
La selección colombiana ocupó durante mucho tiempo el podio de los mejores combinados sudamericanos. En tiempos en los que Chile y Paraguay no eran ejemplo y Uruguay vivía del eterno recuerdo del Maracanazo, los cafeteros daban cátedra con la generación dorada de los Asprilla, Valenciano, Valderrama, Higuita y compañía y sólo se consideraban perseguidores de Argentina y Brasil.
Incluso en 1993 Colombia logró la victoria más significativa de su historia de cara al Mundial de Estados Unidos, en su visita al estadio Monumental por las eliminatorias, goleó cinco a cero en condición de visitante a la Argentina de Alfio Basile que acumulaba treinta y tres partidos invictos y cuya derrota la condenó a jugar el repechaje frente a Australia. Muchos opinan que ese batacazo fue perjudicial para el presente perfecto de esa selección que en la Copa del Mundo fracasó rotundamente a pesar de ser una de las máximas candidatas al título.
Con rezagos de ese equipo y de una generación futura que aportó grandes jugadores como Córdoba, Aristizábal, Serna y Yepes, Colombia obtuvo de local la primera y única Copa América de su historia. Desde entonces el tricolor inició un profundo proceso de recambio que combinó el fracaso con el ostracismo, a eso sumado el crecimiento de Ecuador y Paraguay dieron como resultado la ausencia de Colombia de los tres últimos mundiales.
Hoy la realidad es distinta, la vuelta de Hernán Darío Gómez a la dirección técnica vino asociada a un grupo de jóvenes que son presente y futuro de Colombia futbolísticamente hablando. Destacados en sus clubes y con el sello del buen juego que siempre pregonó el entrenador, Rodallega, Falcao, Zúñiga, James Rodríguez, Cristian Zapata, y Teófilo Gutiérrez son las esperanzas que amparadas en la experiencia de Córdoba, Yepes, Castillo y Viáfara buscarán volver a las fuentes en la Copa América de Argentina que dará inicio a partir julio. El único punto negativo para el entrenador fue la grave lesión que apartó a Giovanni Moreno de la máxima cita continental siendo un jugador clave para su país.
Después de mucho tiempo Colombia tiene material para afrontar una competición en igualdad de condiciones que las demás selecciones. Si Gómez entiende como volcar en la cancha todo el poderío que sus dirigidos llevan en sus nombres, los cafeteros serán un rival durísimo para cualquiera. Puede ser el primer paso apenas de una identidad que en caso de ser bien empleada devolverá a la Copa del Mundo a uno de los países más tradicionalistas y respetuosos del buen fútbol.











