domingo 30 de enero de 2011

Un abrazo sin brazos


La postal es difícil de imaginar en nuestros días. Trasladémonos a una realidad difícil donde el fútbol se apoderó de todo. Un país en llamas camuflado por los festejos en el obelisco. Una selección apodada la Naranja Mecánica que busca revancha. Un Matador, Kempes, que adelanta a la Argentina en la final y Nanninga que pone el empate para ir al alargue. En esa media hora se definió todo, Bertoni y Kempes nuevamente llenaron de gol el grito del relator José María Muñoz y Argentina se consagró por primera vez campeona del mundo.
Tarantini llorando arrodillado agradece el título a quien sabe quien, a las lagrimas se suma Fillol, que tiempo más tarde juró haber visto a Dios en ese momento y de repente un hincha se agrega a ese abrazo imaginario para inmortalizar la imagen y para declarar sublime un festejo eterno. Es Victor Dell’Aquila, un fanático incansable del fútbol que a los doce años sufrió la amputación de sus brazos luego de una descarga eléctrica que pudo haberlo matado en San Francisco Solano.
"Terminó el partido y salí corriendo a buscar a Tarantini. Cuando lo encuentro lo veo cerca de Fillol, los vi a los dos abrazados y compartí ese momento histórico. Nos abrazamos los tres", recuerda Dell’Aquila y cuanta razón tiene ya que Ricardo Alfieri, el primero de una dinastía de fotógrafos destacados, capturó ese momento único en el que las mangas de su pulóver se adelantan siguiendo su carrera y simulando un abrazo más emocional que físico.
“Yo los abrazo aunque no tenga brazos”, gritaba emocionado Dell’Aquila, a quien el propio Alfieri, como un regalo personal, le obsequió la foto que fue publicada por El Gráfico bajo el título “El abrazo del alma”. La imagen recorrió la Argentina y el mundo e incluso fue elegida como la mejor del Mundial 1978.
Dell’Aquila no se hizo conocido ni mucho menos, pero su fama muy lejos está de ser efímera. Esa foto es una de las más bonitas en la historia de los mundiales. Es la foto del abrazo del alma. Del abrazo sin brazos.

jueves 27 de enero de 2011

El poder de reinventarse


El Barcelona ya excede cualquier explicación natural. Está más allá de la suerte de principiante de Guardiola que lo pudo haber acompañado en el inicio del proyecto, del trabajo continuo que se desarrolla en La Masía desde hace muchos años, de la conjugación de cracks que hacen un equipo de superestrellas con juego de gala. Estoy convencido de que es algo que está mucho, muchísimo más allá del gran juego desplegado.
No es lógico que todos los partidos los gane por goleada y prácticamente sin impedimentos con el mismo sistema y desarrollo que viene dándole éxitos al club desde hace tres años o más. No es lógico tampoco que las buenas actuaciones no claudiquen ni bajen su forma. Todos bajan su forma, pues el Barcelona no.
Desde que el Blaugrana tomó la posta que dejó el Real Madrid tuvo varios transcursos de gloria. El primero recordado desde aquella parte a nuestros días seguramente sea el que tenía a Rijkaard en el banco. Contaban con un sensacional Ronaldinho y algunos puntos altos que acompañaban pero como todo, el nivel bajó con el tiempo y el holandés acabó por dejarle su lugar a Guardiola.
Este caso es muy distinto, no sólo porque luego de la seguidilla de títulos el equipo no da ventajas, sino que con el paso del tiempo el engranaje futbolístico funciona cada vez mejor. Es inexplicable como un fútbol en apariencia obsoleto para una época dominada por el físico y la verticalidad se está convirtiendo en el juego del futuro. ¿Será que el Barcelona cambió la historia e inclinó la balanza nuevamente para el lado del buen juego?
El secreto del Barcelona está más allá del Barcelona en sí. Los éxitos pusieron al club por encima de todos y el mundo Blaugrana es conciente, por más que no lo reconozca, de esto. Sienten una admirable confianza por sí mismos que es más fuerte que cualquier cosa porque también saben que los rivales son conocedores de esto. Al Barcelona le juegan con un respeto que roza el temor. Para cualquier equipo sacarle un empate a los de Guardiola es un triunfo. No salir goleados es un desafío. Los rivales cargan con un peso psicológico gigante que los Culés lograron forjan en estos últimos tiempos a base de consagraciones.
Por eso el Barcelona además de contar con un excelente técnico y jugadores de otro planeta tiene una autoestima que es capaz de destruir cualquier resistencia y que les da la posibilidad de reinventarse partido a partido, incluso luego de haber ganado todo y cuando las motivaciones son prácticamente nulas. Son los mejores de todos y lo saben mejor que nadie, por eso pisan rivales todos los partidos y como si fuese poco, ahora se acostumbraron a golear empeñados en defender una reputación que se ganaron a fuerza de sacrificio.

miércoles 26 de enero de 2011

El día del fibronazo


En tiempos en los que Boca marcha a la deriva por los malos resultados o la poca solidez de su dirigencia, que ya sea por mala fortuna o simple impericia, se parece cada vez más a la José María Aguilar en River, es bueno recordar que con una Libertadores y un torneo local en el último lustro la situación no es tan dramática como parece. Incluso el club pasó por situaciones mucho peores, pero hubo una que marcó para siempre la memoria de cualquier Xeneise contemporáneo.
El año 1984 fue nefasto en el más amplio sentido de la palabra para Boca, con los promedios ya instaurados y una crisis institucional alarmante, el club prometía seguir el destino fatal de San Lorenzo y Racing. La Bombonera estaba clausurada por peligro de derrumbe y Boca llegó incluso a hacer de local en la cancha de Sarmiento de Junín, las huelgas dividían el plantel y al frente del equipo hubo siete técnicos elegidos por tres presidentes distintos. Todo en un año.
El club debió jugar más de treinta amistosos con el equipo titular para recaudar dinero por lo que los juveniles afrontaban el Metropolitano, incluso la reserva jugó alguna vez contra River haciendo de local en el Monumental perdiendo 4 a 1. Como si fuese poco, Boca fue invitado por el Barcelona para disputar la tradicional Copa Joan Gamper. También perdieron en el Camp Nou, pero 9 a 1.
Pero dentro de todos estos hechos escalofriantes, uno hizo que Boca toque fondo. El 8 de julio la Bombonera recibió la visita de Atlanta y por expreso pedido de la televisión y del árbitro, el Xeneise como anfitrión se vio obligado a cambiar de camiseta. Partiendo de la base que afrontaron el partido con jugadores de cuarta división por la huelga de los profesionales, encontrar una camiseta suplente en la utilería era prácticamente una utopía.
Con el arranque demorado y la amenaza de perder los puntos, Boca utilizó las camisetas blancas de entrenamiento que, de más está decir, no tenían números. La genial ocurrencia de los utileros radicó en pintarle los mismos con fibrón. La tinta fresca con la transpiración fue una combinación fatal y los dorsales acabaron por convertirse en un horrible manchón negro como muestra la imagen.
Fue el golpe de nocaut para un club en quiebra que veía la desaparición a la vuelta de la esquina. Esa tarde de domingo, con derrota 2 a 1 incluida, quedó inmortalizada como la más triste y humillante en la historia de Boca.

lunes 17 de enero de 2011

More than a game


La Eurocopa de 1992 tuvo su lugar en Suecia, por aquel entonces tan sólo ocho equipos tenían la posibilidad de disputar el máximo torneo continental y siete de ellos debían luchar por un lugar en una reñida eliminatoria previa ya que el país anfitrión estaba clasificado por derecho. Así fue como Alemania, Inglaterra, Escocia, Francia, el campeón Holanda, la Comunidad de Estados Independientes y una genial Yugoslavia se aprestaban para dar inicio a la competencia.
Poco tiempo antes del arranque de la Eurocopa estalló en Yugoslavia la Guerra de los Balcanes. Croatas, bosnios, serbios y albaneses decidieron redimir sus conflictos políticos, económicos y culturales mediante la lucha armada y el equipo de Boban, Savicevic, Jarni, Stojkovic y Suker fue excluido por la FIFA.
A falta de un participante, Dinamarca fue invitada a formar parte de la Eurocopa por haber finalizado en la segunda colocación durante la fase clasificatoria de grupos. Lo cierto es que las expectativas de los daneses eran nulas, sus figuras no le llegaban ni a los talones a los franceses, ingleses y suecos con los que compartirían la fase final y para colmo de males Michael Laudrup, la principal esperanza de La Dinamita Roja, había quedado al margen de la selección por diferencias con el entrenador Richard Moller Nielsen.
De esta manera y convocando de apuro jugadores que incluso ya estaban de vacaciones, Dinamarca llegó a Malmo para debutar contra Inglaterra y obtener, contra todos los pronósticos, una auspiciosa igualdad sin goles. El segundo partido de grupo no deparó sorpresa alguna para los daneses que cayeron por un tanto contra cero ante los locales gracias a una certera intervención de Brolin. La derrota de Inglaterra contra Suecia dejó al margen a los Pross y una contundente victoria ante Francia depositó a Dinamarca sorpresivamente en las semifinales. Larsen y Elstrup fueron los héroes de la jornada empañando incluso a Papin, autor del tanto galo.
En el otro grupo el gran candidato Holanda logró el pasaje a la siguiente ronda junto a Alemania dejando en el camino a Escocia y a la ex URSS con un sensacional Bergkamp. La primera semifinal se definió a favor de los teutones que superaron ajustadamente a los Fotbollslandslaget y esperaban rival para la final. Todo hacía suponer que sería la Naranja Mecánica pero un doblete de Larsen complicó más de la cuenta a los neerlandeses que apenas lograron un empatar el partido gracias a Bergkamp y Rijkaard que anotó sobre la hora. La definición por penales le dio la espalda a Van Basten que marró el suyo y así entregó en bandeja la clasificación a Dinamarca que ya a esa altura era la sorpresa del mundo.
El estadio Ullevi de Gotemburgo albergó el 26 de junio de 1992 una de las finales más recordadas de la Eurocopa. De un lado el aceitado equipo de Berti Vogts, campeón del mundo de la mano de Illgner, Brehme, Sammer, Riedle y Klinsman y del otro el convidado de piedra que había llegado hasta el último partido luego de entrar por la ventana. Schmeichel ya se había dado a conocer, Larsen era la figura a fuerza de goles y Brian, el Laudrup menos bueno, intentaba llevar adelante lo más dignamente posible el nombre de la dinastía.
El partido no dejó lugar a dudas ni suspenso, con un fútbol simple y eficaz con la humildad como principal recurso, Dinamarca avasalló a su rival y le asestó un monólogo digno de campeón. Jensen cerca de los veinte abrió el marcador y a los ochenta Vilfort bajó la persiana con un gol de muy buena factura. Bruno Galler marcó el final y para admiración de todos El Tomate Mecánico alzó la Eurocopa mejor lograda de la historia demostrando que los cuentos de hadas a veces se cumplen y que la leyenda de David contra Goliat en verdad existe.

sábado 15 de enero de 2011

Nostalgia juventina


La Juventus fue considerada durante años la oveja negra del Calcio. En una liga defensiva por excelencia, de marcas férreas y voraces donde el trabajo táctico se lleva todos los aplausos, siempre se las ingenió para llevarse puesto a sus rivales con una máquina de fútbol tan aceitada que hacía dudar a más de uno de su procedencia geográfica.
Con extrema elegancia gobernó con mejor suerte Europa que su propia liga durante los noventa y se afincó en la cima del mundo en la segunda parte de la década de la globalización. En los comienzos del nuevo siglo con un equipo de superestrellas mantuvo su liderazgo y siempre a base de buen juego, los resultados positivos se convirtieron en moneda corriente por el delle Alpi.
Sin embargo en los últimos años la corrupción en el fútbol italiano acabó por convertirse en una marca registrada que amenazó a varios gigantes pero arrastró sólo a uno. Juventus se vio afectado por numerosos casos de estafas deportivas y fue el principal perjudicado del Moggigate, el mayor timo futbolístico de la historia.
Con descenso a la Serie B incluido, el club vio como sus principales figuras abandonaron el futuro bianconero a su suerte. Los Cannavaro, Ibrahimovic, Zambrotta y Vieira se rehusaron a bajar de categoría y la Juventus emprendió un largo proceso de renovación obligatorio que lo acompaña hasta la fecha.
La justicia dejó un club acéfalo en donde Andrea Agnelli se hizo cargo de la presidencia siguiendo el legado familiar de los dueños de Fiat. Deschamps renunció a sus pergaminos en Francia y se mudó a Italia para dar una mano, el regreso a la Serie A fue más accesible de lo pensado pero recién ahí se dieron cuenta que el bueno de Didier en realidad no estaba capacitado: el primer gran error fue destituir al francés para dar lugar a Ranieri.
Ya de nuevo en el mayor escalafón del Calcio la Juventus realizó una aceptable campaña que lo devolvió a Europa pero el código futbolístico se iba perdiendo de a poco. Turín ya no era aquella sede del buen juego sino más bien una mera ciudad trasalpina, ya nadie dudaba de la procedencia de la Fidanzata d’Italia.
La llegada de Ciro Ferrara como entrenador acabó por dejar en el recuerdo las noches de gala que frecuentemente alojaba el delle Alpi. Su equipo se convirtió en monótono y falto de ideas, ni siquiera las llegadas de Diego y Felipe Melo, a la postre decepción total, pudieron torcer el rumbo que ya estaba escrito con la salida del ex central italiano como final cantado.
Hoy en día la realidad no es mucho mejor, la situación económica es regular a tono con la crisis que azota el viejo continente. La experiencia y los destellos de Del Piero atinan a juntarse con la velocidad del serbio Krasic para abastecer a un ya veterano Luca Toni. Las promesas que afloraban como luz de esperanza se quedaron simplemente en eso. Giovinco aun intenta explotar, ahora buscando su lugar en el mundo en el Ennio Tardini, la proyección de Marchisio ya lleva más tiempo de lo pensado y la grave lesión de Quagliarella fue el golpe de nocaut para un equipo que se ve peor en la cancha que en la clasificación.
La salida para la Juventus se vislumbra pero a base de un ADN que no le corresponde, con la maña pragmática de jugar a los pelotazos. La Vecchia Signora deberá volver a las fuentes para instaurar nuevamente el prestigio que le fue hurtado por esos mafiosos que manchan el deporte permanentemente.

miércoles 12 de enero de 2011

El triunfo de la estrategia


Es incorrecto afirmar que la victoria del Barcelona sobre el Real Madrid en el más inmediato derby español liguero es el triunfo de un estilo sobre otro. El verdadero triunfo de un estilo sobre otro fue en las semifinales de la Champions del año pasado cuando el Inter de Mourinho dejó en el camino al brillante Barcelona multicampeón. En ese entonces los italianos ya contaban con un equipo constituido que le pudo hacer frente al, a priori, mejor club del mundo.
Si son capaces de afirmar que el desempeño del Barcelona en el clásico con goleada incluida fue la mayor demostración de fútbol que alguna vez vieron yo les aumento la apuesta: el partido de vuelta de la semifinales de la Champions fue una demostración absoluta de cómo se debe defender una serie con resultado a favor, fue una cátedra de cómo parar defensivamente un equipo. Jamás en mi vida había visto algo así. Tan táctico y perfecto en la planificación como en la práctica.
Porque el Inter no fue a colgarse del travesaño al Camp Nou. Los que así lo vieron lamentablemente no comprendieron el planteo del portugués. El Neroazzuro basó su juego en la resistencia siempre detrás de la línea de la pelota, clave en un sistema defensivo donde todos avanzan y retroceden al unísono. Se cerró por el medio obligando al Barcelona a desgastarse recorriendo las bandas permanentemente y desbarató la orquesta de Xavi que jamás pudo triangular ni superar a los italianos en el hombre a hombre.
Mourinho conocedor de que con la pelota dominada iban al muere por cuestiones lógicas, entrego durante los últimos noventa minutos de la serie la posesión a su rival y se dedicó a esperarlo quedándose con cada uno de sus intentos. Lucio y Samuel fueron los bastiones de una defensa brillante que tuvo a su quinto elemento en un Julio Cesar que durante ciento ochenta minutos al menos, fue el mejor arquero del mundo.
Ni siquiera perder un hombre antes de la media hora de juego inmutó al entrenador visitante. Mientras cualquier otro se hubiese desesperado con la temprana e injusta expulsión de Motta, el portugués no sólo no realizó sustituciones sino que moviendo las piezas que tenía sobre el terreno de juego sacó los mayores créditos de su equipo haciendo honor a las palabras de Helenio Herrera: “Con diez hombres se juega mejor que con once”. Eto`o y Milito se hicieron cargo de la marca y Sneijder se convirtió en el comandante imaginario de un ataque inexistente que apostaba todo a un contragolpe letal.
Así trascurrieron los minutos hasta que cerca del final Piqué, que a esta altura si jugase con el diez en la espalda pasaría totalmente desapercibido, se encendió con un golazo de otro partido, con uno de esos que ni Messi ni Ibrahimovic habían podido concretar. Los fantasmas de Stamford Bridge sobrevolaron Cataluña pero era necesario mucho más que eso para quebrar la tenacidad Lombarda. El tiempo agregado, eterno por cierto, se consumió y el Inter se llevó una serie descomunal que lo depositó en una final que luego ganaría.
Por eso yo les digo a los que creen que el fútbol de Mourinho no es fútbol que de estrategia también se alimenta el deporte más lindo del mundo. Porque el Inter pudo jugar así en el partido de vuelta gracias a un triunfo inobjetable en la ida que dejó por primera vez al Barcelona de Guardiola derrotado por más de un gol. A todos ellos les digo también que el mejor técnico del mundo según la FIFA se quedó con el verdadero choque de estilos poniendo de rodillas a ese equipo de gigantes que no supo como romper el cerrojo defensivo más inteligente y efectivo que vi en una cancha de fútbol.

martes 11 de enero de 2011

El enganche fantasma


El fútbol moderno trajo consigo numerosos cambios, entre los más significativos figuran el incremento en la velocidad de juego y el vértigo ofensivo que redujeron considerablemente la pausa que aportaba un enganche, tiempo atrás, imprescindible para cualquier equipo.
Los sistemas tácticos eliminaron ese jugador distinto entre los volantes y los delanteros y el popularmente conocido enganche se convirtió en un mediocampista más con una libertad mayor que la de sus compañeros o bien en un mediapunta o extremo. Obviamente que el cambio también produjo variantes en la forma de juego de los futbolistas en cuestión.
Los antiguos enganches acostumbrados a un juego pausado, en estos tiempos considerado lento, pasaron a ser más rápidos y efectivos, ganaron espacio en el área rival pero perdieron el ojo clínico de las asistencias milimétricas. También la calidad de la pegada se incrementó en la misma proporción en la que se perdió el control de la pelota al ras del suelo, los pelotazos de larga distancia, cambios de frentes y centros buscando al ariete dejaron de ser una opción para convertirse en un recurso.
Estos jugadores, neoenganches (sin la intención de desprestigiarlos con el prefijo neo), acabaron por convertirse en enganches fantasmas, jugadores distintos, dueños de equipo y de la pelota pero sin una posición fija. Incluso los últimos sobrevivientes como Juan Román Riquelme o Pablo Aimar, vivieron sus tiempos de gloria oficiando de enlaces sin ocupar estrictamente esa posición. El Boca de Bianchi campeón de todo jugaba con un 4-4-2 que le daba libertad a Riquelme para jugar, habilitar, llegar al área y mantener la pelota. Así ganó todo y con el ex jugador del Villareal como principal figura.
Siempre se ha dicho que Argentina es una especie de área protegida para los enganches y seguramente los que afirmen esto tendrán razón. El fútbol europeo eliminó mucho antes de sus sistemas a los enganches y no por eso comenzaron a jugar mal. De hecho los mejores y más recordados equipos fueron los principales asesinos de esta posición que hasta hace poco tiempo formaba parte de la columna vertebral de cualquier formación.
El Ajax de Van Gaal sin ir más lejos, triunfaba con un sistema 4-3-3 que tenía al finlandés Litmanen como figura por su labor como mediapunta siendo su posición natural la de enlace. Esto era posible en gran medida gracias a los dos perros sabuesos que tenían en la mitad de la cancha, Davids y Seedorf aguantaban la presión rival y devolvían las embestidas con fútbol champagne.
Hoy en día el Barcelona es una clara muestra de lo que puede hacer una buena utilización del enganche fantasma, a pesar de contar con un fútbol retro que apunta a la pausa y la pelota al piso, Xavi e Iniesta se complementan para ser el tándem perfecto del conjunto blaugrana. Seguramente un enganche clásico, estancado entre la línea de volantes y delanteros jugando de espaldas al arco rival sería incluso un estorbo para Messi, Villa, Pedro y compañía con su ataque explosivo.
Salvando las distancias, en Argentina es Walter Ervitti el que intenta jugar como enganche fantasma siguiendo la línea de juego de Xavi e Iniesta en el Barcelona. En sus comienzos en San Lorenzo fue un enganche clásico más tarde devenido en doble cinco con menos marca que juego que triunfó en Banfield logrando un campeonato en el que fue el estandarte de su equipo.
Ejemplos hay miles, cada uno con sus virtudes y limitaciones pero todos cómplices de un fútbol moderno que promete eliminar el enganche en favor del juego presuroso y vertical.

viernes 7 de enero de 2011

Tan perfecto que asusta


El Ajax es un equipo que vive de rachas. Su historia se remonta y se basa en ellas, tan cíclicas como esporádicas aunque sumamente recordadas y marcadas a fuego por el buen fútbol. Con la cantera como motor vital de cada proyecto a largo plazo de proceso continuo que tendrá su fin glorioso cuando el éxito lo disponga, el club más representativo de los Países Bajos recorre su pasado dividido en dos grandes etapas, la setentosa de Michels, Cruyff, Neeskens, Reep y Krol y aquella que la sucedió con altura: la de Van Gaal y sus golden boys.
El paso del ex entrenador del Barcelona por el Ajax coincidió con una exquisita camada de juveniles holandeses dispuestos a todo, incluso a destronar al Milan superpoderoso que Capello había heredado de Sacchi. El designio que Van Gaal comenzó en 1991 tuvo su punto cúlmine en 1995 cuando tuvieron la posibilidad de mostrase por Europa luego de haberse adjudicado la Eredivisie.
La Champions les recibió con un grupo por demás complicado en donde estaba el AEK Atenas, el Austria Salzburg y el Rossonero, vigente campeón luego una goleada histórica en la final ante el Barcelona de Guardiola, Romario y Stoichkov. Ninguno fue rival y el Ajax acabó primero en la liguilla de octavos de final a cinco puntos del escolta Milan. El gran equipo se estaba gestando.
La condición de revelación del Hajduk Split croata poco pudo hacer para impedir el avance de los holandeses que los aplastaron con un tres a cero irrefutable en el partido de vuelta, la semifinal era una realidad y esperaba el Bayern Munich. Otra vez un empate a cero en la ida dejaba la serie abierta pero el desaparecido estadio De Meer sería testigo de una de las mejores producciones de este equipo, Litmanen en dos oportunidades, George, Ronald de Boer y Overmans harían estériles los tantos alemanes de Scholl y Witeczek para sellar el cinco a dos definitivo que colocó al Ajax en una nueva final europea.
Van Gaal y sus pupilos estaban viviendo el sueño, ese sueño al que le faltaba superar una sola barrera para convertirse en realidad y abrazar la gloria para siempre. Esa barrera se llamaba, una vez más, Milan. Los italianos tenían realmente un equipo de superestrellas, Baresi, Maldini, Panucci, Boban y Simone eran algunos de los cucos capaces de atormentar a cualquiera rival, pero el Ajax tenía un as bajo la manga.
El as no era otro que el fútbol mismo, en toda su esencia y método. Un conjunto capaz de todo con la posesión de la pelota como idea básica y el juego de apoyo constante, una admirable disciplina de posiciones y el movimiento a dos toques y por el piso impuesto desde la cuna a los jóvenes cracks que tiempo más tarde regocijarían Europa.
El once de gala de la final fue de ensueño: van der Sar, Reiziger, Blind, Rijkaard, Frank de boer, Seedorf, Davids, Ronald de Boer, Litmanen, George y Overmans quedaron en el recuerdo, pero en gran parte gracias al doceavo complemento, la figura del partido decisivo que saltó a la cancha desde el banco para darle justicia a la historia misma, un tal Patrick Kluivert que a sus dieciocho años actuó como juez y parte en una de las finales de Champions más recordadas dándole el triunfo al mejor Ajax de todos los tiempos.
Esa fue la anteúltima muestra del triunfo del fútbol elegante, la que precedió al Barcelona. Es cierto que ese equipo tuvo un antes y un después, incluso llegó a disputar otra final europea al año siguiente que perdería ante la Juventus, pero la Champions League de 1995 fue la mejor exhibición del Ajax de Van Gaal, el mismo Ajax que aguarda revivir una etapa dorada formando valores en De Toekomst con el claro objetivo de volver a ganarse la admiración del mundo con su fútbol de galera y bastón.

jueves 6 de enero de 2011

El final es en donde partí


Un día se tenía que cortar el idilio. Ortega tuvo más crédito que cualquier otro ídolo y tal vez no lo supo aprovechar. Es de los últimos jugadores en actividad de la época dorada del club y de River era el deseo que se vaya por la puerta grande, pero los continuos tropiezos del jujeño apresuraron la salida.
Formado en las inferiores a donde llegó desde su Ledesma natal, debutó en 1991 frente a Platense. Tiempo más tarde convirtió su primer gol contra Quilmes y se consagró al año siguiente con un gol contra Boca. Como gran artífice en la obtención de la Copa Libertadores de 1996 se marchó a Europa para dejar su sello en Valencia, Sampdoria y Parma.
En el 2000 pegó la vuelta y vivió una de sus mejores etapas en River que coronó con la conquista del Clausura 2002 formando parte de los cuatro fantásticos junto a Saviola, Aimar y Ángel. Allí un pase al Fenerbahce de Turquía comenzaría a marcar su carrera.
Luego de una salida traumática con suspensión de la FIFA de por medio, volvió a jugar tras casi dos años en las filas de Newell’s Old Boys de Rosario al mando de Américo Gallego. Otra vez en gran nivel logró un nuevo título local en su carrera y en 2006 regresó a River por tercera vez.
Su último paso por el club fue el más negativo, ya disminuido físicamente y con problemas personales más que evidentes. Con un préstamo a Independiente Rivadavia de Mendoza incluido donde ni siquiera terminó su contrato, sus últimos años futbolísticos fueron muy flojos y sus bajones anímicos llenaron más de una tapa con sus faltazos y recaídas.
Lo cierto es que hoy Juan José López le dijo basta y el Burrito ya no es jugador de River. No va a ser tenido en cuenta por el entrenador y deberá buscarse club si es que piensa seguir su carrera. Un River sin Ortega no es complicado de entender. Lo que si se complica es imaginar a Ortega sin River.