jueves, 30 de septiembre de 2010

Morir un poco


Era una tarde como cualquier otra pero pintaba diferente, no me pregunten por qué. El futuro esa tarde, justo esa tarde, no parecía ser muy alentador. El camino a la cancha de siempre era más triste que de costumbre, el anochecer nublado no ofrecía demasiadas garantías. Esa alegría que partido tras partido acompaña a los fieles hinchas en su caminata hacia la tribuna esta vez era una triste mueca de melancolía.
Los corazones golpeados y los santos cansados que ya no escuchaban plegarias daban inicio a un partido que iba a ser inolvidable. Se convertiría en uno de esos recuerdos que por mucho que me empeñe en olvidar no puedo sacar de mi mente. Ese día la postal era triste, desgastada. Los ánimos de la tribuna visitante no encontraban el eco de siempre en la local. Ni siquiera las ganas de los jugadores contagiaban a tantos fanáticos presos del destino de su equipo.
Sin más que un cero a cero aburrido el entretiempo agigantaba el letargo y las esperanzas se consumían al ritmo de que en otro lugar un resultado signaba nuestra suerte. No había mucho por hacer, simplemente era morir un poco. Los que piensan que es una apreciación exagerada por tratarse lisa y llanamente de fútbol es porque nunca lo sintieron, hasta el más fuerte de los hinchas se quebraría ante aquella imagen de desazón.
Dicen que los hombres no lloran pero esa vez no lo pude evitar, era todo muy raro, una sensación extraña que venía de alguna parte de mi alma se adueñaba de mis sentidos. Un pedacito de mí se iba con ese sentimiento. Mientras tanto el pronóstico no fallaba y la lluvia decía presente en la peor de las nostalgias.
Los últimos minutos no hacían otra cosa que estremecer aun más la tarde. El himno futbolero más triste que pude escuchar en una cancha lo conocí esa tarde. El “vamos a volver” unía en un abrazo eterno a todas esas mismas almas que alguna vez festejaron juntas y me terminaba de demostrar que por mucho que intentara jamás me podría despertar de semejante pesadilla.
En aquella oportunidad fue apenas el calor de esa gente la que me rescató del dolor de ya no ser y de cualquier complejo de inferioridad que me hubiese impedido mirar al futuro con ilusión. Ese gesto de una multitud muy distinta unida por los mismos colores me demostró que no hay amor más grande que el que se siente cuando tu equipo del alma te mira con la resignación de su orgullo maltrecho.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

No se pinchó


Era un partido bisagra para ambos, de esos que pueden darte un envión anímico muy importante si ganas a esta altura del torneo o pueden hundirte en caso de perder. Con urgencias diferentes pero fines comunes, Estudiantes y Gimnasia reeditaban una vez más el clásico de La Plata en busca de una victoria y los tres puntos.
Suele decirse que estos son partidos diferentes, ajenos a la realidad que azota a los equipos que se enfrentan, aunque sin embargo esta fue una excepción. De principio a fin el dominador absoluto fue Estudiantes, no le dio tregua al Lobo que llegaba golpeado por los pobres resultados que viene cosechando a lo largo del torneo y le dio un golpazo.
El Pincha fue superior desde el primer momento, con un planteo bastante dispar que contaba con Leandro González solo arriba pero con un mediocampo con más protagonismo en ataque que en defensa, doblegó a Gimnasia que intentaba salir de los aprietos como podía. Con el correr de los minutos era Gastón Sessa el único que salvaba la ropa de su equipo.
Pero de tanto ir el gol estaba al caer y cayó nomás, Federico Fernández apenas tuvo que poner la cabeza tras un fortuito centro de Rodrigo Braña para poner adelante al León. A partir de ahí se abrió el partido, Gimnasia se terminó de derrumbar y Estudiantes aprovechó la situación. Faltaba solo el último golpe para cerrar un partido más accesible de lo planeado.
Y fue Juan Sebastian Verón el encargado de terminar con las ilusiones de los Triperos. Se escapó de una defensa con muchísimas falencias, se fue tanto que Fabián Rinaudo no supó frenarlo y terminó cometiéndole penal. La Brujita lo cambió por gol y se acabó lo que se daba.
La segunda mitad estuvo de sobra, Gimnasia no se pudo levantar y Estudiantes se dedicó a regular, la expulsión de Rinaudo fue el cierre de una tarde oscura, oscurísima para el Lobo que se hunde en sus propios errores y desaciertos.
La diferencia que no se vio en el color de las tribunas, estuvo presente en la cancha, Estudiantes se recuperó de una experiencia continental poco feliz y no solo dejó a su eterno rival en la última colocación y sin técnico, sino que además se puso por encima de todos. El León no se Pincha.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El gran capitán


El dorsal número seis grabado en una camiseta del Milan, el corazón Rossonero y la estampa de un guerrero brillando en el San Ciro al mismo tiempo que levanta la Champions como muestra de una heroica victoria son características que solo pueden referirse a un hombre: Franco Baresi.
Fundador junto a Silvio Berlusconi y a Arrigo Sacchi del mejor Milan de todos los tiempos, supo como defender con grandeza durante dos décadas los colores que llevaba tatuados en el alma. Fue un tremendo jugador, se adueñó de la zaga central a los dieciocho años para no dejarla nunca más, era un defensor inteligente, tiempista, con una visión de juego formidable y con una potencia física imponente que sumada a su capacidad de quite le permitían jugar duro sin ser ningún rústico, más bien todo lo contrario. En sus espaldas se labró el mejor Milan de la historia, el más exitoso y adelantado.
Fue el cerebro de una de las mejores defensas del mundo, Tassotti-Costacurta-Baresi-Maldini era la formula infranqueable del equipo de Sacchi. Realmente fue único, cualquiera que quisiese convertirle un gol al Rossonero por aquellos años debía pasar inexorablemente por encima de su cadáver. No daba ventaja alguna.
La selección italiana le dio vida al sueño de Baresi de ganar un Mundial, luego de obtener el de España 1982 y de estar ausente en el celebrado en México cuatro años más tarde, fue parte de la decepción de Italia 1990. En Estados Unidos 1994 el destino se cruzó en su camino de gloria, aquella tarde su penal fallado le quitó la posibilidad a los italianos de ser tetracampeones del mundo. Ese mismo año abandonó la absoluta.
Baresi con la fortaleza de los grandes se levantó para seguir luchando y cosechando títulos hasta que en 1997 decidió ponerle punto final a su carrera profesional. Sentía que lo había ganado todo y que ya era hora de dejarles un hueco a los más jóvenes. Seis Scudettos, tres Copas de Europa y dos Intercontinentales le daban la razón al momento de explicar los motivos de su partida cuando aun le quedaban batallas por librar.
Cuando se retiró dejó una sensación extraña en las gradas del San Siro, un estremecimiento que no se percibía hacía muchísimo tiempo. La nostalgia volvía a tocar la puerta de los aficionados del Milan que veían como desaparecía la figura de uno de los máximos ídolos del club que se llevaba con él aquel dorsal que tantas veces lo vio brillar. A diferencia de muchos y a semejanza de pocos, el paso a la inmortalidad lo dio el mismo día que le dijo adiós a los terrenos de juego.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ahí viene Ramón


Partido complicado el que sacó adelante San Lorenzo de local ante el siempre duro Olimpo, mucho más por las circunstancias del juego en sí, desde el arranque el Ciclón salió dormido y los bahienses aprovecharon las dudas en el fondo para que David Vega medio de carambola convierta el primer gol del partido.
Pero cuando el fútbol te da la espalda y las piernas no alcanzan hay que remediarlo con actitud y eso es lo que hizo San Lorenzo. Con el orgullo herido se llevó puesto a un Olimpo que desde que hizo el gol se dedicó a defenderse con faltas tácticas cada vez más cerca del área, una de esas derivó en un buen centro que concluyó en el gol que Cristian Tula encontró en un rebote para poner las pardas en el marcador.
Ya el segundo tiempo fue distinto, se mostró a San Lorenzo como el claro dominador del encuentro y a Olimpo conforme con el empate que defendía en todo momento, los primeros quince minutos del complemento fueron un dominio abrumador de los locales que por intermedio de otra pelota parada que fue conectada por Jonathan Bottinelli pudieron dar vuelta el resultado. A partir de ese momento el partido se desvirtuó y la expulsión de Marcelo Mosset fue el fiel reflejo del nerviosismo con el que jugaba el Aurinegro.
Ya en el epílogo del partido apareció Diego Rivero para sellar el triunfo y dilapidar las chances de Olimpo que intentaba con insistencia el empate agónico que nunca llegaría. San Lorenzo en silencio se puso por encima de todos, el Falcon de Ramón terminó de arrancar y ya es cosa seria, sin incorporaciones rutilantes ni el mote de candidato, el equipo se fue de la cancha al grito de “que de la mano de Ramón Díaz…”.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Alma Pirata


Julio Cesar Villagra fue siempre la Chacha para todos en Alberdi, en su casa. Se destacaba por su estilo atrevido teniendo a la pelota como compinche y no dudaba ensayar un caño, un taco o una rabona, se bancaba las patadas y jugaba sin canilleras. Al lado de Villita y de Chiche Sosa se hizo amo y señor de un Gigante que lo idolatraba sábado tras sábado.
Conocí su historia en un viaje a Córdoba, pregunté por qué el templo llevaba su nombre y sus paredes se adornaban con su eterno número ocho y su apodo. No necesité más preguntas para encontrar la respuesta.
Fue uno de los héroes y pilares del Pirata a finales de los ochenta y principios de los noventa, conformó los equipos más exitosos del club en esos años y fue parte del proyecto que terminó con el ascenso a Primera División allá por 1991 ganándole una finalísima a Banfield en un Chateu hasta las manos.
El hincha viejo y fiel de Belgrano no va a olvidar nunca su estampa en un constante ida y vuelta por la derecha que concluía cada tarde inexorablemente con un festejo eterno luego de un golazo en el arco que da a la cervecería. Tampoco se va a olvidar nunca de esas tardes de gloria junto al Tano Spallina.
Y menos se van a olvidar hoy, a diecisiete años del día que dijo basta y masacró el mismo corazón que pintado de celeste se arrió miles y miles con la misma camiseta que tenía como bandera en el alma. Vaya a uno a saber los motivos.
Pero yo no se si la Chacha se fue ese día, quien me asegura a mí que no se dio una vuelta por Alberdi la noche del gol de Mugnaini a Quilmes o que no estuvo en el partido del cabezazo de Novaretti a Huracán. Quien me asegura también que no fue él quien le prestó la derecha por un ratito a Paolo para que en Bahía Blanca la clave abajo junto al palo y nos regale un ascenso.
A mi nadie me lo asegura y a los que no se olvidan de la Chacha y de sus travesuras tampoco. Mientras siga presente en el recuerdo de todos los memoriosos que lo ven correr incansablemente por el Gigante, él seguirá viviendo al mismo tiempo que adorna cada tarde en Alberdi.
El partido no lo perdió, lo sigue jugando cada día en la misma cancha que todos, tarde o temprano, visitaremos alguna vez. Y me contaron que si los de estos lares se acuerdan de vos, el partido es tuyo. La Chacha debe estar ganando por goleada.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El padre de la mística


En estos tiempos se habla mucho de Estudiantes de La Plata por ser un equipo regular, triunfador y el campeón de America de la anteúltima edición de la Copa Santander Libertadores con Juan Sebastián Verón de abanderado. Pero antes, mucho antes de que el Pincha sea el mejor equipo del continente nuevamente, existió un hombre tan visceral como inteligente que lo llevó a la cima del mundo.
Ese hombre se llamaba Osvaldo Zubeldía y era un ex futbolista que se había iniciado como técnico con mucho éxito en Atlanta y que tras pasar por la Selección Argentina, Banfield y Vélez, llegó a Estudiantes para hacer historia con Juan Ramón Verón, el mayor de la dinastía y papá de la Brujita, a la cabeza.
En La Plata revolucionó el fútbol con estrategias que por ese entonces eran absolutamente desconocidas y que fueron muy criticadas por el periodismo que jamás compartió su filosofía. Fue el pionero en implementar las concentraciones, el estudio exhaustivo del rival, las jugadas preparadas y la táctica del fuera de juego.
Los tres años de gracia que dio la AFA entre 1963 y 1966 suspendiendo los descensos no sólo salvaron al club del abismo, sino que posibilitaron el surgimiento de una famosa camada de juveniles del León que era apodada “La tercera que mata” y que dirigida por Miguel Ignomiriello contaba en sus filas con Oscar Malbernat, Juan Ramón Verón, Alberto Poletti y Eduardo Flores, entre otros.
Zubeldía supo unir a las glorias de la cantera con refuerzos de la talla de Carlos Salvador Bilardo, Roberto Santiago, Hugo Spadaro, Marcos Conigliaro y Henry Barale, juntos se consagraron en el Campeonato Metropolitano de 1967 siendo el primer equipo fuera de los cinco grandes en gritar campeón.
Ese cuerpo técnico no dejaba nada librado al azar, ganaba los partidos con jugadas preparadas que partían de un tiro de esquina al primer palo donde peinaban la pelota y llegaban al segundo palo para cabecear dos o tres jugadores en simultáneo, la estrategia era infalible.
Pero la verdadera consagración llegaría un año después, la condición de campeón argentino le dio a Estudiantes la posibilidad de participar en la Copa Libertadores de 1968, allí fue el mejor de los veintiún equipos participantes y tras un andar arrollador llegó a disputar la final frente al Palmeiras. Tras ganar 2 a 1 en La Plata, cayó en Brasil por 3 a 1, el partido desempate en el Estadio Centenario de Montevideo definiría la suerte del campeón y así fue, Ribaudo y Verón firmaron la obtención de la primera Copa en la historia del club.
En buena ley Estudiantes se ganó el derecho de disputar la final de la Copa Intercontinental ante el Manchester United, campeón europeo. El partido de ida se jugó en la Bombonera, que por aquellos años aun se cobijaba bajo el nombre de Dr. Camilo Cichero, y el resultado fue 1 a 0 para los argentinos. El gol de Conigliaro marcó el triunfo del fútbol físico y brusco ante la elegancia de George Best y Bobby Charlton, sin embargo el resultado parecía insuficiente para hacer frente a los Red Devils en Inglaterra.
En Old Trafford la diferencia juzgaba ser exigua hasta que Juan Ramón Verón marcó el primer gol apenas comenzado el partido, a partir de allí el equipo de Zubeldía se dedicó a defender la ventaja con uñas y dientes y recién en el epílogo del encuentro, el Manchester pudo empatar el partido a través de Willie Morgan. Pero no les alcanzaría, la gloría mundial sería finalmente Albirroja.
Los lauros no quedaron allí, un año más tarde obtuvieron la Copa Interamericana tras derrotar al Toluca mexicano y nuevamente la Copa Libertadores al vencer en la final a Nacional de Montevideo, aunque en esa oportunidad, el partido decisivo de la Copa Intercontinental fue una dura derrota ante el Milán de Italia en un partido polémico y accidentado donde varios jugadores terminaron detenidos tras protagonizar una gresca dentro del campo de juego.
El comienzo de la década del setenta no detuvo el camino triunfal de Estudiantes, nuevamente se consagró campeón de la Copa Libertadores al derrotar en la final a Peñarol de Montevideo erigiéndose tricampeón. La final de la Copa Intercontinental volvió a ser derrota para los platenses, en aquella oportunidad el verdugo fue el Feyenoord holandés.
Luego de la derrota Zubeldía renunció a su puesto y un tiempo más tarde se hizo cargo de Huracán para luego ser campeón con San Lorenzo del Campeonato Nacional 1974. Su último club en Argentina fue Racing, donde no tuvo demasiado éxito. En 1976 fue a probar suerte a Colombia y revolucionó el fútbol cafetero dirigiendo al Atlético Nacional, donde a fuerza de trabajo y profesionalismo, logró títulos y reconocimiento a nivel continental.
Tras promulgar un estilo de juego mucho más efectivo que vistoso y hasta haber sido tildado de antifútbol, no le quedaba nada por ganar y así lo entendió el destino, el 17 de enero de 1982 y a la temprana edad de cincuenta y cuatro años, su vida se apagó a causa de un infarto cuando se disponía a sellar un boleto de apuestas hípicas en Medellín.
Mientras sus restos mortales descansan en su Junín natal, desde algún lugar su espíritu aventurero seguramente estará regocijando alguna que otra charla de café junto a otros maestros del deporte más lindo del mundo como lo son Helenio Herrera y Juan Carlos Lorenzo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mágico


El crack es un distinto, es el que tiene un talento particular y una capacidad innata, el que se rebela al sistema y al pragmatismo en todas sus teorías posibles para demostrar que no todo esta inventado, es un abanico de recursos dignos de un elegido, de un mago, de un mágico como lo era Jorge Alberto González Barrillas.
El Maradona de Centroamérica, territorio de mitologías y leyendas por excelencia, jugaba a la pelota, no creía en la profesionalización del fútbol y la vorágine de los ochenta, la época donde más brilló, su época, lo agobiaba. Él mismo reconocía que jugaba para divertirse y que alterar esa consigna y tomar el juego como un trabajo lo despojaría de su identidad.
Desde que era un juvenil, el Mágico se destacó en su país defendiendo los colores del FAS y de su selección, con la que sufrió la derrota más abultada en la historia de un Mundial al caer frente a Hungría por 10 a 1. Como consuelo le puede contar a sus nietos que participó del último gol de El Salvador en una Copa del Mundo.
Sus buenas actuaciones no tardaron en llamar la atención en Europa, allí fue el Cádiz quien se quedó con él luego del Mundial de España 1982. En el conjunto de Jerez de la Frontera se hizo rápidamente un lugar en el once titular y con actuaciones memorables y goles espectaculares se ganó el cariño de una afición que lo idolatra hasta nuestros días.
Al salvadoreño le gustaba dormir demasiado, las noches de juerga eran moneda corriente en su estadía española y la ausencia en los entrenamientos casi periódica. Por su fama de fiestero se llegó al punto tal de llamar a sus íntimos amigos y familiares para que le hagan entrar en razón y hasta el club contrató un empleado cuya única función era despertarlo después de sus salidas nocturnas. Ni siquiera las constantes y sucesivas multas por parte de la dirigencia cambiaron su filosofía.
Para muchos su mejor partido se dio como consecuencia de su indisciplina, en un encuentro de semifinales ante el Barcelona por el Trofeo Ramón de Carranza, Jorge llegó tarde para firmar la planilla, por lo que fue incluido recién en el entretiempo cuando el resultado ya estaba 3 a 0 a favor de los catalanes. En la segunda mitad contribuyó con dos goles y otras dos asistencias para torcer la historia y quedarse con el partido por 4 a 3.
La temporada 1983/1984 no fue buena para el Cádiz en cuanto a resultados y el descenso que venía acechando al equipo, acabó por consumarse. El fútbol italiano posó sus ojos sobre él, pero el deseo del Mágico de quedarse en España fue más fuerte. El Barcelona lo incluyó en una gira por Estados Unidos para probarlo junto a Diego Armando Maradona y las crónicas dicen que la sociedad generaba terror en las defensas rivales, sin embargo un incidente en un hotel californiano, donde estaba hospedado el plantel y en el que sonó la alarma contra incendios y el único que permaneció en el edificio fue nuestro homenajeado que estaba en su habitación con una mujer, terminó truncando la transferencia.
Con la certeza de que su traspaso al Barcelona estaba caído, continuó un semestre más en el conjunto gaditano. La relación con Benito Joanet, un entrenador estricto y exigente, comenzó a desquebrajarse, su mala conducta y la constante indisciplina táctica a la que estaba acostumbrado desataron la ira del espluguense que le dio salida hacia el Real Valladolid en enero de 1985. Los estrechos controles del club vallisoletano sobre su vida privada hicieron que se sienta acosado e invadido, por lo que la temporada 1987/1988 decretó el regreso del Mágico al Ramón de Carranza bajo un curioso contrato cuya paga consistía en setecientos dólares por partido jugado.
En 1990 y cuando quemaba sus últimos cartuchos en el fútbol español, al banquillo del Cádiz llegó el entrenador argentino Héctor Rodolfo Veira, de quien cuentan las andanzas de que lo fue a despertar a su habitación con un grupo de flamenco y al que el Mágico elogió diciendo: “Sólo me levanto porque me gusta la música”. Quizás el Bambino fue el técnico que más lo entendió por encontrarle similitudes con su etapa de futbolista.
La recta final de su travesía por tierras ibéricas no fue la mejor, disminuido en su nivel y deprimido por la denuncia de una joven de veintidós años que lo acusó de abuso sexual y a quien la justicia desmintió un tiempo más tarde, dijo adiós en 1991 para regresar a su país y jugar en el FAS hasta el año 2000, cuando decidió retirarse a los cuarenta y dos años.
Es reconocido como el mejor futbolista salvadoreño de todos los tiempos y el máximo goleador de su selección, además el Estadio Nacional de El Salvador lleva su nombre. El Mágico González era un distinto que como tal buscaba siempre en la creatividad una salida paranormal para que una jugada intrascendente se convierta en un peligro latente, iluminaba corazones y encendía gargantas por igual y eso era suficiente para él y para todo el público gaditano que guarda el más célebre de los recuerdos del mejor futbolista que haya vestido la camiseta del club.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Quedó en cero


La derrota en Quito obligaba a Estudiantes a obtener la victoria, aunque sea por la mínima, si pretendía remontar la serie. En principio el 1-2 no parecía un escollo difícil de superar, sin embargo con el paso de los minutos el nerviosismo del Pincha aumentó y el partido se hizo cuesta arriba.
Desde el arranque Estudiantes fue mejor y manejó la pelota con claridad, pero ni siquiera la condición de campeón de la Libertadores de su rival amedrentó a la Liga que salió a quedarse con todo, obviamente que esperando, haciendo el juego que le beneficiaba, pero al fin y al cabo contando con las mejores chances de gol en el primer tiempo.
La segunda parte no cambió demasiado, Estudiantes ya perdió el dominio de la pelota y si bien tuvo oportunidades claras para romper el cero, todas fueron por arriba. Los centros al área y los pelotazos se convirtieron en el caballito de batalla de un equipo que tuvo a su figura anulada por la garra del equipo ecuatoriano.
Con Juan Sebastián Verón errático y fuera del circuito de juego que le es más propicio, además de molesto por la extenuante marca, a Estudiantes se le hizo cada vez más complicado arrimar la pelota con claridad al arco del veterano José Francisco Cevallos.
Apenas el amor propio y las urgencias llevaron al Pincha para adelante, las ganas de Enzo Pérez no alcanzaron y al final se lo notó impreciso y dejándose llevar por su propia impotencia, Federico Fernández tuvo la posibilidad de empatar de cabeza pero su remate se fue muy desviado. A esa altura el fondo del local quedaba muy descubierto y una buena actuación de la defensa y en parte la fortuna, impidieron a la Liga liquidar la serie antes de tiempo.
Los cinco minutos de adición terminaron de fulminar el corazón de un equipo que iba para adelante, sin ideas ni piernas, pero que iba para adelante al fin. Ya no importaba quedar descubierto en el fondo, había que buscar el tanto que los pusiese aunque más no sea en la suerte y verdad de los penales.
Finalmente el gol de contraataque de la Liga no llegó pero el salvador de Estudiantes tampoco. Esta vez no pudo ser, en el Centenario de Quilmes que hace rato se convirtió en mítico por las gestas Pincharratas no hubo milagro, la Recopa se va a Ecuador por segundo año consecutivo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Furia argentina


Definitivamente no era un partido más, era la posibilidad que teníamos los argentinos de ver después de mucho tiempo a una poderosa selección europea jugando en nuestro país, para estar a la altura de la circunstancia el invitado era nada menos que el campeón del Mundial, el equipo que mejor juega al fútbol en el mundo.
El Estadio Monumental daba cita a uno de los mejores partidos desde la finalización de la Copa del Mundo, España tenía la posibilidad de mostrarse en una parada difícil luego de la consagración en Sudáfrica mientras que Argentina buscaba redimirse de las últimas actuaciones.
Con el colombiano Óscar Ruiz impartiendo justicia, el partido comenzó mejor para Argentina. A los nueve minutos una memorable jugada de Lionel Messi que apenas se vio manchada por un rebote, terminó en gol para la albiceleste. Sergio Batista plantó un equipo duro e inteligente que cortó muy bien el circuito de juego español, quitándole la pelota de los pies a Andrés Iniesta y sin tener que preocuparse por Xavi que miraba desde afuera, Argentina pudo manejar el mediocampo a su merced y allí estuvo la principal diferencia y la clave del triunfo.
Ante una defensa que se paraba en línea, Gonzalo Higuaín sólo tuvo que aprovechar un gran pase de Carlos Tévez para quedar mano a mano con José Manuel Reina que poco pudo hacer para evitar el gol local. El 2 a 0 parecía demasiado.
Pasada la media hora del primer periodo y cuando el partido se había emparejado con la selección española tomando mayor protagonismo y quedando en un par de jugadas a tiro del descuento, sobre todo con un par de remates de David Villa en el palo, el césped mojado le jugó una mala pasada al arquero del Liverpool y tras un pase atrás de Raúl Arbeloa se patinó al intentar rechazar la pelota y Tévez lo aprovechó para marcar el tercer gol lapidario.
Tras el descanso como era de esperarse Argentina reguló, con el resultado prácticamente cerrado Batista ensayó un par de cambios. Xavi ingresó en España pero no pudo gravitar en el partido y con el paso de los minutos se acopló a la mediocridad de un mediocampo aletargado.
Argentina por momentos se desentendió del partido, le regaló la pelota a España y lo esperó muy atrás, Vicente del Bosque mandó al equipo para adelante y entre Sergio Romero, que tuvo una aceptable actuación, y el palo una vez más, salvaron el cero tras un muy buen remate de Santi Cazorla tras un rebote.
Finalmente el visitante consiguió el gol del honor en los pies de Fernando Llorente luego de una muy buena jugada de Pedro. Cuando el partido se moría, el ingresado Sergio Agüero puso cifras definitivas después de una gran intervención de Andrés D’Alessandro que volvió a vestir los colores de la selección, aunque me hubiese gustado verlo más minutos en cancha.
Lo importante es que el triunfo genere confianza en los jugadores y en el cuerpo técnico, de a poco Batista se va metiendo a la gente en el bolsillo y el partido de hoy fue una clara muestra del apoyo del publico hacia el equipo albiceleste. Argentina ganó porque necesitaba hacerlo, fue superior y en todo momento se tomó el partido con la seriedad que ameritaba. España en determinados transcursos pareció de paseo, mostrando apenas destellos de aquel equipo campeón del mundo. Aunque sean los que mejores juegan, hoy fueron eclipsados por el corazón, la garra y por sobre todas las cosas, el buen fútbol criollo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

No se quedó Pelado


El fútbol y sus resultados pueden ser tan cíclicos como inesperados, incluso lo injusto del sistema y la incoherencia de una inventiva que data de principios de los ochenta y que se extendió por varios países de Latinoamérica como lo son los promedios, puede provocar que un equipo ocupe la zona de descenso directo al mismo tiempo que la cima en la tabla de posiciones.
El encuentro que le dio cierre a la quinta fecha afrontaba una situación similar, un Vélez que venía de dos derrotas consecutivas se medía ante River que llegaba invicto y con la posibilidad de regresar a lo más alto pero en descenso directo por la victoria de All Boys sobre Olimpo en la jornada del sábado. Para no ser menos, una hipotética victoria del Fortín lo dejaría en la punta junto a Arsenal.
En un partido bisagra para ambos, River fue el que se mostró más activo en los primeros minutos, con un manejo criterioso de la pelota y una correcta organización defensiva se las ingeniaba para presionar a un rival que no hacía pie en la mitad de la cancha, sin embargo la reacción de Vélez no se hizo esperar y los empujones de Santiago Silva y Juan Manuel Martínez sacaron a relucir la mejor forma de Juan Pablo Carrizo.
Para colmo de males Manuel Lanzini, a quien Ángel Cappa había elegido para reemplazar a Diego Buonanotte desde el arranque, sufrió una lesión muscular a los treinta minutos del primer tiempo y tuvo que dejarle su lugar al Enano, tan sólo dos minutos después y como un premio al esfuerzo y la constancia, el Burrito Martínez marcó el primer tanto del partido con una definición cruzada que hizo estéril la salida de Carrizo.
En los minutos posteriores River intentó resurgir desde los pies de Ariel Ortega que volvió a tener un partido regular y no pudo aportarle claridad al ataque visitante. Promediando los cuarenta minutos y con un zapatazo fortísimo desde afuera del área, el ingresado Buonanotte convirtió el empate para festejarlo con el público. La primera mitad se moría con un empate en uno inamovible.
En el segundo tiempo el partido se desdibujó, la paridad comenzó a romperse y Vélez impuso su juego de alto vuelo, desnudó las falencias de un River que sufrió los fantasmas del campeonato anterior y lo devolvió a la realidad con un cachetazo letal a los doce minutos cuando el Pelado Silva, máximo anotador del certamen con cuatro anotaciones, cambió por gol el penal que le había hecho Jonatan Maidana.
Desde allí River apenas se asemejó al de las primeras fechas, contó con situaciones poco claras y excepto un tiro libre del Burrito Ortega que pegó en el travesaño, las llegadas del Millonario se redujeron a aislados centros que un solitario Rogelio Funes Mori no llegó a conectar con éxito. Ni siquiera la expulsión por doble amarilla de Leandro Somoza le dejó posibilidades y de a poco se fue entregando mansito ante un rival que vio abnegado por el palo lo que hubiese sido el segundo gol de Silva en el partido.
River chocó en su propia impericia contra un rival herido que lo superó ampliamente en todos los aspectos, lo alejó de la cima y lo dejó en zona de descenso directo, más preocupado por la tabla de los promedios que por la del campeonato. Vélez por su parte trepó a los más alto junto a Arsenal y sueña con repetir lo logrado hace un par de torneos atrás.