lunes, 31 de octubre de 2011

¿Fútbol para todos?


“Con la suspensión del partido se gana tiempo para olvidar”. La frase de Diego Latorre, a modo de reflexión sobre la postergación de San Lorenzo – All Boys, es la síntesis perfecta del modus operandi del fútbol argentino. El “todo pasa” no es patrimonio exclusivo de la AFA y sus manejos, sino que son varios los dirigentes que apoyan la moción y hacen poco y nada para evitar la escalada de los barrabravas que se turnan para protagonizar las noticias deportivas.
La semana pasada fue San Lorenzo y su guerra interna; antes habían pasado Independiente y Newell’s. Ahora es el turno de Boca. Las tribunas se convirtieron en un polvorín. Ayer la barra de Rafael Di Zeo saltó los molinetes y rompió las cámaras de seguridad de La Bombonera, adentro los esperaba la fracción que impunemente se proclama “oficial”, comandada por Mauro Martín. Cruzaron amenazas e hicieron pública una vieja disputa que la quebrada dirigencia de Boca no supo frenar a tiempo. La campaña presidencial fue más fuerte y el buen andar del equipo escondió la basura debajo de la alfombra.
Con la guerra declarada el único que pierde es el hincha común y corriente. El Comité de Seguridad evalúa limitar el ingreso visitante en el partido contra Vélez, justo cuando Boca puede rematar la suerte del torneo. Si se confirma la medida, la dirigencia deberá enviar una lista con los dos mil hinchas habilitados por puntaje que hayan comprado su entrada, pero si la lista incluye a alguna de las barras será responsabilidad del club, que estaría así legitimando a los violentos.
Boca y el fútbol argentino perdieron toda autoridad ante los barrabravas que ya convirtieron las tribunas en zonas liberadas. Manejan los operativos de seguridad, se sientan en la mesa chica con los dirigentes, tienen vínculos con el gobierno e intentan legitimar el negocio de la violencia. Ayer, mientras Di Zeo exigía que le ganen la barra en la calle, el grueso de los hinchas de Boca abandonaba el estadio alertado por un posible enfrentamiento a la salida. Sucede en todas las canchas. El fútbol era de los hinchas; ahora es de los barras. 

martes, 25 de octubre de 2011

El contra


Superadas unas nuevas elecciones presidenciales en AFA que determinaron por unanimidad la octava reelección de Julio Humberto Grondona como mandamás del fútbol argentino, bien vale recordar la historia del único personaje capaz de disputarle, independientemente de los resultados finales, el trono al vicepresidente de la FIFA. Bastante antes de los Vila, Gámez o Raffaini, Teodoro Nitti sentó un precedente que se convirtió, con el paso del tiempo y el derrotero de las sucesivas reelecciones mediante, en un verdadero símbolo de resistencia.
Nitti comenzó su camino en el fútbol desde el lado más criticado. En épocas en las que, salvo raras excepciones, el protagonismo era patrimonio exclusivo de los futbolistas, nuestro homenajeado forjó el carácter de un árbitro severo, visceral y excesivamente imparcial que rompió con el molde del referato setentista que se volcaba claramente hacia los representantes del fútbol centralizado. Dirigió casi quinientos partidos entre 1970 y 1986 siendo incluso un reconocido juez internacional, aunque lamentablemente algunas polémicas puntuales y sobre todo su participación en dos encuentros que terminaron en tragedia marcaron a fuego su impecable trayectoria.
Con los clubes grandes en general y con San Lorenzo en particular nunca tuvo una buena relación. Fue el encargado de dirigir el último partido en el Gasómetro entre los locales y Boca e incluso años más tarde los hinchas del Ciclón atribuyeron el descenso a Nitti acusándolo de arreglar partidos. Lo cierto es que ese mismo año fue elegido para ser el representante argentino en la Copa América de 1983, lo que da la pauta de que los rumores eran fruto de la imaginación del devastado hincha de San Lorenzo que veía como su equipo se perdía en el ostracismo.
Durante el Campeonato Metropolitano de 1983 fue designado para dirigir en La Bombonera a Boca contra un Racing de muy mala campaña que finalmente descendería al cabo de la temporada. La hinchada Xeneize era liderada por El Abuelo, que había conseguido para ese partido una decena de bengalas marítimas que comenzaron a ser arrojadas minutos después del ingreso de la barrabrava. La primera sobrevoló la tribuna visitante, la segunda cayó cerca del círculo central y la tercera, fatídica, perdió fuerza en el camino y acabó en el cuello de Roberto Basile, un bancario de 26 años que murió en el acto. Para sorpresa de todos, Nitti no suspendió el encuentro argumentando que se podría agravar el marco. Parte de razón tenía, ya que luego del incidente la hinchada de Racing comenzó a abandonar el estadio al grito de “asesinos”, y con la policía desbordada, la salida podría haber cruzado a ambas hinchadas.
En 1985 volvería a ser testigo presencial de una tragedia en el fútbol argentino. Curiosamente otra vez Boca y la barra del Abuelo serían los protagonistas del decisivo partido entre Independiente y el Xeneize por la ronda de perdedores del Campeonato Nacional. El desencadenante en la Doble Visera fue un claro penal de Trossero que Nitti obvió sobre el final de primer tiempo. En ese momento la barrabrava de Boca se desbordó y fue en busca de la hinchada local mientras la policía intentaba frenar el caos con represión. El fruto de la intervención fue la muerte de Adrián Scaserra, un boquense de catorce años que falleció de un disparo en el pecho dando lugar a una tapa de El Gráfico que dio la vuelta al mundo. Fue el principio del fin para Nitti que dejaría el arbitraje un año más tarde para dedicarse al gremialismo.
En pleno conflicto entre la Asociación Argentina de Árbitros y el entonces incipiente SADRA ideado por Grondona para hacer frente a las huelgas gremiales, Nitti se presentó en las elecciones presidenciales de AFA de 1991 como una variante del régimen oficialista. Perdió 39 a 1 pero su actitud arrojada impulsó un cambio en el estatuto de la entidad que a partir de ese momento elevó el número de asambleístas a cuarenta y nueve y exige como norma obligatoria para aquellos interesados al sillón presidencial la presentación de siete avales para asegurarse un lugar en la elección. De más está decir que desde entonces ninguna fórmula opositora pudo cumplir con los requisitos. Nitti falleció en 2004 y además de polémicas y un magro recuerdo popular, se llevó el único voto que en más de treinta años no quedó en manos del grondonato. 

lunes, 17 de octubre de 2011

En el país de los ciegos


La diferencia de seis puntos que Boca le sacó a sus más inmediatos perseguidores queda demasiado grande a la hora de analizar su desempeño. Es que si bien el Xeneize es un equipo pragmático, efectivo y oportunista, también cuenta con la generosidad de Lanús, Estudiantes y Vélez, los neoprotagonistas que en el presente torneo no logran hacer pie, y la falta de decisión de sus escoltas que se traduce en una suerte de campeón de amplísimo margen.
Boca no tiene recetas mágicas ni secretos milagrosos, sino que encontró en Falcioni a un técnico capaz de hacer jugar al equipo a su manera. Con un Riquelme óptimo dentro de sus posibilidades marcando el toque de distinción en un dibujo equilibrado, el puntero resuelve los partidos con jugadas preparadas y centros al área y luego se refugia en la solidez de Schiavi, que rompió el molde del defensor de moda que Boca viene buscando hace rato sin demasiada fortuna.
La efectividad de este Boca es seguramente su mayor virtud. Esto no sólo le permite mantenerse en la punta con un promedio apenas superior a un gol por partido (doce en once partidos), sino que, por su capacidad defensiva, también hace más heroico el trabajo de Orión, que recibió tan sólo dos goles en el transcurso del torneo y resolvió el problema de la acefalía en el arco.
Como cuenta pendiente a este equipo le cuesta mucho encontrarle la vuelta a los partidos más cerrados. Contra Independiente, San Martín de San Juan y Estudiantes sólo pudo ganar por la mínima pese a haber sido absolutamente superior en el transcurso, mientras que con San Lorenzo y Belgrano no pasó del empate. No es un dato menor teniendo en cuenta que aún debe recibir a Rafaela y All Boys y visitar a Godoy Cruz en Mendoza.
Ahora sin Viatri y dejando de lado los rumores siderales acerca de la vuelta a la Argentina de Tévez o el regreso del retiro de Palermo, este Boca al que más por incapacidades ajenas que virtudes propias le alcanza y sobra, deberá ajustarse a la realidad y cerrar el torneo con el aporte de los Mouche, Blandi y Araujo. Habiendo superado el ecuador del Apertura, el puntero, con la convicción que no posee Racing, la jerarquía que le falta a Colón y sin el respeto que Rafaela le tiene a la categoría, se encamina invicto a un nuevo campeonato que parece cosa juzgada. En el país de los ciegos, un Boca tuerto quiere volver a ser el rey.