lunes 29 de noviembre de 2010

Manita


Un resultado tan abultado como inesperado se dio en el derby español, primero porque hubiese apostado todo a que el ganador lo iba a hacer por una diferencia minima y que el partido no se iba a salir de la paridad en ningún momento. Para sorpresa de todos no fue así y el Barcelona se quedó con un resultado terrible. El planteo de Mourinho fue pésimo por lo mezquino y poco efectivo.
No hay mucho que decir, me da la sensación que después de los primeros veinte minutos y cuando pasó el tambaleo inicial que puso al Madrid 2 a 0 abajo, el descuento, que nunca llegó, hubiese cambiado todo. El penal no cobrado por Eduardo Iturralde de Víctor Valdez sobre Cristiano Ronaldo que a la postre hubiese significado la expulsión del arquero, posiblemente hubiese acabado por acortar la distancia.
A partir del segundo tiempo hubo un sólo equipo en la cancha, el Barcelona se lo llevó puesto al Real Madrid que con toda su impericia en el medio y el letargo en la defensa poco pudo hacer para frenar el vendaval. Los defensores visitantes ni siquiera atinaron a cortar las jugadas con falta y cuando lo hicieron ya iban 5 a 0 abajo. Nada de actitud, parecía que no querían jugar el partido.
Con decir que Cristiano Ronaldo fue el mejor del Madrid y si tocó tres veces la pelota en el segundo tiempo es mucho, alcanza para describir el nivel paupérrimo del equipo. El Barcelona limpió a su rival en todas las líneas y cada gol fue el corolario de una jugada memorable. Para colmo de males, Iker Casillas tuvo una de sus peores tardes.
Xavi, Iniesta, Villa, Pedro y Messi se hicieron un festín con un equipo nulo e inoperante. Pero a pesar de la buena forma y de haber asaltado la liga quedándose con el primer lugar deben entender que fue sólo un partido más que creo que puede definir mucho, pero no tanto como un campeonato.
Tal cual dijo Mourinho en la conferencia de prensa, el resultado no es una definición de nada dado que el resto de los participantes de la liga española no pueden asestarle un golpe duro a ninguno de los equipos más grandes de la península ibérica. Me imagino un Barcelona que va aseguir destrozando rivales con un juego supuestamente admirable que les juro que, valga la redundancia, no admiro y un Real Madrid que lo va a seguir desde atrás esperando el tropiezo. El Madrid deberá empezar de nuevo, el camino de todas formas es el indicado y el blaugrana alguna vez va a tener que caer.

viernes 26 de noviembre de 2010

El Diablo metió la cola


Un día tenía que terminar. El dominio de la Liga de Quito por Sudamérica que tantos equipos argentinos dejó en el camino debía llegar a su fin. La oportunidad para Independiente era inmejorable por el resultado con sabor a hazaña que cosechó en Ecuador.
La victoria por la mínima lo ponía en la final y así fue finalmente, aunque con un poco más de sufrimiento. Mereció ganar, es verdad, pero enfrente tuvo un rival que acostumbrado al éxito en el último tiempo, vendió carísima la derrota.
Pero Independiente mereció ganar porque desde el vamos fue superior, manejó los tiempos del partido y a pesar de entregar la mitad de la cancha, fue más en ataque. La pelota parada fue una vez más el veneno que traicionó a la Liga, por esta vía y tras un corner y dos cabezazos en el área, Facundo Parra pudo marcar el tanto que ponía al Rojo en las puertas de una nueva final internacional después de mucho tiempo.
A partir del gol el partido se aletargó, los embates de la Liga eran tibios y apenas inquietaban a Hilario Navarro, Independiente incluso contó con varias oportunidades para estirar la ventaja. Sin embargo en el epílogo del primer tiempo apareció Juan Manuel Salgueiro para poner el empate que le daba vida nuevamente a los ecuatorianos. Inmediatamente Enrique Osses marcaba el final del primer acto y el Rojo se iba masticando bronca.
Pero ni el más optimista imaginó que la desazón duraría apenas un cuarto de hora, porque treinta segundos bastaron para que Hernán Fredes aproveche un error del fondo visitante para adelantar nuevamente a su equipo en el segundo tiempo. Independiente estaba de nuevo en la final, pero tenía que aguantar un tiempo entero.
La Liga fue al frente y buscó por todos los medios posibles la igualdad pero la buena actuación de la defensa del Rojo le imposibilitó el gol, de a poco la seguidilla de partidos comenzó a pasarle factura y la actuación se fue desdibujando y los huecos en el fondo dejaron latente la posibilidad para que Silvera o Parra liquiden la serie, pero no lo supieron aprovechar.
Así los locales se centraron en la defensa y a pesar de los remates de Hernán Barcos que hasta último momento hicieron tambalear el marcador, pudieron quedarse con un partido muy trabajado. No jugaron bien, ni hoy ni durante toda la copa, pero al menos cortaron el maleficio que los argentinos tenían con el equipo de Edgardo Bauza. El Goiàs es el último escollo que deberá superar el Rojo, viejo zorro en estas instancias, para volver a sonreír después de muchos años.

martes 23 de noviembre de 2010

Caminando


Así ganó el Real Madrid en su visita al Amsterdam Arena. Aunque es verdad que lejos está este Ajax de ser el mítico equipo de los noventa, cantera inagotable de talentos que nutrió durante años las filas barcelonistas. A la fecha a los holandeses lo único que les queda de imponentes es el estadio ya que ni siquiera ocupan los primeros planos de la Eredivise y buscan salir del pozo lo antes posible. Hoy fueron goleados por un rival omnipotente.
Esa es la imagen que da el Madrid de Mourinho, se muestra como un equipo invencible que mejora notablemente partido tras partido. En la Liga a pesar de las goleadas, la defensa y los goles en contra eran un asunto pendiente pero con un equipo
victima del recambio y un mix entre titulares y suplentes que incluía al extraordinario Ronaldo, el Merengue pudo solucionar todos sus problemas defensivos.
Y no fue un partido memorable ni mucho menos de los madridistas, simplemente se dedicaron a hacer lo que mejor saben ante un equipo inexistente e inoperante que prácticamente no estuvo en la cancha y se salvó de una goleada mayor gracias a las intervenciones de su arquero. El Ajax en una primera ronda desastrosa se quedó afuera de la competición junto al Auxerre, el Milan y el Madrid adentro.
Incluso da la sensación de que los españoles terminaron por hacerle precio a un Ajax que nunca hizo pie en la cancha. Recién a los treinta y cinco minutos Benzema pudo abrir el marcador con un golazo. A partir de allí todo el poderío ofensivo se volcó sobre la portería de Stekelembur que sufrió ocho minutos más tarde la caída de su arco gracias a un remate fortísimo de Arbeloa que se desvió en uno de los defensores locales. El 2 a 0 al descanso veía sentenciado un encuentro atípico entre dos potencias.
Ya la segunda mitad comenzó a marcar un abismo aun mayor entre los equipos, el Real Madrid encontró en Di María una habilitación milimétrica para que Ronaldo defina sólo frente al arquero. Sobre los ochenta minutos el poker terminaría de tomar forma con el penal sobre Ozil que Cristiano cambió por gol con un remate perfecto.
Apenas quedó tiempo para las expulsiones de Xabi Alonso y Sergio Ramos, quienes se limpiaron de cara a los octavos de final y seguramente recibirán críticas de quienes no acepten el fútbol de Mourinho, que en gran parte es esto, picardía.
Con un 4 a 0 fantástico el Real Madrid espera el clásico de la mejor forma y avisando al Barcelona que no será fácil. Este año está Mou y por si fuese poco Ronaldo, el mejor jugador del momento vuelve a estar del lado Merengue.

viernes 19 de noviembre de 2010

El Badajoz de Tinelli


Fue una curiosa, por no decir exótica, aventura del conductor televisivo por el ascenso del fútbol español en los años en los que los inversores en Argentina todavía se vendían como buenos y la compra de un club era un acontecimiento para todos.
En 1998 y por 500 mil dólares el Deportivo Badajoz SAD de España pasó a manos argentinas que intentaban potenciarlo y llevarlo hasta Primera División para que se convierta en una suerte de filial criolla en la liga de las estrellas. Si bien el que financió el movimiento fue Marcelo, la operación se escondió detrás de un grupo inversor llamado Sport Management que tenía a Juan Simon como cara visible y a Hugo Issa y Eduardo Gamarnik como supuestos asesores.
El proyecto, con equipo incluido, fue presentado ante una multitud en el viejo estadio El Vivero que aprovechaba la ocasión para estrenar sus modificaciones. Los argentinos constituían prácticamente el plantel entero, pues habían llegado David Bisconti, Alejandro Mancuso, Alejandro Limia, Martín Romagnoli, Gustavo Giustozzi, Ezequiel Castillo, Mauricio López, los hermanos Patricio y Fernando D’Amico y Héctor Bracamonte, que por aquellos años era una promesa de la cantera de Boca con un sólo partido en Argentina y fue a probar suerte a España. Mal no le fue con sus 21 goles en 85 partidos. Además en el equipo estaban el brasileño Luis Fernando (ex Belgrano y San Lorenzo) y el paraguayo Carlos Torres, de paso por Racing, Newell’s y Argentinos Juniors.
El cuerpo técnico, para variar, estaba compuesto por los argentinos José Iglesias e Hilario Bravi. Por su parte Topper, representante nacional por excelencia en cuanto a indumentaria deportiva se refiere, se encargó de las camisetas. De esta manera y aguardando la respuesta de Claudio Caniggia y Jorge Burruchaga para sumarse a la utopía, el Badajoz comenzó a deshojar la margarita.
Como era de esperarse la gloria nunca llegó y el albinegro que estaba en Segunda División comenzó a desmoronarse. Toti Iglesias dejó su cargo y Miguel Ángel López poco pudo hacer para torcer el rumbo. Ni siquiera la llegada de un prominente Adrián Giampietri ni un raro acuerdo con Mauricio Macri, por entonces presidente de Boca, que incluyó el préstamo de Sebastian Battaglia, Adrián Guillermo y Fernando Gatti, pudieron salvar al Badajoz del ostracismo.
En la temporada 98/99 finalizaron en la decimocuarta colocación y al año siguiente evitaron el descenso en la última jornada. En el 2001 Tinelli aceptó el fracaso y vendió sus acciones a un empresario portugués que terminó por fundir el club y dejarlo en Tercera División.
Este año volvieron a la Segunda División B (tercer escalafón del fútbol español) y buscan levantar una deuda que comenzó a gestarse durante la presidencia de Marcelo. A pesar de la mala experiencia, el Badajoz recuerda con cariño el paso de los argentinos por considerarlo el momento más glorioso en la historia del club.

miércoles 17 de noviembre de 2010

¿Qué pasa con los clásicos?


El superclásico ya nos decepcionó ayer con una actuación paupérrima que dio ganador al menos peor. El menos peor fue River y, como no podía ser de otra manera, se quedó con el triunfo por la mínima en un partido de gol gana.
El fútbol prometía darle revancha al espectador y la prueba de fuego que debía superar Batista luego de su confirmación como técnico de la selección argentina hasta el Mundial de Brasil 2014 era la excusa perfecta. Los raros manejos empresariales y los petrodólares quisieron que el clásico sudamericano por excelencia se juegue en Qatar y otra vez nos volvimos a decepcionar con un derby entre dos potencias.
Al menos en esta oportunidad vimos dos equipos que quisieron, a la altura de sus posibilidades en una etapa de formación, buscar la victoria y presionar lo más arriba posible en terreno contrario. La pelota por el piso tenía a sus fervientes defensores en la cancha, con Messi, Pastore y Di María, Argentina intentó contrarrestar el peso ofensivo de Robinho, Neymar y Ronaldinho.
El esquema era claro en la albiceleste, atacaban Higuaín, Messi y Di María mientras que Pastore y Banega oficiaban de asistidores. La presión en el medio era responsabilidad de Mascherano que prácticamente era un defensor más.
Así y todo, las mejores posibilidades fueron para Brasil en un primer tiempo que hizo tambalear el arco de Romero en más de una oportunidad. Un remate tremendo de Dani Alves que fue devuelto por el travesaño se convirtió en la llegada más clara al cierre de los primeros cuarenta y cinco minutos.
Ya en el segundo tiempo Batista se la jugó por Messi como centrodelantero y el ingreso de Lavezzi por Higuaín, que estuvo en duda hasta último momento por una molestia, le devolvió la pelota a la selección y le permitió emparejar el trámite del encuentro. Sin embargo el correr de los minutos volvió a mostrar a Brasil como protagonista y ni siquiera D’alessandro pudo aportarle profundidad a un equipo inconexo y desordenado.
Cuando el partido se moría y todos daban por sentado el empate apareció el jugador diferente, uno de los tantos que estaban sobre el terreno de juego, pero quizás el desequilibrante, para darle el 1 a 0 final a Argentina. Messi coronó una jugada magistral (y típica de él) desorientando a toda la defensa de Brasil y rematando cruzado al palo más lejano del arquero. Golazo y a cobrar. Golazo y a festejar el triunfo argentino sobre el Scracht después de cinco años de malaria.

sábado 13 de noviembre de 2010

Nos prendimos a jugar un Mundial


El año 1982 fue uno de los más convulsionados en Argentina. El gobierno militar que estaba llegando a su fin y la guerra de Malvinas se llevaron toda la atención de un país que venía agitado desde hacía varios años atrás. Sin la comunicación de nuestros días y con la información totalmente manipulada por la prensa que dedicaba todos sus titulares al conflicto con Gran Bretaña por las Islas del Atlántico Sur, el Mundial de España 1982 pasó prácticamente desapercibido para los argentinos.
El equipo argentino llegó a la Copa del Mundo como el vigente campeón y apuntado como uno de los favoritos, enfrentaba un periodo de transición que fusionaba a los abanderados del 78’ en su ocaso con jóvenes promesas que habían conocido la gloria en el Mundial juvenil de Japón en 1979. El choque generacional hizo posible que los Ardiles, Bertoni, Fillol y Kempes compartan plantel con Pumpido, Olarticoechea, Valdano, Ramón Díaz, y un tal Diego Armando Maradona. Demasiado tal vez para un César Luis Menotti desgastado por la crítica y la opinión popular.
El Mundial estaba organizado en dos fases de grupos, en primer término cuatro equipos se disputarían los dos primeros lugares que otorgarían el pase a la siguiente instancia, donde en grupos de tres equipos, sólo el primero lograría avanzar a las semifinales. Argentina compartió la primera ronda con Hungría, El Salvador y Bélgica, con quien cayó en el partido inaugural jugado en el Camp Nou por 1 a 0. "Hoy debutan los campeones del mundo, es un día histórico para la nación", había dicho José María Muñóz en la previa del encuentro mientras la armada inglesa se llevaba puesto el campamento argentino en las islas.
El segundo partido lo enfrentó a Hungría que venía de derrotar a El Salvador por 10 a 1 en la mayor goleada en la historia de los mundiales y fue triunfo del equipo albiceleste por 4 a 1 con los goles de Bertoni, Ardiles y Maradona en dos oportunidades. Poloskei descontó para los magiares.
En el último partido del grupo el empate de Hungría frente a Bélgica, que se aseguró la primera colocación, obligaba a Argentina a superar a El Salvador para lograr la clasificación ya que el empate lo dejaba afuera por diferencia de gol. Passarella de penal y Bertoni hicieron lo propio para derrotar a los centroamericanos y obtener el pasaje a la siguiente ronda.
Brasil e Italia eran los rivales a vencer en el grupo de la muerte. En el demolido estadio de Sarriá, Argentina enfrentó a la Azurra comandada por Enzo Bearsot y poco pudo hacer Maradona ante la soberbia marca de Gentile. Tardelli y Cabrini pusieron el 2 a 0 que encontró en el epílogo el descuento de Passarella. La derrota dejó mal herida a la selección de Menotti.
Un equipo espectacular de Brasil, que luego perdería un partidazo frente a Italia por la clasificación, dilapidó las ilusiones del equipo argentino en un partido nefasto. El golazo de Ramón Díaz llegó tarde para adornar el marcador cuando la Verdeamarela ya ganaba por goleada gracias a Zico, Serginho y Junior. La última imagen argentina en la Copa del Mundo celebrada en la Madre Patria fue la expulsión de un Maradona víctima de su propia impotencia.
Tal cual muchos predijeron, de ese grupo de la muerte salió el futuro campeón. Fue la selección italiana de Paolo Rossi, Dino Zoff, Antonio Cabrini, Marco Tardelli y Gaetano Scirea que derrotó en la final a Alemania. Lo cierto es que para los argentinos fue un Mundial que por factores internos y externos, es preferible olvidar. Cuatro años más tarde algunos tendrían la revancha soñada. Otros simplemente se convirtieron en héroes sin siquiera saberlo. No tuvieron una segunda oportunidad, no volvieron nunca más.

jueves 11 de noviembre de 2010

Uno más y van…


La Liga Deportiva Universitaria de Quito ya se convirtió en un karma para los equipos argentinos. Esta vez fue Newell’s el que vio truncado su sueño de acceder a las semifinales de la Copa Sudamericana al caer en el estadio Casa Blanca ante los ecuatorianos.
La altura y el poderío ofensivo del equipo de Edgardo Bauza le jugaron una mala pasada a Newell’s desde el inicio donde no podía hacer pie y era ampliamente superado. Sebastian Peratta se convirtió en la bandera del aguante durante esos primeros minutos donde Agustín Alayes y Luciano Vella quedaban a mitad de camino en una línea de tres un tanto desordenada.
Cuando los rosarinos pudieron acomodarse, la Liga bajó el ritmo y el equipo inconexo del arranque agrupó sus líneas para complicar a una defensa que daba muchísimas ventajas. Así Newell’s se llevó el trámite del partido lejos del arco de Peratta buscando chances para una contra.
Ya en el segundo tiempo el planteo era el mismo, pero el físico comenzaba a pasarle factura al equipo de Néstor Sensini, que no estuvo inteligente con los cambios. Recién a los treinta y cinco minutos de la segunda parte el ingresado Walter Calderón pudo concretar lo que sus compañeros no y con un disparo desde afuera del área puso el 1 a 0 que más tarde sería definitivo.
Después del gol, Newell’s intentó ir al frente con lo que quedaba pero ya sin la posibilidad de los penales todo se hizo cuesta arriba, incluso el palo le negó lo que hubiese sido el empate. Los locales pudieron liquidar la serie de contra, pero una vez más fue Peratta quien apareció para salvar la ropa. Con el tiempo cumplido, ni siquiera el tiro de final le salió al equipo argentino. No fue la noche.
A pesar del arranque, Liga se llevó mucho más de lo que merecía y si bien todas las derrotas valen lo mismo, la de la Lepra fue bastante digna. Quizás la más decorosa de los argentinos que quedaron en el camino frente al mismo rival.

lunes 8 de noviembre de 2010

El Cordobazo


El 29 de mayo de 1969 Córdoba amaneció agitada. Las tensiones entre las empresas y los sindicatos que buscaban mejores condiciones de trabajo se agravaron por la gran cantidad de gente que iba llegando al centro de la ciudad para apoyar la protesta que originariamente era de unos pocos trabajadores. La represión policial ordenada por el entonces presidente de facto, Juan Carlos Onganía, encontró la respuesta del pueblo cuando se conoció la muerte del sindicalista Máximo Mena. El primer estallido popular argentino fue conocido como el Cordobazo y arrojó decenas de muertos y cientos de heridos que tiempo más tarde fueron tildados de insurrectos.
El 25 de enero de 1978 tuvo lugar el otro Cordobazo, el que a nosotros, con todo el respeto que merece el levantamiento trágico que lo precedió, realmente nos interesa. Aquella noche de verano el Independiente copero de José Omar Pastoriza definía el torneo Nacional 1977 con Talleres. La ida se había jugado en Avellaneda cuatro días antes y el empate en uno había sonado a triunfo para los cordobeses que esperaban dar la vuelta en Barrio Jardín.
“Talleres por la Gloria”, “Con el corazón de albiazul” y “Talleres con Independiente: la finalísima” eran algunos de los titulares de los diarios que no hablaban de otra cosa, todos los ojos de la provincia estaban puestos sobre ese partido. El equipo de Roberto Marcos Saporiti era el gran representante del interior y uno de los pocos que podía hacerle sombra a los grandes con un gran plantel. De hecho meses más tarde José Daniel Valencia y Luis Galván, figuras claves de la institución en esos años, participarían en el Mundial de Argentina 1978 que luego ganarían.
Esa final marcaría un quiebre en la historia de Independiente porque a pesar de comenzar ganando con el gol de Norberto Outes, las sospechas y especulaciones cambiarían rotundamente el trámite del partido. Ya en el complemento el árbitro Roberto Barreiro comenzaría a tomar protagonismo sancionando un penal dudoso que Ricardo Cherrini cambiaría por gol para darle el empate a Talleres.
A los veinticuatro minutos del segundo tiempo ni el árbitro ni el juez de línea advirtieron que Ángel Boccanelli había desviado un centro desde la derecha con la mano para convertir el segundo gol que consagraba a los locales. A partir de ese momento Enzo Trossero, Omar Larrosa y Rubén Galván se irían expulsados por convertirse en los comandantes de una protesta que les pertenecía por derecho. Los jugadores intentaron marcharse de la cancha en repudio a la actitud de la terna arbitral pero Pastoriza los convenció para que regresen a jugar los minutos que faltaban. “Vayan y jueguen, sean hombres y ganen el titulo”, fue la arenga del Pato para hacer frente a la injusticia.
Los visitantes tenían razones de sobra para indignarse ya que sabían que Luciano Benjamín Menéndez, gobernador de Córdoba, tenía una fuerte ingerencia sobre la junta militar que presidía el país en ese momento y además estaba muy interesado en que Talleres salga campeón.
Ya con ocho jugadores, Independiente debía ir por la patriada. No eran pocos los que apostaban por una goleada de Talleres. Sin embargo Pastoriza se la jugó y acertó con los cambios: Ricardo Bertoni y Mariano Biondi ingresaron por Outes y César Brítez respectivamente.
Cerca del final y cuando la Boutique era un infierno que ya proclamaba campeón a su equipo, el gran protagonista de la noche apareció para encaminar la gesta. A los treinta y ocho minutos Ricardo Bochini tras una pared con Bertoni definió de zurda el campeonato más sufrido del Rojo en su rica historia. Era la primera vez que en un torneo argentino un equipo lograba marcar un gol con tres hombres menos que su adversario. Por diferencia de gol visitante Independiente se consagró campeón y en gran parte fue gracias a Bochini que lo hizo posible encabezando una hazaña heroica que hasta nuestros días sigue logrando que los hinchas del Diablo se golpeen el pecho con orgullo anhelando viejos tiempos de gloria.

miércoles 3 de noviembre de 2010

Cuando deja de ser por los puntos


Así fue el partido entre el Real Madrid y el Milan. Dos gigantes de Europa en un partido tan abierto como disputado. La muestra fiel del momento en el que el honor, el nombre, la historia y la identidad pasan a ocupar un papel clave en instancias decisivas de un encuentro. Un choque de estilos de dos equipos que pugnan por volver a ser.
La Champions los junta y el grupo los inmola. Lejos de sus tardes de gloria, ambos jugaron un partido digno de una final. Con el San Siro como testigo y con Gonzalo Higuaín consagrado a la posteridad en esa sala de récords que nadie visita. El gol del argentino, previa habilitación quirúrgica de Ángel Di María, significó el número setecientos del Real Madrid en la Copa de Europa. La misma cuenta que inició Miguel Muñoz en 1955.
Pero lo inmediato fue más importante para las consideraciones de todos. Dejando a un lado lo anecdótico, el tanto del argentino selló en el epílogo del primer tiempo el mejor premio posible para un triunfo parcial trabajado que tuvo a los visitantes como claros dominadores y al Milan silbado tras el pitazo que marcó el entretiempo.
Pero Mourinho que tuvo una disputa muy particular con los hinchas Rossoneros, en la previa del partido se encargó de avivar tontos. “El Milan sin Inzaghi juega con diez”, alcanzó a decir. Para despegarse de esa habitual sensación de ironía que dan sus palabras se ocupó de afirmar que en su equipo sería titular. Pipo tuvo la posibilidad de devolver gentilezas y a los sesenta minutos ingresó por Ronaldinho.
El mismo Real Madrid que había sido embajador del fútbol en la primera mitad se desmoronó y comenzó a marcar sus propias limitaciones. Cristiano Ronaldo hoy no apareció. El Milan con pocos recursos y sin ideas pero con Inzaghi en cancha, emprendió la remontada. A los sesenta y ocho minutos Pepe volvió a equivocarse, Ibrahimovic se llevó la pelota y un remate suave al arco no encontró reacción en Casillas que no tuvo su mejor tarde. Una respuesta débil, rebote corto y alto y apareció el dueño del área que a los treinta y siete años sigue demostrando que está vivo. Inzaghi y el empate dieron nacimiento a un nuevo partido.
A partir de allí el Milan fue mucho más equipo, los merengues no mostraron respuestas y la fuerza de voluntad y, hay que decirlo, la complicidad del árbitro, que no vio un offside enorme, posibilitaron el segundo de Pipo. Otra mala salida del capitán del campeón del mundo. Todo estaba listo para que el héroe de la jornada sea Inzaghi, el gladiador de mil batallas, el Dios del área, la experiencia por sobre la calidad…
Pero el Real Madrid no estaba muerto, que a Mourinho le estaban ganando con su mejor táctica no era cuento, el hombre que más conoce lo injusto del fútbol tenía que hacer algo. Adentro Pedro León, afuera Pepe. Cualquier semejanza con el partido frente al Hércules es mera coincidencia. Benzema sustituye a Higuaín y los cinco minutos adicionados dan una vida más a los españoles. Otra vez una gran intervención del francés y Pedro León se encargo del resto. Remate rasante y certero, entre las piernas del arquero. Gol y hazaña. El impresentable Webb con su pitazo final marcó el camino de los vestuarios.
El 2 a 2 fue el resultado más justo que encontró un partido atípico en el que ninguno de los dos mereció perder. El 2 a 2 fue el resultado más justo para salvar el decoro en un choque de gigantes que con más o menos posibilidades, van a seguir demostrando que no hay que darlos por muertos bajo ninguna circunstancia.

lunes 1 de noviembre de 2010

Vida y obra de un ególatra


Los libros de historia del fútbol inglés inmortalizan en sus páginas a muchos personajes que coquetearon permanentemente con el éxito y el fracaso. Algunos por propia decisión y otros por consecuencia de sus excesos oscilaron entre la felicidad y la tragedia. Tan genios como obstinados dejaron una huella que hizo grande el nombre de los Inventores en todo el mundo y sentaron un precedente de indisciplina y desobediencia. Desde George Best hasta Paul Gascoigne, el cambio comenzó a notarse en los banquillos y pasando por Bill Shankly y Matt Busby, Brian Clough marcó una época.
Desde sus tiempos de goleador furtivo, Clough comprendió que era un distinto y que como tal debía forjar una personalidad diferente a la del resto. Tras pasar por el Middlesbrough y el Sunderland, una rotura de ligamentos, que en ese entonces era motivo de retiro para cualquier futbolista, le hizo abandonar la práctica activa. Lejos de desalentarse pronto emprendió una nueva y más exitosa etapa. La de director técnico.
El Hartlepool United FC le dio la posibilidad de convertirse en el entrenador más joven de la liga con tan sólo treinta años en 1965. Si bien la experiencia no terminó siendo del todo positiva por los constantes enfrenamientos con el presidente del club que derivaron en su renuncia, fue en los Monkey Hangers donde conocería a Peter Taylor, su mejor ladero.
En 1967 fueron contratados por un Derby County que naufragaba sin rumbo fijo por la parte baja de la Segunda División. Clough acordó la llegada del veterano Dave Mackay y de Carlin Willie para unirlos con Kevin Héctor, Alan Durban y Webster Ron. Rápidamente los objetivos cambiaron y el Derby terminó consagrándose campeón estableciendo un record de veintidós partidos invicto. El sueño del ascenso se hacía realidad.
En la primera temporada en la máxima categoría del fútbol inglés los Carneros cosecharon un meritorio cuarto puesto que le valió a su técnico el respeto de la prensa y de todos sus colegas que veían en su figura una personalidad dura pero justa. Dos campañas más tarde, con un equipo humilde logró lo inimaginable: arrebatarle el campeonato al Liverpool y al Leeds United, los mejores equipos ingleses del momento.
Tras la consagración doméstica, en la temporada siguiente el Derby County alcanzaría las semifinales de la Copa de Europa, sin embargo sería derrotado en dicha instancia frente a la Juventus en un polémico partido que comenzaría a marcar el final de su etapa en el club cuando Sam Longson le exigió la renuncia por sus declaraciones contra el árbitro alemán en las que lo acusaba de haber vendido el encuentro a los italianos.
A esa altura su permanente y obsesiva disputa con su archienemigo Don Revie, el entrenador del Leeds, lo sobrepasaba. Desempleado y sin muchas expectativas de ser contratado por los principales equipos de Inglaterra por su tormentosa salida del Derby, impulsado por Taylor aceptó la oferta del Brighton & Hove Albion para dirigir en la Tercera División pero los resultados no fueron los deseados y el equipo terminó en la parte baja de la clasificación.
En 1974 la selección inglesa no logró clasificarse a la Copa del Mundo de Alemania por lo que el histórico Alf Ramsey dejó de ser el técnico. Revie fue el elegido para dirigir a los Pross y el puesto de entrenador del Leeds quedó vacante. Desde Elland Road vieron en Clough al sustituto ideal, sin embargo el contrato vigente que este último mantenía con el Brighton suponía el principal impedimento. Finalmente el ex entrenador del Derby cerró su incorporación al Leeds pero se distanció de Taylor, quien se negó a dejar la disciplina de las Gaviotas y se hizo cargo del primer equipo.
En el banco del Leeds las cosas no terminaron de salir del todo bien para Clough, pronto su arrogancia creó un abismo entre su mensaje y los jugadores que aun guardaban lealtad a su anterior técnico. La ambición por superar a Revie le jugó una mala pasada y le llevó a tener insalvables diferencias con Johnny Giles, Norman Hunter y Billy Bremner, las principales figuras del club. Los resultados deportivos no escaparon a la realidad de su relación con el plantel y habiendo ganado apenas un partido de seis fue despedido tras sólo cuarenta y cuatro días en el cargo.
Su mala campaña con el Leeds le alejó de los clubes de la Primera División por lo que aceptó dirigir al Nottingham Forest en 1975, un club de segunda que estaba seriamente comprometido con el descenso. Rápidamente incorporó a Jhon McGovern y a Jhon O’Hare y logró hacerse con los servicios de Frank Clark como agente libre. Finalmente mantuvo la categoría y para el inicio de la temporada siguiente logró la mejor incorporación posible: Peter Taylor y Brian Clough volvían a estar juntos desde el banco de suplentes.
Con el tándem perfecto el equipo obtuvo el ascenso a la Primera División y se reforzó con jugadores de la talla de Peter Shilton, Archie Gemmill y Garry Birtles que en sinfonía con John Robertson, Viv Anderson y Martin O’Neill lograron el doblete de liga y Copa en la primera temporada en la elite.
La temporada 1978/1979 comenzaría a marcar para siempre la historia del Forest y de Clough. Tras repetir el título en la Copa de Liga, se alzó con la Copa de Europa al superar en la final al Malmoe FF de Suecia con un gol de Trevor Francis. Repetiría el logro un año después al derrotar en la instancia decisiva al poderoso Hamburgo de Kevin Keegan con un tanto de Robertson. Así el ignoto Forest se adueñaba de Europa dos años consecutivos en un hecho tan inédito como irrepetible. Fueron los tres años más gloriosos en la vida de los Reds.
En 1982 tuvo lugar una nueva ruptura entre Clough y Taylor, esta vez definitiva. Ninguno de los dos sin la compañía del otro repetiría alguno de los títulos que lograron juntos, tan sólo en la temporada 1988/1989 el Forest volvió a sonreír en la Copa de la Liga.
La muerte de Taylor en 1990 afectó mucho al técnico del Forest que se sintió culpable por la distancia que lo había separado de su ex ayudante en sus últimos años de vida. Clough siguió al frente del equipo hasta 1993 cuando se despidió del City Ground habiendo dejado al club en el mismo lugar en el que lo encontró, la Segunda División. De todas formas el recuerdo era imborrable, Brian Clough había quedado en la historia viva del Nottingham Forest como el entrenador que lo hizo grande. Luego de su retiro un cáncer de hígado fruto de su adicción al alcohol acabó con él un 20 de septiembre del 2004.