jueves, 29 de julio de 2010

El tesoro de los inocentes


La Segunda Guerra Mundial marcó a fuego a Alemania, la dejó dividida en dos por un muro que respondía a un lado o al otro según intereses comunistas o capitalistas y terminó devastando a una sociedad, dejándola de rodillas ante el mundo.
El mayor conflicto bélico de la historia no liberó de su miseria ni siquiera al fútbol, los seis años eternos que duró la guerra nos quitaron dos mundiales y la posibilidad de ver a una exquisita generación de checoslovacos, austríacos o soviéticos que por aquellos años podrían haber sido potencia.
Tras el Maracanazo en Brasil 1950 el Mundial debía organizarse en Europa, nunca mejor elegida una sede, Suiza se encargó de organizar la Copa del Mundo de 1954 y empezar a devolver al fútbol a su lugar. Entre los dieciséis equipos participantes, lógicamente se encontraba Alemania, sin embargo compartir grupo con Turquía, Corea del Sur y Hungría, no daba demasiadas esperanzas a los teutones.
Alemania debutó contra Turquía y contra todos los pronósticos, logró quedarse con la victoria gracias a un 4 a 1 inobjetable, pero el segundo partido no iba a dar sorpresas, la Hungría de los Magiares Poderosos que contaba con Ferenc Puskás, Zoltán Czibor, Sándor Kocsis, József Bozsik y Nándor Hidegtuki lo iba a noquear con un 8 a 3 inolvidable.
El mazazo de los húngaros provocó la ira de los periodistas alemanes que querían linchar a Sepp Herberger por el controvertido planteo táctico, sin embargo un sufrido partido definitorio, otra vez frente a los turcos, les dio la clasificación a la siguiente ronda. Yugoslavia fue el próximo escollo, pero a pesar del poderío del este, un autogol de Horvat y otro de Rhan, dieron el triunfo a Alemania. Mientras tanto Hungría libertaba la Batalla de Berna frente a Brasil con un 4 a 2 de antología.
Las semifinales debían ser la confirmación para Alemania y los esperaba la sorprendente selección de Austria, pero los bávaros a esa altura eran más que una sorpresa, eran un equipo consolidado que podía jugarle de igual a igual a cualquiera. Aplastaron a los austríacos por 6 a 1. Otra vez Hungría, pero ahora en la final.
Era la misma Hungría de la primera ronda, la de Gusztáv Sebes, el pionero en darle movilidad al equipo, se animó a sacar al delantero centro del área para enseñarle a pibotear, los laterales eran más que defensores y el volante central no sólo defendía. Era el Equipo de Oro, el mismo que había derrotado al campeón Uruguay en semifinales, era la maravillosa Hungría.
Alemania también era un gran equipo, no muchos confiaban en ellos pero tener a Fritz Walter como abanderado y a su hermano Otto en el equipo, era al menos una garantía. Popispal, Morlock y Rahn aportaban lo suyo y Anton Turek era el soberbio portero alemán. Pero el candidato por excelencia era Hungría.
Finalmente llegó el día de la final, el 4 de julio de 1954 el Wankdorfstadion de Berna daba lugar a sesenta mil personas, el partido tan esperado era un hecho, Hungría y Alemania ya estaban jugando. Tuvieron que pasar seis minutos nomás para que Puskás demuestre que era el mejor, 1 a 0 para los magiares y aun había más, dos minutos más tarde Czibor ponía el segundo, nadie se lo creía y la goleada parecía que estaba al caer. Pero no todo estaba dicho, Morlock le dio vida a Alemania y después Rahn comenzaba a hacer historia con el empate, el entretiempo los encontraba con un 2 a 2 inesperado para ambos.
Y así comenzó el segundo tiempo, fue todo muy distinto, Hungría ya no era Hungría, se desbarató y Puskás jugaba lesionado, empezó a llover, parece un detalle menor pero más adelante sabrán que no lo es, el empate no se rompía y el tiempo se consumía sin piedad, pero no, Mark Fritz tenía otros planes, habilitar a Rahn. Y gol. Gol de Alemania, de Rahn. Heroico Rahn, Heroica Alemania. 3 a 2 y no quedaba tiempo, no quedaba nada. William Ling pitó el final, campeón Alemania.
Para muchos si no hubiese llovido jamás podría haber ganado Alemania, pero tenían en sus botines tapones cambiables, según el tiempo. Toda una novedad en esos años, mientras los húngaros no alcanzaban a levantarse para patinarse nuevamente, los germanos avanzaban sin barreras, el desgaste era menor. Pero eso no tiene sentido a esta altura, Alemania fue campeón en la mejor de las leyes y mucho más a juzgar por la historia, ya que nada volvió a ser igual. Los teutones se convirtieron en una potencia futbolística y la maravillosa Hungría se diluyó con la Revolución Húngara en 1956.
Para los alemanes ese es el título mundial más valioso, el que les dio la posibilidad de finalizar de una vez por todas con la Segunda Guerra Mundial y de volver a mirar al mundo a los ojos, sin resentimientos ni rencores. Fue el justo premio para un pueblo oprimido que encontró en el Mundial de Suiza 1954 la maravillosa excusa para volver a ser feliz después de muchísimo tiempo.

martes, 27 de julio de 2010

No va más


A decir verdad, este desenlace no debería sorprender a nadie. El día de la eliminación del Mundial, Diego Maradona prácticamente dejó la renuncia sobre la mesa, tal vez el apoyo de la gente o la manifestación masiva pidiendo su continuidad lo hizo repensar la situación, pero no.
Quizás un poco por él, bastante por otros, pero Diego no seguirá siendo el director técnico, y personalmente me parece que está bien. El objetivo no se cumplió y sólo por cuestión de nombre, logró salir casi intacto de un 0-4 inolvidable. De haber sido otro su cabeza hubiese rodado hace rato.
La sobreinyección de confianza por los buenos resultados de la primera ronda nos hizo ilusionarnos con un equipo en el cual no teníamos fe, si lo pensábamos en frío (claramente en el Mundial esto es imposible) la selección no tenía ninguna chance contra sus similares de trabajo continuo y constante durante los cuatro años anteriores. Las individualidades llegaron hasta ahí y listo, equipo no había. El principal problema para los de afuera es que teníamos una esperanza gigante y cuanto más grande es esa esperanza, más duro es el golpe. Nuestra caída fue durísima.
Se va un ciclo donde las disputas personales fueron moneda corriente, la discrepancia permanente entre los que manejaron a la selección argentina impidió apuntar a una crítica constructiva para recomponer errores y cuando se discute sin autocrítica, se hace leña del árbol caído. Todos se deslindaron de culpas y patearon la pelota a la calle, así fue imposible establecer un proyecto serio.
Sin embargo el peor error de todos fue el exceso de soberbia que nos hizo pecar de inocentes aun creyéndonos vivos, quisimos manejar a todos con el discurso, la motivación y el trabajo relajado y no siempre es bueno eso, el “huevo, huevo, huevo” no alcanzó contra un equipo que jugaba bien al fútbol, porque ese era el tema, de eso se trataba, jugar al fútbol, y si pasábamos de Alemania, viniese el que viniese, hubiese sido igual. Era estirar la agonía, porque además esconder el fracaso detrás del orgullo es letal, y nosotros veníamos fracasando hace rato.
Lo cierto es que nos dejamos llevar por el entusiasmo desentendiendo a la razón, el partido a partido en un Mundial no existe, es la cúspide para la que se debe trabajar durante muchos años y la realidad marca que eso en Argentina no sucedió. Las consecuencias están a la vista y alguien tiene que pagar los platos rotos. Grondona, viejo lobo, intentó solucionar todo desde la comodidad de un supuesto proyecto, lo cierto es que invitó a Diego a irse de la mejor manera que pudo encontrar. Quedó limpio ante la mirada de todos los que no quieren ver la verdad, esa que indica que Diego no se fue, a Diego lo fueron. Y ojo que por ahí no está tan mal que así sea.

sábado, 24 de julio de 2010

El Robin Hood del fútbol


El fútbol contemporáneo nos tiene acostumbrados a que sus grandes estrellas deambulen a lo largo de su carrera por varios de los equipos más reconocidos del mundo y que esto no sea impedimento alguno para sembrar idolatrías y fetichismos. En los últimos 20 años hubo muchos directivos, representantes y sobre todo futbolistas que engrosaron sus cuentas bancarias a causa de las portentosas trasferencias logradas sin importar los colores o escudos que dejaron de lado. Pero el fútbol coetáneo también nos sorprende con excepciones que son dignas de resaltar, la historia de Matthew Le Tissier es una clara muestra de ello.
La vida le dio la oportunidad de elegir su bandera futbolística, ya que por ser oriundo de Guernsey, una pequeña isla situada en el Canal de la Mancha, tuvo la posibilidad de optar por la selección de Francia o Inglaterra, sin embargo su fuerte vinculación al Southampton le hizo escoger a los Pross.
Su maravillosa pegada ambidiestra que le llevó a convertir 49 de los 50 penales que ejecutó (solo Mark Crossley, arquero del Nottingham Forest, logró detenerle uno en 1993) y más aun su sorprendente capacidad goleadora, le hicieron un lugar entre los mejores volantes de los últimos tiempos. Sin duda alguna un mediocampista tan exquisito y habilidoso como él merecía un poco más en su carrera que pelear temporada tras temporada por la permanencia, pero su amor por la camiseta de los Saints lo mantuvo durante 15 campañas en el Saint Mary’s, donde desde su debut hasta su retiro jugó 540 partidos y convirtió 209 goles mientras rechazaba suculentas ofertas del Chelsea, Milan y Tottenham.
Del Victorian Former Ground no se llevo ningún titulo, por el contrario bajó de categoría dos veces, pero se quedó con el cariño eterno de una afición que lo catapultaba al estrellato cada vez que lo recibía al grito de “he is God, Le God”.
Su suerte con la selección inglesa fue muy distinta, su perfil bajo provocó la antipatía de la prensa que encontró la antinomia en Paul Gascoigne, el mismo que siempre lo eclipsó y le permitió mostrarse en tan solo 8 oportunidades en las filas de Los Inventores, además se quedó en las puertas de Francia 1998 cuando fue preseleccionado y finalmente excluido del plantel de 23 futbolistas que afrontaron la competición.
Decidió dejar el fútbol en el 2002 a los 33 años y a su partido despedida asistieron algunos de sus ex compañeros como Alan Shearer, Tim Flowers o Ronnie Ekkelund aparte de las 32.000 almas que coparon el estadio. Le God dijo adiós, pero nadie va a olvidar nunca como hacia parecer fácil lo difícil cuando con tiros de media distancia, boleas, medias vueltas o emboquilladas, desparramaba arqueros en sus intentos desesperados por detener las frías definiciones de Le Tissier que tenían como inexorable destino el fondo del arco.

miércoles, 21 de julio de 2010

Y el mundo conoció a Boca


El inicio del siglo XX tenía al fútbol en Sudamérica como una mera aventura amateur, de las raíces inglesas habían comenzado a formarse los primeros clubes y el profesionalismo del deporte era apenas un anhelo. La consagración de Uruguay en los Juegos Olímpicos de Paris en 1924 dejó muy bien parado al fútbol sudamericano, allí fue que Boca Juniors aprovechó ese cartel para convertirse un año después en el primer equipo argentino que participó en un torneo internacional.
El proyecto fue acercado al club por Zapater, Isasmendi e Ibáñez, los primeros empresarios del fútbol argentino, que tuvieron en cuenta la popularidad de Boca en el país para probar suerte en el Viejo Continente.
La delegación boquense estuvo encabezada por el vicepresidente Adelio Cariboni y el secretario Vicente Decap, y contó con doce jugadores del riñón del club entre los que se destacaban el arquero Américo Tesorieri, el capitán Alfredo Elli y los goleadores Domingo Tarasconi y Antonio Cerrotti. Además se reforzaron con cinco jugadores, entre los que estaban Cesáreo Onzari, figura de Huracán, y Manuel Seoane, quien fuese el goleador de la gira con doce tantos.
Así fue que se embarcaron a Europa el 4 de febrero de 1925 para llegar veintidós días después a España donde afrontaron el primer partido de la gira y derrotaron al Celta de Vigo por 3 a 1. Siguieron su camino en la Madre Patria logrando sucesivas victorias ante el Deportivo La Coruña, Atlético Madrid, Real Madrid y Espanyol de Barcelona, donde atajaba Ricardo Zamora y al que Tarasconi, tras previo aviso, le convirtió un gol desde veinticinco metros.
Boca tenía planeado seguir la gira por Francia cuando finalizara sus compromisos en la Península Ibérica, sin embargo dos derrotas consecutivas ante el Real Unión de Irún y el Athletic Bilbao, hicieron que los organizadores franceses den marcha atrás en su decisión, por lo que el próximo destino no fue París, sino Munich. En Alemania enfrentaron a conjuntos de Berlín, Leipzig y Frankfurt, entre los que se destacó un heroico empate logrado frente al Bayer Munich.
La buena performance mostrada en tierras teutonas, que le valió a los Xeneises el apodo de “Malabaristas del fútbol”, hizo que los franceses se arrepintieran de haber declinado el amistoso y los convocaron nuevamente para enfrentarse a un combinado de París. En la ciudad luz, Boca cerró la exitosa gira con una contundente victoria por 4 a 2 y con un balance más que positivo donde incluyó quince victorias, un empate y tan sólo tres derrotas.
Un dato curioso es que Boca no estuvo sólo durante la gira, junto al plantel y el cuerpo técnico, que constaba de Tesorieri y Elli al mando del equipo, estaba un escribano acomodado económicamente llamado Victoriano Caffarena que colaboró monetariamente pagando su pasaje y el de algunos jugadores y a su vez en la estadía europea por falta de personal especializado, hacía las veces de masajista y utilero. Allí nació el verdadero Jugador Número 12, al otro lado del Océano Atlántico y treinta años antes de que Alberto Jacinto Armando oficializara ese apodo para la parcialidad Azul y Oro en 1955.
Luego de treinta días en alta mar, el plantel arribó a Buenos Aires el 12 de julio de 1925 y fue aclamado por una multitud que los recibió como héroes. La AFA no se mantuvo al margen y por la exitosa gira denominó al club de La Ribera como Campeón de Honor.
Lo cierto es que el emprendimiento fue deficitario económicamente para el club y los empresarios, pero poco sentido tiene eso para el caso, porque la gira del 25’ fue el trampolín al éxito de uno de los clubes más populares del planeta, fue la oportunidad que tuvo el mundo para conocer a Boca Juniors.

lunes, 19 de julio de 2010

El murciélago del escudo


Los finales de los noventa eran tiempos en los que Europa estaba gobernada por los aristócratas del fútbol, aquellos intelectuales de la pelota como Steve McMannaman, Luis Enrique, Clarence Seedorf o Edgar Davids que aprovechaban su plenitud física para pasear su calidad por los campos de las ligas más importantes del mundo, pero aun dentro de ese grupo de elegidos había uno que se destacaba del resto, no era ni más ni menos que Gaizka Mendieta.
Quien fuese para muchos uno de los mejores mediocampistas de la historia descollaba por aquellos años en el Valencia de Héctor Cuper, el mismo que le había encontrado su posición en el mundo como centrocampista. Mendieta había llegado en 1992 desde el Castellón, su club de origen, donde se desempeñaba como lateral derecho. El primer tiempo como valencianista había sido complicado para él, pero con la llegada del técnico argentino su nombre comenzaría a tomar notoriedad.
Desde el centro del campo se hizo amo y señor del equipo, era el capitán indiscutido dentro y fuera de la cancha, el líder del vestuario y el comandante de las gestas del Valencia que ofrecía cátedra por Europa. Con goles increíbles desde media distancia y una capacidad de organización de juego envidiable, llevó al conjunto Ché a obtener la Copa del Rey de la temporada 98/99 en donde marcó un golazo frente al Atlético Madrid en el partido decisivo. También logró la Supercopa del mismo año al derrotar en la final al Barcelona.
Pero sin duda alguna, su momento de gloria lo vivió al alcanzar dos finales de UEFA Champions League consecutivas y a pesar de caer frente al Real Madrid y al Bayer Munich en 2000 y 2001 respectivamente, fue elegido en ambas ediciones como el centrocampista más valioso de la competición.
Su talento marcaba a fuego cada tarde en Mestalla y era el ídolo de la afición que lo apodaba “el murciélago del escudo” por su fuerte vínculo con el club. Y tenían razón, no existe historia del Valencia sin Mendieta y viceversa, estaban hechos el uno para el otro y eso se podía notar en cada pincelada del número seis cada vez que tocaba la pelota. Era un amor incondicional que se cimentaba en la magnitud y en la entrega del vasco que era capaz de todo por esa camiseta.
Sin embargo todo terminó en el verano del 2001, 48 millones de euros y los deseos de emigrar de Mendieta decretaron el punto final de la relación tras nueve temporadas al máximo nivel. La Lazio lo esperaba como su nueva figura para dar pelea en el siempre duro Calcio italiano. Pero algo salió mal, la carrera del rubio comenzó a desbarrancar inexplicablemente y el Mundial de Corea-Japón 2002 fue la confirmación de ello, era como si se hubiese olvidado de jugar al fútbol.
Intentó reinventarse en la temporada 02/03 cuando aceptó jugar cedido en el Barcelona, pero ya no era el mismo, volvió a decepcionar rotundamente y los catalanes se decidieron a no renovar el vínculo. Ya sin lugar en el conjunto romano fue cedido nuevamente, en aquella oportunidad su destino fue la Premier League, un Middlesbrough que intentaba dar el golpe de efecto lo fichaba con el objetivo de transformarlo en el abanderado de sus ilusiones. En Inglaterra se mantuvo durante cinco temporadas en las que, a pesar de haber obtenido una Carling Cup, prácticamente no jugó por una grave lesión que lo mantuvo inactivo durante un largo periodo.
Finalmente en el 2008 decidió colgar los botines luego de enterarse de que su club no le iba a renovar el contrato. Fue el típico caso en donde el fútbol abandona al futbolista cuando en realidad debería ser al revés, el retiro le llegó por obligación y mientras todos aun nos preguntábamos donde había dejado su fútbol cuando se marchó a Italia. Se alejó en medio de un silencio tan cruel como absoluto que su dilataba trayectoria no merecía.

sábado, 17 de julio de 2010

Salida a la muerte


Apenas alguna que otra picardía de Ángel Clemente Rojas y de Amadeo Carrizo habían avivado el aburrido River-Boca de la fría tarde de otoño del 23 de junio de 1968, el 0 a 0 inamovible se mantuvo hasta el final de un partido que se iba a meter tristemente en la historia por ser uno de los peores desastres evitables de la Argentina.
La tribuna visitante se situó en la Figueroa Alcorta del Monumental, aquel día los hinchas de Boca atestaron las salidas intentando abandonar el estadio lo más rápido posible, allí fue cuando comenzaron los empujones y los golpes, las avalanchas normales se profundizaron y la puerta 12 se convirtió en una trampa mortal para las 71 personas que no pudieron escapar de la tragedia.
Los hinchas que estaban más arriba comenzaron a presionar con mayor intensidad, había cientos de ellos encarcelando un descanso ubicado en un oscuro túnel que sólo tiene lugar para 15 aproximadamente y la tragedia se hizo realidad cuando los que estaban situados abajo comenzaron a perecer por la asfixia y los golpes.
Las causas nunca quedaron del todo claras, para muchos las persianas estaban cerradas, para otros estaban abiertas pero con los molinetes colocados, y la versión más oficial dentro de la informalidad dice que la policía se había aprestado en la puerta para detener a la barra de Boca, que había provocado disturbios durante el partido y había entonado la marcha peronista, algo inadmisible en tiempos del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía. Al cruzarse, comenzaron a forcejear y mucha gente cayó formando un tapón humano.
La justicia intentó hacerse cargo de los hechos, pero finalmente no hubo culpables y todo quedó impune, sólo dos directivos de River tuvieron causas penales en su contra que luego fueron archivadas por presión de la AFA y del propio club de Nuñez, que indemnizó a los familiares de las victimas para que estas no iniciaran juicio alguno.
La tragedia de Heysel, en la final de la Champions de 1985 entre la Juventus y el Liverpool en Bélgica donde murieron 35 personas, desde un principio estuvo emparentada al desastre de la puerta 12, sin embargo en ese caso Inglaterra se replanteó seriamente la política de seguridad en las canchas y la UEFA castigó duramente a los clubes británicos, prohibiéndoles participar en competiciones internacionales durante los cinco años posteriores, mientras que para los de Anfield la penitencia fue de diez. De esta forma se aseguraron que un hecho similar jamás vuelva a suceder, en contrapartida, en Argentina cambiarle el nombre a la puerta (ahora en vez de 12 se llama L) deja latente la posibilidad de que vuelva a suceder un evento de similares características.
Fue una de las pocas veces en nuestro país donde el resultado de un superclásico dejó de tener importancia desde el momento en que la historia del fútbol argentino se tiñó de sangre para siempre en memoria de todos aquellos que no pudieron huir del destino trágico que les tenía preparado la negligencia e irresponsabilidad de los que manejaban (y manejan) tantas vidas humanas cada vez que vamos a la cancha. Velemos porque no vuelva a repetirse.

jueves, 15 de julio de 2010

El circo romano


Sin duda alguna, la eliminación del Mundial con baile incluido ante Alemania fue un duro revés para la reclamada generación campeona del mundo en 1986, la misma que tuvo a Diego Maradona como cerebro del proyecto y a varios de los integrantes del plantel de México en diversas funciones en mayores y juveniles.
El virtual fracaso de Sudáfrica 2010 supuso el fin de un ciclo para muchos, así lo entendieron desde la AFA y sobre todo Julio Grondona, que impulsado por los anti-Maradona del Comité Ejecutivo, se decidió a un cambio. Diego por su parte también sabe que se le acabó el crédito, dejó de ser inmune y si quiere continuar va a tener que respetar decisiones que se le van a imponer desde arriba.
Lo cierto es que es razonable, es necesario buscar respuestas dentro de un cuerpo técnico dividido para no volver a cometer los mismos errores. Para encabezar la renovación, Grondona intenta en vano comunicarse con Diego, pero la falta de respuestas no lo inquieta, al contrario, le permite crear una estrategia que no lo encuentre desarmado ante los potables caprichos del Diez que no va a aceptar cambios directos en su cuerpo técnico, mucho menos la partida de Alejandro Mancuso, uno de sus principales laderos al que desde la AFA quieren darle salida.
Grondona también es conciente del manoseo que se llevó a cabo con Bilardo, que acepta inerte que se juegue con su capacidad y su trayectoria, sin embargo quiere mantenerlo por el hecho de considerarlo un buen caudal en la reforma de la conducción, donde piensan incluir a Fernando Gamboa, Nery Pumpido o Jorge Burruchaga.
Hasta aquí todos los puntos planteados refieren expresamente a temas futbolísticos, sin embargo a partir de esto se presenta una ambivalencia. La AFA tiene relación con el gobierno desde la estatización del fútbol y de a poco fueron acercándose a Diego, sin ir más lejos Aníbal Fernández, incapaz de contrariar a los Kirchner, luego de la eliminación argentina fue voz y voto del actual mandato declarando que el gobierno quiere que Maradona continúe al frente del seleccionado.
El deseo viene desde el momento en el que la sociedad y los medios comenzaron a darse cuenta de que el kirchnerismo no es invulnerable y se decidieron a buscar una figura de peso para impulsar la candidatura y para eso que mejor imagen que Diego al frente de la selección, pero el gobierno confundió los caminos y convirtió en deportivos los problemas políticos, tan así que a todos los detractores de Maradona los emparentó con la oposición y el Grupo Clarín y a los defensores del técnico, como parte del proyecto.
Grondona lo sabe a esto y por eso se decidió a ofrecer un contrato de cuatro años que en caso de concretarse se va a poner a prueba en la Copa América del año que viene a disputarse en nuestro país. Comprendió que acercarle al seleccionador una propuesta de renovación menor iba a ser sinónimo de inmolarse y optó por buscar el recambio por otra parte, quiere un plan serio que recaiga en nombres importantes que sepan guiar al técnico argentino.
A las claras ofrecerle un contrato con estos requisitos a Diego conociendo su postura parece ser una invitación a que deje la selección, sin embargo desde la AFA saben que algo tiene que cambiar pero que a su vez echarlo es una de las peores decisiones que pueden tomar en una dirigencia tan cuestionada. Hasta que Maradona se digne a reunirse todo quedará en una incógnita, aunque por lo pronto esto comienza a convertirse en una cuestión de estado donde cada uno defiende sus intereses, aun por encima de la selección.

martes, 13 de julio de 2010

The flowers of Manchester


En los años cincuenta, el Manchester United era un equipo prominente que se floreaba por Europa en franco crecimiento de la mano de Sir Matt Busby, un entrenador que había logrado sacar lo mejor de Duncan Edwards, quien por entonces era un jovencito apodado “Marble Boy” que daba cátedra con su fútbol exquisito y su remate ambidiestro.
Por aquellos años, el viejo continente era dominado por el Real Madrid de Alfredo Di Stefano y Ferenc Puskás, los mismos que habían comandado a la Casa Blanca a la obtención de cinco Copas de Europa en forma consecutiva, sin embargo el mundo hablaba de los Diablos Rojos como los únicos capaces de destronar a los españoles, y razones para hacerlo tenían de sobra, Busby había rodeado a Edwards de otras figuras como Roger Byrne, el “Hombre gol” Dennis Viollet y Tommy Taylor. El éxito tarde o temprano debía llegar para adornar las vitrinas de Old Trafford.
Pero el destino quiso que todo cambie un 6 de febrero de 1958, el cuerpo técnico y los jugadores del Manchester United regresaban en avión desde Belgrado, donde habían logrado la clasificación a las semifinales de la Copa de Europa frente al Estrella Roja. Las crónicas de la época revelan que el trayecto Rusia-Inglaterra de ese vuelo incluía una parada en Munich, allí fue donde las precarias comunicaciones de aquellos días desataron la tragedia.
El duro invierno europeo hizo que la pista de aterrizaje se congele y cuando James Thain, el aeronauta de aquel vuelo, pudo advertir que esto sucedía, ya era tarde. Los sucesivos intentos por remontar la aeronave fueron en vano y cuando el piloto pudo alcanzar la altura adecuada para despegar nuevamente, una falla en uno de los motores provocó la caída en un terreno lindante al aeropuerto.
Luego del recuento de víctimas fatales pudo saberse que el número ascendía a veintitrés, entre ellos siete jugadores del United, Geoff Bent, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Liam Whelan. Los otros quince fallecidos se repartieron entre aficionados, periodistas y asistentes del club que también formaban parte de la tripulación. Paradójicamente y como una luz de esperanza hacia el futuro, la tragedia mantuvo con vida a Duncan Edwards, sin embargo las graves heridas hicieron que pereciera dos semanas después del accidente en un hospital de Munich. Jackie Blanchflower y Jhonny Berry pudieron salvar sus vidas, pero las delicadas lesiones que sufrieron truncaron sus carreras futbolísticas.
Aquella temporada los “Busby Babes”, tal cual eran apodados, marchaban en la primera colocación de la liga. Tras el accidente apenas pudieron alcanzar el noveno puesto y a pesar de llegar a duras penas a la final de la FA Cup, cayeron frente al Bolton.
La reconstrucción del equipo se cimentó en Matt Busby, el escocés había logrado salir ileso del accidente junto a un tal Bobby Charlton, quien sumado a Dennis Law y un joven George Best, formaron la temible delantera conocida como la Santísima Trinidad y lograron darle al Manchester United la Copa de Europa diez años después de la tragedia.
Aquel fugaz equipo guardará por siempre un lugar privilegiado en la retina de Old Trafford, donde el espíritu de los protagonistas de Munich aun regocija con buen fútbol el recuerdo de aquellos que pudieron disfrutarlos, mientras que para los más jóvenes, un reloj ubicado en el corazón del “Teatro de los Sueños” marca con exactitud la fecha y hora del desastre rescatando del olvido a las víctimas fatales.

lunes, 12 de julio de 2010

Y se terminó


Desde ayer Sudáfrica 2010 pasó a ser historia. Reciente, pero historia al fin. Positiva para algunos, negativa para otros, inolvidable para nadie. Se nos fue una Copa del Mundo más, la que seguramente será recordada por la polémica Jabulani, las insoportables vuvuzelas y los presagios del pulpo Paul.
Se acabó el Mundial en el que brillaron los sudamericanos en primera ronda y los europeos en la fase final, Holanda borró a Brasil y Alemania despidió a Argentina con una goleada histórica. El mejor de América fue Uruguay, el último de los 32 países clasificados que terminó cuarto y tuvo a Diego Forlán como Balón de Oro.
España fue el mejor, se pudo levantar de un comienzo doloroso con derrota ante Suiza y supo ser el más regular, coronó con éxito la labor de una generación dorada fruto de años de trabajo. La Masía fue el estandarte del campeón del mundo con los Fábregas, Iniesta, Xavi y Piqué. Del otro lado estuvo la Naranja Mecánica de Sneijder, Robben y Van Bommel, el subcampeón que resignó el mejor fútbol para el más importante de los partidos. Holanda no pudo cumplir y vencer en la tercera, la revancha tendrá que seguir esperando.
Fue el Mundial también de Mesut Ozil y Thomas Muller, los pibes alemanes que se pusieron al hombro una selección histórica que con un presente nefasto apenas se podía jactar de sus pergaminos. Con mucho fútbol abandonaron Sudáfrica con la medalla de bronce brillando en el pecho y un futuro por demás promisorio.
¿Y Argentina? La selección de Diego nos ilusionó a todos pero nos devolvió a la tierra de un plumazo con un 0-4 difícil de digerir. Lionel Messi siguió el rumbo de las grandes figuritas del torneo, ni Cristiano Ronaldo, ni Kaka, ni el crack del Barcelona pudieron pasear su fútbol por la tierra de Nelson Mandela.
Así cerramos el Mundial de Sudáfrica 2010 en Fobal2000 y volvemos a la normalidad del sitio. Hasta Brasil 2014, y que ahí sí por fin, sea con gloria celeste y blanca.

domingo, 11 de julio de 2010

Campeón sublime


Una final de Copa del Mundo otorga la posibilidad de ascender al máximo pedestal, la victoria y la derrota abren el mayor de los abismos entre quedarse con todo o no tener nada y es una guerra sin tregua donde el perdedor no tiene consuelo. En ésta oportunidad la cita con la gloria la tenían Holanda y España, dos escuelas tan similares como antagónicas que buscaban un lugar en la historia.
Era la inexorable búsqueda de un nuevo campeón, alguno de los dos iba a escribir su nombre por primera vez en los libros del fútbol grande. Holanda perseguía el deseo de convertir en realidad aquel adagio que afirma que la tercera es la vencida, mientras que España pretendía coronar un sueño que comenzó en 2008 con la obtención de la Eurocopa.
La imponente ceremonia de clausura abrió el fuego hacia una de las mejores definiciones de un Mundial en los últimos años. Cargada de emociones, fue una final que lo tuvo todo, cada acción fue digna de un partido de dichas características.
De movida ambos equipos intentaron apostar a su fútbol y España demostró un poquito más, aunque en parte fue por el árbitro que condicionó rápido a los holandeses con amonestaciones inmerecidas. Excepto un cabezazo de Sergio Ramos que Stekelemburg envió al corner con gran destreza, el primer tiempo no regaló mucho más.
La segunda mitad se vivió con más desparpajo, ambas selecciones se perdieron el respeto y el cansancio abrió muchos espacios, uno de ellos no pudo ser aprovechado por Arjen Robben a pase de Sneijder, el jugador del Bayer Munich encaró a Casillas que le ganó el mano a mano rechazando la pelota con el pie derecho. Sin embargo Cesc Fábregas en una circunstancia similar devolvió gentilezas ante el portero holandés rematando al cuerpo del futbolista del Ajax.
A lo largo de los noventa minutos, España no supo como encontrar la manera de entrarle a un equipo que se defendió con uñas y dientes, tuvo enfrente a un grupo de trabajadores laboriosos que perseguían una causa común, a veces abusando del juego brusco es verdad, pero jamás renunciando al buen fútbol que lo depositó en la final. Holanda fue un equipo muy distinto de la mitad de cancha para adelante, atrás fue una defensa ordenada con los laterales contenidos y con dos centrales que quitaron todo y jugaron al límite, dando el pase al frente en el momento indicado y anticipando cada jugada con una lectura muy inteligente.
Adelante los de Bert Van Marwijk dejaron todo, Van Persie corrió cada pelota como si fuese la última, pero se lo vio resignado ante Piqué y Puyol que le cerraron muy bien el camino tal cual hicieron con Robben. Wesley Sneijder fue el mejor en Holanda y el que más gravitó en las inmediaciones del área contraria aunque no gozó de posibilidades para patear al arco. El partido se esfumó con un 0 a 0 inamovible.
El suplementario le dio ingreso a un Rafael van der Vaart que supo darle aire a la mitad de cancha de Holanda que tenia a Van Bommel dejando la piel, pero al borde de la expulsión, mientras que Vicente del Bosque intentó convertir a Jesús Navas en el abanderado español, aunque a pesar de empujar no estuvo fino. La segunda mitad del suplementario dio un vuelco tras la segunda amarilla a Heitinga, allí España se decidió a ganarlo, sin perder el orden empezó a inclinar la cancha y se llevó por delante a su rival que buscaba quemar el tiempo para llegar a los penales.
Todo indicaba que la de Sudáfrica iba a ser la segunda final consecutiva que se definía desde los doce pasos tras la victoria de Italia por esa vía en Alemania 2006, pero el fútbol cerebral de Andrés Iniesta tenía planeado otra cosa, tras el pase de Xavi luego de una contra de la Furia, el jugador del Barcelona se encontró sólo frente al arquero, tuvo tiempo de aguardar que baje la pelota y rematar de bolea para fulminar las ilusiones de la Naranja Mecánica y desatar el júbilo hispano.
No quedaba mucho más por hacer, con la pelota dominada dejaron pasar los minutos que los alejaban del momento más memorable de todos, el de la recibir la copa a manos de su capitán Iker Casillas que puso en todo lo alto el triunfo del fútbol elegante.

sábado, 10 de julio de 2010

Heroico Uruguay


Alemania volvió a repetir la actuación de hace cuatro años atrás, cuando de local y tras caer en semifinales frente a Italia, derrotó a Portugal otorgándose se así el tercer puesto del Mundial. Bien merecido lo tiene, desplegó a lo largo de la competición un gran fútbol y derrotó sin atenuantes a todos sus rivales de turno.
Ahora quiero destacar la labor de Uruguay, el mejor de los sudamericanos que fueron la sorpresa de la fase de grupos, el último de los 32 clasificados a la Copa del Mundo, el que tuvo que derrotar a Costa Rica en el repechaje. ¿Quién lo iba a decir? Fue el abanderado de América hasta el final. Con las decepcionantes eliminaciones tempranas de Brasil y Argentina, los charrúas tomaron la posta de la Conmebol y terminaron cuartos.
En la primera ronda se sobrepusieron al grupo de la muerte, tras empatar sin goles con Francia en el primer partido, obtuvieron sendas victorias sobre Sudáfrica y México. Con la clasificación en el bolsillo enfrentaron en octavos de final a Corea del Sur, pero gracias a un Luis Suárez iluminado que redondeó una muy buena actuación, pudieron dejar en el camino a los siempre complicados asiáticos.
En cuartos los esperaba Ghana que venía de eliminar a EEUU en el suplementario y tras empatar por intermedio de Diego Forlán, volvieron a someter a los africanos al alargue, allí estuvieron a punto de perder el partido de no ser por el travesaño que convirtió a Gyan en villano. En la definición por penales Fernando Muslera detuvo dos y Sebastián Abreu hizo gala de su apodo cuando definió la serie con su penalty “a lo Panenka”. Holanda se convertía en el próximo escollo a superar.
Las semifinales enfrentaron la garra oriental con el fútbol champagne holandés, sólo el tempranero zapatazo de Giovanni van Bronckhorst pudo domar a los leones de Oscar Washington Tabárez que a pesar del buen gol de Cachavacha, no pudieron torcer la historia ante Arjen Robben y Wesley Sneijder. Finalmente Maximiliano Pereyra puso cifras definitivas y el 3 a 2 a favor de Holanda dejó fuera de la lucha por el título a Uruguay.
Aun quedaba una batalla más, la del menospreciado tercer puesto, sin embargo la Celeste lo jugó como una final al igual que Alemania y ambos nos regalaron un gran partido cargado de emociones. Los teutones se adelantaron por el gol de Muller y más tarde un quite esplendido de Diego Pérez, que fue una fiera en los siete partidos, habilitó a Edinson Cavani para defina frente al arquero y logre el 1 a 1 momentáneo. El segundo tiempo posibilitó el tanto que adelantó a Uruguay y fue obra de Diego Forlán que marcó su quinto gol en Sudáfrica e igualó la línea de David Villa, Thomas Muller y Wesley Sneijder en la lucha por ser el máximo anotador del certamen. Alemania logró dar vuelta el resultado gracias a Jansen y Khedira y así se quedó con el último escalón del podio que no hace menos meritoria la participación de Uruguay, el orgullo de Sudamérica.

miércoles, 7 de julio de 2010

La Roja mecánica


Era uno de esos partidos que son distinguidos como finales anticipadas, de los que te llevan a todo o nada y España supo jugarlo mejor. Alemania fue una sombra de aquel equipo que goleó a Argentina, fueron superados en todos los aspectos y por momentos cayeron en una mediocridad absoluta.
Sin Muller y con Schweinsteiger levitando sin ideas por el campo, los germanos le entregaron el partido a la Furia, cedieron la pelota e inconcientemente llevaron a los de Vicente del Bosque al fútbol que más les conviene. Con el dominio español, Xavi e Iniesta se convirtieron en demonios para una defensa tan fuerte como limitada, por abajo la pelota se filtró siempre y Pedro, que reemplazó a Fernando Torres, volvió loco a Per Mertesacker.
Luego de un primer tiempo en el que no se sacaron ventajas y que recién se agitó sobre el final con un presunto penal de Sergio Ramos sobre Ozil, la segunda mitad se convirtió en un monólogo de España, Xabi Alonso manejó el balón y habilitó en varias oportunidades a David Villa con pases quirúrgicos que la nueva estrella del Barcelona no pudo conectar al gol. El Guaje no estuvo del todo fino.
Pero el tanto estaba al caer, de tanto ir España algo tenía que llevarse y así fue, luego de un corner cedido por Phillip Lahm, Xavi sacó una vez más el guante de su pierna diestra, lo lustró y le colocó una habilitación magistral a Carles Puyol, que con el saltó de su vida generó el más imponente de los cabezazos y adelantó a su equipo. El 1 a 0 se convertiría, minutos después, en lapidario.
A partir de allí el nerviosismo se apoderó de los teutones, sin mucho más para perder y con las cartas sobre la mesa, fue a matar o morir, a todo o nada en esa genocida ruleta rusa que nos ofrece el fútbol cada vez que la mínima diferencia comienza a generar un abismo entre la permanencia y la eliminación. España fue todo lo contrario, se mantuvo paciente y dejó que el reloj haga lo propio al mismo tiempo que la historia escribía un nuevo capitulo de gloria. Pitazo del árbitro y la Roja a la final.
Si algo se le puede reprochar al finalista es que le cuesta mucho traducir en gol las infinitas oportunidades que genera y eso contra un rival de cuidado como lo es Holanda, con mayoría de futbolistas de buen pie, lo puede pagar muy caro. Por lo pronto no muestra otras falencias y sigue sorprendiendo al mundo cada vez que pisa un terreno de juego, el domingo la mejor selección hispana de todos los tiempos puede sellar el final feliz de esta historia. Aunque ojo con la Naranja Mecánica. ¿Acaso no dicen que la tercera es la vencida? Lo cierto es que pase lo que pase, habrá un nuevo y distinto campeón.

domingo, 4 de julio de 2010

Pasada la tristeza, el análisis


Que complicado se torna hacer un repaso del Mundial cuando este aun no terminó, que difícil que es volverse a casa antes de tiempo y abandonar una ilusión de cuatro años en apenas noventa minutos, todo se reduce a nada con una eliminación absolutamente merecida ante un rival que se llevó los cuartos de final con la simpleza de un entrenamiento.
Todo parecía un sueño después de la victoria frente a Nigeria en el debut, independientemente de la mínima diferencia, el gol de Gabriel Heinze le daba crédito al banco de Diego Maradona, Lionel Messi a pesar de que no lograba convertir demostraba, por momentos, ser el del Barcelona. La cuenta pendiente era la defensa, con el correr de los partidos seguramente iba a lograr afianzarse. Lastimosamente no fue tan así.
El 4 a 1 frente a Corea del Sur fue el verdadero incentivo para un pueblo que se rindió ante la selección en su camino a la gloria, todo indicaba que podía ser nuestro Mundial, no se trataba de menospreciar a los demás, simplemente de confiar en nosotros mismos. Esa quizás era la virtud del equipo, del cuerpo técnico y de todos los que seguíamos con atención la campaña argentina.
Los tres goles de Gonzalo Higuaín daban confianza y a su vez encendían las alarmas de los contrarios, que veían que la Pulga jugaba cada vez mejor y que el gol propio era cuestión de tiempo y un poquito de suerte abnegada por el palo y los porteros. Sin embargo aun la zaga continuaba dando ventajas, un grueso error de Martín Demichelis puso en vilo a todos cuando el partido pintaba encaminado. Finalmente el ingreso de Sergio Agüero devolvió las cosas a su lugar.
Con la clasificación prácticamente concretada, el último escollo de la primera ronda era una débil selección de Grecia que debía golear para dejar afuera a la albiceleste. Finalmente el milagro heleno no se concretó y los tantos de Demichelis y Palermo ponían a la Argentina en octavos de final con puntaje ideal.
Llegaba la hora de la verdad, cuando muchos decían que no habíamos jugado contra nadie, algunos preferimos no escuchar, elegimos seguir creyendo. México y Carlos Salcido nos dieron un adelanto de lo que vendría después, no éramos lo que muchos creímos, éramos lisa y llanamente un equipo más con los mismos sueños de cualquier otro, simplemente eso, uno más. Lo que tanto nos costó aprender. Así y todo fue una victoria inobjetable por los propios errores aztecas y un par de regalitos del árbitro. Aunque la defensa…
Los cuartos te dan la posibilidad de ver las semifinales a la vuelta de la esquina, al alcance de la mano. Pero ahí también empieza el verdadero Mundial, el de los mejores. Ahí no dimos la talla. Contra Alemania desnudamos todos los errores que las demás selecciones por sus limitaciones nos perdonaron. Muller y Klose pusieron en evidencia el nerviosismo de Nicolás Otamendi y de una defensa que jamás respondió, el mediocampo se redujo al corazón de Javier Mascherano, que dejó la piel pero se vio abatido por la soledad y termino rendido.
Los teutones nos dieron una lección de fútbol, fue una derrota sin atenuantes. Los cambios llegaron tarde y cuando hubo que quemar las naves ya era tarde, el 2 a 0 fue irremontable e inmediatamente el tercero fue una puñalada. El goleador del Real Madrid nunca pudo tomar contacto con la pelota, Messi continuó en su tendencia de ir de mayor a menor a lo largo del torneo y las ganas de Carlos Tevez no alcanzaron. Apenas destellos de Di María que tampoco fue demasiado. El 4 a 0 fue tan cruel como objetivo. El colectivo imaginario acabó derrotando la falta de ideas individuales y el pasaje de vuelta hacia Ezeiza signó la realidad de un equipo que jamás mereció denominarse así.
Personalmente tanto el partido contra Alemania como el Mundial en sí me dejaron muchas reflexiones, por empezar, que un galardón así no entiende de cucos o de historia, simplemente destaca el oportunismo y la concentración de un equipo que se hace en apenas tres fechas de primera ronda y se extingue en cuatro más de fase final, aun así logre el campeonato. Cada Copa del Mundo marca su propio sello y nadie queda exento de ello. Por otra parte, creo que la sobrealimentación de ilusión en cada uno de nosotros y el sentirnos los mejores por un rato terminó por convertirse en un mensaje subliminal que llevó a los de Diego Maradona a mostrar la peor imagen. El buen comienzo maquilló las múltiples falencias de un grupo que hoy por hoy, sin sentirse menos que nadie, no puede presumir de estar a la altura de las selecciones que disputan las semifinales. De todas formas y a pesar del final anunciado, fue lindo mientras duró.

sábado, 3 de julio de 2010

El dolor de ya no ser


No se muy bien que escribir sobre la eliminación de Argentina, ni siquiera se si tengo ganas de hacerlo. Estoy oscilando entre llorar y romper todo, por eso prefiero escribir. Esto nos duele a todos los argentinos por igual, no dudo de los jugadores ni del cuerpo técnico, se que dejaron todo y sólo tengo palabras de agradecimiento hacia ellos porque nos hicieron soñar, con errores y aciertos, pero nos crearon una ilusión después de mucho tiempo.
Lo que más me duele personalmente es que siento que perdimos una generación de futbolistas increíbles, no creo que Argentina alguna vez en la historia de los mundiales haya tenido un plantel de tanto renombre. Tal vez volverse en cuartos de final con este equipo es un desperdicio, de todas formas estoy orgulloso de ellos.
Del encuentro no vale la pena hablar, todos sabrán cual fue el resultado y decir más sería redundar. Lo cierto es que nos superaron bien, por momentos hubo un sólo equipo en la cancha y la derrota fue inobjetable.
Se quebró la ilusión nuevamente contra Alemania, como hace cuatro años atrás. Aun es demasiado temprano para pensar en el futuro, más adelante se verá si el trabajo fue bueno o no, de cada caída se aprende, sin embargo parece que estamos condenados a instruirnos en estos últimos años.
Mi deseo de ver campeón a Argentina deberá seguir esperando. Habrá que tomarse el tiempo necesario para elaborar el duelo y levantarnos como tantas otras veces lo hicimos, el sentimiento de quedarse afuera de una fiesta que consideraste tuya antes de tiempo desde la inocencia de la esperanza es un golpe durísimo, se los aseguro.
No tengo mucho más que decir, espero que sepan entender lo escueto de este artículo y les pido disculpas a los que esperaban un resumen del partido, a ellos les digo que me es imposible hacerlo. A pesar de todo, ¡Vamos Argentina! Ahora más que nunca.

viernes, 2 de julio de 2010

Lo emblemático de la historia


Los cuartos de final de Puerto Elizabeth sin dudas serán una de esas instancias que, dependiendo de los resultados finales, puede quedar en la historia de los mundiales. Fueron dos partidos totalmente distintos con quince minutos de diferencia, el entretiempo marcó un antes y un después para ambos equipos.
Holanda en el primer tiempo fue la sombra de Brasil, apenas atinó a mirar como sus rivales movían la pelota de lado a lado con total dominio, así Robinho obedeció una de las máximas del futbol: los cariocas convierten goles al principio o al final de cada tiempo. Brasil hacía jugo con la naranja mecánica.
Pero algo en el segundo periodo cambió, tal vez la arenga, tal vez la convicción, nunca lo sabremos, pero que cambió es un hecho. La sombra esta vez fue Brasil, todo lo bueno que había regalado en el comienzo se le volvió en contra, el mediocampo empezó a ceder la posesión y cuando los tulipanes se agigantaban y se iban contra el arco de Julio César, los dirigidos de Dunga recurrieron a las faltas contra un Arjen Robben incontrolable.
Así fue que Holanda llegó a la igualdad, una falta en el medio, un saque corto y un centro envenenado de Wesley Sneijder que Felipe Melo y el arquero del Inter no supieron resolver, la vieron entrar simplemente. El 1 a 1 fue el punto de inflexión para que los de Bert van Marwijk empiecen otro partido, ese que se juega con los nervios de Brasil y la desesperación de Dunga que miraba el banco de suplentes en busca de una respuesta que jamás llegaría.
Inmediatamente Van Persie ganó un corner desde la derecha, Robben se dispuso a lanzarlo y después de que Kuyt la peine en el primer palo, otra vez el ex jugador del Real Madrid batió a Julio César, el 2 a 1 era la sorpresa del mundo, como acto seguido la expulsión de Felipe Melo por el pisotón sobre el número 11 holandés lapidó las posibilidades de su selección.
A pesar de las ganas y el empuje de Brasil en el epilogo, Stekelenburg respondió perfectamente cuando lo exigieron, el triunfo se convirtió en realidad y Holanda luego de 12 años logra llegar a una semifinal nuevamente. Los siguientes anfitriones de la Copa del Mundo se vuelven mucho antes de lo esperado.
Del ganador de Uruguay-Ghana saldrá su rival, por lo pronto la naranja mecánica buscará emular a aquel equipo de Johan Cruyff, Jhonny Rep y Ruud Krol. Eso sí, intentarán cambiar el conocido final de Alemania 1974, la historia los avala.