil, entendió que dándole minutos iba a sacar lo mejor de él y nunca estuvo tan acertado. Ayer el alemán fue una maquina y hoy en día es el primer recambio del mediocampo ofensivo hacia delante siempre y cuando no juegue de titular. En la consideración de Mou está incluso por encima de Canales y de Pedro León.
El trabajo que hizo con la confianza de Higuaín fue fantástico. El argentino venía de realizar una muy buena temporada, pero en cada inicio de año tenía que luchar un puesto con las incorporaciones de renombre. Para Manuel Pellegrini corría desde atrás. Se terminó haciendo un hueco a fuerza de goles y grandes actuaciones.
La estrella de Mourinho es CR7, en su mejor temporada en los últimos años está en la gloria del Madrid. Comenzó a pagar con creces la inversión que se hizo en su fichaje y con el gol como mejor aliado enamora al Bernabeu y se abre a nuevas experiencias. Alejadas del buen juego y de la tradición madridista, más cercanas a las necesidades del club en este momento. Recuperar el prestigio es el objetivo y José Mourinho es el elegido para hacerlo.

martes, 19 de octubre de 2010

La Máquina de River


En los albores de la década del cuarenta y muy lejos de su Europa natal devastada por la Segunda Guerra Mundial, hubo un italiano llamado Renato Cesarini que desde la dirección técnica comenzaría a desandar la historia de uno de los mejores equipos del fútbol argentino.
Con la ayuda de su compatriota Carlos Peucelle, que era una verdadera biblioteca en lo que al futbol y sus tácticas y estrategias se refiere, Cesarini formaría un equipo ultra ofensivo que más tarde sería conocido como La Máquina de River. El apodo fue acuñado por el periodista Ricardo Lorenzo Borocotó, quien sorprendido por la destreza del equipo para derrotar a Chacarita en el torneo de 1942 encontró en esa descripción la adecuada para la actuación sobresaliente del Millonario.
Con el sobrenombre instaurado la presentación de La Máquina fue en el Monumental el 28 de junio de 1942 frente a Platense, en una victoria por la minima que contó con Félix Loustau por primera vez desde el inicio en reemplazo del histórico Aristóbulo Luis Deambrossi. River finalmente se quedó con el campeonato de ese año de la mano de un quinteto atacante fantástico que formaba con Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera y Ángel Labruna, además de Loustau.
La fórmula del éxito era infalible, Pedernera como centrodelantero era el estratega y lanzador que aprovechaba el pique destructivo de Labruna y los desbordes incontenibles de Muñoz y Loustau, mientras tanto Moreno le daba la pausa necesaria al equipo con el equilibrio justo de su fuerza y habilidad.
En los años siguientes hubo diecisiete partidos más en los que participó la recordada delantera, sin embargo como cuenta pendiente les quedó disputar juntos un clásico frente a Boca. En 1944 Moreno es traspasado al desaparecido Club España mexicano donde fue compañero de Isidro Lángara, por lo que la delantera se debilita notablemente aunque no le impide a River obtener el campeonato de 1945. El Charro regresa al Millonario en 1946.
A pesar de que el apodo de La Máquina está asociado expresamente a los cinco nombres de sus delanteros, el equipo tuvo además en sus filas excelentes futbolistas de la talla de Hugo Reyes, Néstor Rossi, Norberto Yácono, precursor de la marca personal, o incluso Alfredo Di Stefano y Amadeo Carrizo en sus comienzos.
Ese equipo tal vez fue el antecesor y el fiel exponente de lo que después sería Holanda en el Mundial de Alemania 1974 donde finalizaría subcampeón tras caer con los locales en el partido decisivo.
En 1946 Cesarini dejó su lugar en el banco de River y fue ocupado por José María Minella, por su parte Pedernera fue transferido a Atlanta y así se comenzó a diluir el que fue para muchos el mejor equipo del fútbol argentino. Es verdad que no ganaban siempre, pero los que tuvieron la fortuna de presenciar alguno de sus partidos aseguran con toda convicción que ese no era el objetivo de ellos, sino un ineludible corolario del juego que desplegaban.

domingo, 17 de octubre de 2010

Pena máxima


En una parada complicada y ante un equipo golpeado y con obligación de levantarse después de un golpe tremendo frente a Vélez, el puntero Estudiantes visitaba Colón en Santa Fe. Por el desarrollo del partido y a sabiendas del resultado final, el empate deja saldo positivo para el Pincha.
Si bien es verdad que le descontaron dos puntos y que en la próxima fecha se cruza en un partidazo contra el Fortín, se tuvo que levantar de un gol tempranero, desde el vestuario casi, de Esteban Fuertes. Estudiantes entró dormido y pagó caro los errores defensivos y la falta de estabilidad en el medio.
Sin Juan Sebastián Verón ni Rodrigo Braña, el mediocampo del Pincha perdió solidez y juego y la presión de que sus perseguidores habían ganado le jugó una mala pasada y colmó de ansiedad a un equipo que en el inicio y encima con la lesión de Agustín Orión antes de los veinte minutos, no hacia pie en la cancha.
El gol le dio un envión anímico inmejorable al Sabalero que lo puso incluso a un paso de liquidar el partido, pero el árbitro anuló mal el segundo tanto de Iván Moreno y Fabianesi. De haberse concretado el gol de Colón hubiese sido el golpe de nocaut para Estudiantes que pasaba su peor momento.
A partir de allí el trámite se emparejó, Sabella mandó el equipo para adelante y una vez más apareció el mejor aliado del Pincha: el penal. Esta vez la falta fue clara contra Enzo Pérez. Cambió el ejecutante pero no la suerte, Gastón Fernández convirtió el sexto penal sobre seis que tuvo su equipo en el torneo y todo volvió a estar como al principio.
Después del empate el partido dio un giro, Colón se inhibió y el Pincha se animó a más. El segundo tiempo ya fue más conservador para los dos, se conformaron con las pardas y no se hicieron daño. Prácticamente no hubo jugadas de gol y Colón respetó mucho a un puntero que se dedicó a regular sabiendo que el empate era un resultado aceptable.
Finalmente como era de esperarse, el partido murió en un empate que le sentó bien a los dos. La próxima fecha Estudiantes pone en juego la soledad de la punta en Liniers, donde con todas sus figuras intentará seguir manteniendo la ventaja que lleva sobre sus más inmediatos perseguidores. Hay clima de clásico en un choque de estilos entre dos de los equipos más regulares del fútbol argentino.

martes, 12 de octubre de 2010

El equipo de Bugs Bunny


El New York Cosmos nació en el año 1971 como un proyecto de Warner Communications, lo que dio lugar a que rápidamente el club adopte el apodo de “El equipo de Bugs Bunny”. Con la NASL (North American Soccer League) en pleno crecimiento, Steve Ross, presidente de Warner, intentó colocar el fútbol a la altura de la MLB, NBA, NFL y NHL.
El propósito de Ross era formar un equipo plagado de estrellas internacionales en su ocaso, por lo que conociendo el poco incentivo que aportaba la liga en su materia futbolística, comprendió que tan sólo unos cuantos billetes y el glamour de New York podían hacer posible la llegada de grandes jugadores a un país que no conocía al fútbol en lo absoluto.
Claro que Ross no era ajeno a esa filosofía, era un fantástico empresario pero de fútbol no conocía demasiado. Para paliar sus propias limitaciones confió en sus asesores a la hora de desasnarse sobre quien era el mejor futbolista del mundo en ese entonces. La respuesta fue tan obvia como desconocida para el magnate. “Vamos a fichar a ese tal Pelé”, dijo.
La llegada del brasileño era indispensable para el futuro del club, sabían muy bien que el arribo del mejor jugador del mundo no sólo atraería más público a los partidos sino que también abriría las puertas de EEUU a otras figuras de renombre. En 1975 Pelé estaba retirado y sin muchos ánimos de volver, sin embargo una oferta de la Juventus le hizo pensar en un posible regreso y el contrato de oro que le ofreció el Cosmos terminó de inclinar su decisión de retornar a las canchas.
“En Italia vas a conquistar una liga, acá vas a conquistar un país”. Con esas palabras Ross dilapidó las chances de la Vecchia Signora para contar con el ex Santos, que sin dudarlo se convirtió en la nueva estrella de New York.
Con Pelé en sus filas el Cosmos comenzó a tomar notoriedad en todo el mundo, las tribunas dejaron de adornarse con apenas unos pocos fanáticos, en su mayoría latinos, para rebosar con picos de setenta mil personas que se ponían de pie al ritmo del número diez. En 1976 llegaría Giorgio Chinaglia, el afamado capocannonieri de la Lazio. Sin embargo a pesar de los grandes ingresos por la explotación del marketing del club, los resultados no se traducían en títulos.
1977 sería el año de la gloria para el equipo, Franz Beckenbauer y Carlos Alberto llegaron para ganar todo. Lograron el titulo de liga y lo repitieron en cuatro oportunidades en los años posteriores, además de obtener siete Campeonatos de División y tres Copa Transatlánticas. Pero todo lo que sube tiene que bajar y el retiro de Pelé había marcado en comienzo del declive para la franquicia.
El primer gran cachetazo para Ross y su poderosa billetera estuvo a cargo de Johan Cruyff, el holandés estaba gastando sus últimos cartuchos y fue tentado por el club neoyorquino, pero finalmente se inclinó por LA Aztecs primero y más tarde por Washington Diplomatics. ¿La razón? El Cosmos hacía de local en el Giants Stadium, que tenía césped sintético, y al ex Barcelona le gustaba lo tradicional del pasto natural que le ofrecían en Los Ángeles.
Entrados los ochenta, los problemas dentro de un plantel dividido por Chinaglia, que abusaba de la inmejorable confianza que el soberano empresario tenía en él, terminaron desbaratando a un equipo que estaba destinado a ser el mejor del mundo.
En 1984 la NASL se desmoronó arrastrando inexorablemente al Cosmos que continuó durante una temporada más compitiendo en una liga de fútbol indoor hasta desaparecer definitivamente en 1985. De todas formas será difícil olvidar al equipo que convirtió a New York en una metrópolis del fútbol y que sentó las bases de la ideología que hoy en día rige en la MLS. El club que hizo famoso el soccer en EEUU terminó de la peor forma. No podía ser de otra manera.

domingo, 10 de octubre de 2010

Luna de Avellaneda


El clásico de Avellaneda era un choque de axiomas, por un lado y por parte de Independiente, el famoso refrán de “técnico que debuta gana”, mientras que para los visitantes el buen presente era el mejor incentivo para cumplir aforismo de “las rachas se hicieron para cortarlas”.
Hoy más que nunca quedó demostrado que un clásico es un partido aparte y que además entiende mejor que nadie lo injusto del fútbol y su desarrollo, porque Racing mereció ganar claramente y tuvo en Gabriel Hauche a su mejor embajador en ataque pero Hilario Navarro fue invulnerable y se quedó con, al menos, tres situaciones claras de gol del ex Argentinos y Temperley.
Tuvieron que pasar cuarenta y cinco minutos para encontrar una situación clara de gol para Independiente cuando Cristian Báez le cambió el rumbo a un centro perfecto de Leandro Gracián y decretó el primer y único tanto del encuentro. Automáticamente el pitazo de Pablo Lunati que indicó el fin del primer tiempo fue el peor castigo para la Academia que se quedaba con las manos vacías.
Como era de esperarse el desarrollo en el segundo tiempo cambió rotundamente, Racing se fue a matar o morir sobre el arco de Independiente pero una y otra vez chocó contra la omnipotencia del arquero correntino que en la semana le había ganado la pulseada a Adrián Gabbarini en la lucha por el puesto.
Sobre el final y con la Academia jugada en ataque, Hernán Fredes tuvo la posibilidad de liquidar las cosas en un mano a mano inmejorable pero esta vez fue el ex Chicago y Colón, Jorge De Olivera, el que apareció para ahogarle el grito al Rojo y darle una vida más a su equipo que a esa altura se consumía en su propio nerviosismo.
Finalmente volvió a aparecer la figura de Navarro para desviar un cabezazo envenenado de Lucas Aveldaño que buscaba el ángulo, pero que las manos de la figura de la tarde lograron desviar para que la pelota tras golpear en el poste se vaya por la línea de fondo.
Con el triunfo Independiente estiró a once partidos la racha positiva que lleva frente a su clásico rival que no conoce la victoria desde el Clausura 2005. El debut fue soñado para Antonio Mohamed que intentará ahora sí, con más aire, enderezar el rumbo del barco de su nuevo equipo. Racing por su parte cree cada vez más en las brujas.

viernes, 8 de octubre de 2010

Sin invicto, Checho


Quizás la victoria conseguida un mes atrás frente a España en el Monumental hizo suponer que el partido contra Japón era un trámite. La victoria frente a los campeones del mundo y encima por goleada no podía ser opacada de ninguna manera por una selección nipona que jamás había derrotado a la Argentina en la historia.
Pero por ahí nos olvidamos que esta misma selección de Japón es la que goleó a Chile en la previa del Mundial y la que se fue recién en los penales frente a Paraguay en octavos de final. Honda, Morimoto, Maeda y Kagawa al final jugaban bien al parecer.
En el debut del italiano Alberto Zaccheroni los locales demostraron que ya no son los débiles y simpáticos orientales de los ochenta, ahora se transformaron en una selección de profesionales que pasean su fútbol por las mejores ligas de Europa y se animaron a darle un duro revés al equipo de Batista que incluso compromete su situación de cara al futuro.
Desde el inicio salieron a buscar el resultado, presentaron un planteo dinámico y arriesgado que puso en más de una oportunidad en vilo al fondo argentino. A los dieciocho minutos un remate desde afuera del área que fue devuelto con ciertas dudas por Sergio Romero en un rebote corto fue aprovechado por Shinji Okazaki para abrir el partido.
A partir de allí Japón se dedicó a justificar la victoria y Argentina no creó una sola situación clara de gol. Esteban Cambiasso debió retirarse lesionado y más tarde hizo lo propio Diego Milito, que sigue desaprovechando sus chances en la selección.
Apenas fue Lionel Messi el que le dio algo de movimiento a una delantera argentina estática, aunque sus llegadas carecieron de contundencia al acercarse al arco japonés. Seguramente otra de las explicaciones de la derrota reside en el fracaso de la sociedad entre el jugador del Barcelona y Andrés D’alessandro, que no estuvo fino a la hora de tomar contacto con la pelota.
Ni siquiera el ingreso de Javier Pastore le dio aire al equipo, sus actuaciones siguen en deuda pero recién se lo podrá evaluar con claridad el día que tenga la posibilidad de jugar desde el arranque. Por otro lado tampoco ayudó el mediocampo, Javier Mascherano volvió a estar impreciso y Mario Bolatti, que había ingresado por la lesión de Cambiasso, debió ser reemplazado por una molestia en el epílogo del encuentro. El 1 a 0 fue finalmente tan contundente como inamovible.
La falta de solidez defensiva es otro de los puntos que debería preocupar y mucho a Batista. La ausencia de laterales volvió a restarle peso ofensivo al equipo ya que Gabriel Heinze apenas colaboró en ataque y en defensa dio muchas ventajas ante un rival rápido pero ordenado que lo complicó mucho. A pesar de las variantes que ofrece Nicolás Burdisso en al zaga, su posición natural en la cancha es de central, no de lateral.
Para comenzar de una vez por todas con un proyecto serio, la AFA debería ratificar o no en su cargo a Batista. Así el futuro entrenador (sea el Checho o no) podrá comenzar a trabajar con su equipo base y sin restricciones, además no debería rendir más examen, lo que le daría más libertad en su accionar.

martes, 5 de octubre de 2010

El Drácula inglés


Antes, mucho antes de que el fútbol se popularice y se vista de gala con los David Beckham, Marco Borriello o Fredrik Ljungberg de nuestros días, existió un hombre que con su aspecto impresentable y sus olores, patadas, artimañas e insultos, hizo de su dudosa habilidad un recurso vital en todos los equipos donde jugó.
Hijo de un encargado de una funeraria, desde niño Nobby Stiles forjó su carácter en peleas de barrio y disgustos con su físico, pues era miope, desdentado y calvo, además de colorado. Fanático del Manchester United desde la cuna, realizó allí todas las divisiones menores y debutó en el primer equipo en octubre de 1960 frente al Bolton a los dieciocho años.
Fue el encargado del trabajo sucio del United más exitoso de la historia y el que hacía posible que se luzcan Bobby Charlton, Denis Law y George Best, con sus ocurrencias anulaba a la estrella rival y habilitaba a la Santísima Trinidad a hacer de las suyas. Su repertorio era de lo más amplio, iba desde simples agarrones hasta crueles patadas que rozaban lo criminal pasando por escupitajos, piñas, agravios desagradables y demás.
Matt Busby fue su principal defensor y cada vez que le consultaban por el juego brusco, violento, primitivo y cavernario del Drácula inglés, se encargaba de definirlo simplemente como un jugador duro que nunca había lesionado a nadie pero sí asustado a más de uno con sus elocuencias.
Cuenta la leyenda que cuando Alf Ramsey lo incluyó en la lista de jugadores que disputarían el Mundial de Inglaterra 1966, la Federación Inglesa de Fútbol se opuso a su citación por considerarle una mala imagen para el potencial campeón mundial y poseedor de un espíritu que no respondía a los principios deportivos de la nación. En aquella oportunidad el seleccionador de los Pross se puso firme y renunció a alterar su convocatoria.
Antes de los partidos y luego de la charla técnica, Ramsey llamaba aparte a Nobby y palmeándole la espalda le indicaba cual sería su víctima esa tarde. Luego el subordinado seguía al pie de la letra las palabras de su técnico y así desfilaron entre sus agresiones a lo largo de la Copa del Mundo de 1966 el argentino Ermindo Onega en cuartos, los portugueses Coluna y Eusebio en semis y Uwe Seeler en la final. Paradójicamente y en gran medida gracias a nuestro homenajeado, la misma Federación Inglesa de Fútbol que intentó truncar el sueño mundialista de Stiles se consagró con un gol que aun hoy genera dudas.
Pasada la gloria internacional y su celebración con un baile arrítmico con la Jules Rimet en la mano que quedó inmortalizado al día siguiente en todos los titulares de los diarios, Nobby disputó en 1968 la Eurocopa en Roma. En aquella oportunidad los diarios italianos se mofaron de él apodándolo Nosferatu. Los tifosi tomaron partido del asunto e intentaron sacarle de quicio, era el jugador más odiado por los rivales en su época. Stiles respondió quitándose la dentadura postiza que llevaba y sonriéndoles con ironía.
En 1968 también obtuvo con el Manchester la primera Copa de Europa del club venciendo en el partido decisivo al Benfica por 4 a 1. En semifinales se lució ante el Real Madrid de Amancio, Pirri, Velázquez y Gento y en la final volvió a ocupar con soberbia solidez la zona defensiva haciendo desaparecer una vez más a la Pantera de Mozambique mientras Bobby Charlton dirigía la orquesta de un ataque demoledor.
Tras el Mundial de México 1970 sus días como internacional absoluto terminaron y en 1971 concretó su salida de los Red Devils para firmar contrato con el Middlesbrough. Dos años más tarde su destino cambio nuevamente de rumbo y el Preston North End fue el último testigo de su vehemencia, en 1975 puso fin a su carrera profesional.
Se fue en el mismo silencio en el que llegó, ya no se lo vio más tirado en el suelo buscando esos lentes de contacto que ni siquiera había perdido para hacer tiempo o persiguiendo como un perro sabueso a su enemigo de turno. Los estadios ingleses dejaron de tener a ese provocador que manoteaba, golpeaba y pellizcaba a sus rivales con tal de hacerse con la pelota. Los estadios ingleses también dejaron de tener a ese anónimo que se convirtió en leyenda en una generación de dioses del balón que no le correspondía, pero que bien supo sobrellevar con sacrificio y amor propio.

domingo, 3 de octubre de 2010

Hizo los deberes


Si finalmente este partido fue o no un punto de inflexión se sabrá recién cuando termine el campeonato, lo cierto es que hoy Estudiantes ganó un partido de campeón, de esos que pueden comenzar a sentar las bases de una diferencia insalvable.
Porque no es exagerado hablar de diferencia insalvable cuando apenas van nueve fechas y el puntero ya le sacó cinco unidades de ventaja a su más inmediato perseguidor desplegando un fútbol de alto vuelo.
Hoy Estudiantes ganó muy bien, dominó el primer tiempo a gusto y encontró en un Leandro Benítez disfrazado de Verón a su conductor ideal en una cancha muy difícil y ante un rival de cuidado que se jugaba mucho. San Lorenzo de haber ganado esta tarde se hubiese colocado a un punto del Pincha.
Pero es muy difícil, incluso para un técnico tan capaz como Ramón Díaz, encontrar un antídoto para hacerle frente a un equipo que desde la solidez de su defensa, el corazón de Rodrigo Braña y la habilidad quirúrgica de Enzo Pérez, saca adelante hasta el más chivo de los partidos.
Esta tarde Estudiantes jugó como Estudiantes y por eso se quedó con los tres puntos, con un golazo de Gastón Fernández en el primer tiempo, supo como domar a un Ciclón que a pesar de las embestidas se terminó entregando mansito. Sabella le hacía precio a San Lorenzo con una victoria minima muy mentirosa, el desarrollo merecía una goleada.
El segundo tiempo fue más parejo, San Lorenzo se serenó y pudo manejar mejor la pelota, contó con llegadas y solo le faltó claridad para lograr el empate que en algún transcurso del complemento hasta hubiese sido lo más justo.
Sin embargo Estudiantes también sabe reaccionar en las difíciles y allí es cuando demostró esa jerarquía que lo pone, hoy por hoy, delante de todos en Argentina. Así supo como cerrarle los caminos y enfriar el partido hasta dejar a San Lorenzo sin aire, sin fútbol, sin nada.