
El Rayo Vallecano, uno de los clubes más representativos de España por tradición, vive una situación inusual en su periplo por la Liga Adelante en la actual temporada. Si bien futbolísticamente la actualidad del equipo que marcha en la primera colocación es inmejorable, institucionalmente atraviesa uno de los peores momentos de su historia con un pasivo que supera los veinte millones de euros y le impide afrontar el pago de los sueldos de un plantel que hace más de un año que no cobra.
Es difícil encontrar una relación entre la mala situación económica y la excelente producción del equipo de José Sandoval que además de contar con los argentinos Armenteros y Trejo tienen en Míchel, Coke y Aganzo a sus principales figuras. Sin embargo fuera de la cancha todo es adversidad, los juveniles del primer equipo viven del dinero de sus padres mientras que otros con más responsabilidades no pueden pagar las hipotecas o el colegio de sus hijos. Ni siquiera el técnico, que va al entrenamiento en bicicleta, se salva del ostracismo.
La realidad es caótica en Vallecas, el suburbio a las afueras de Madrid que alberga al Rayo y sus seguidores incansables, en su mayoría trabajadores y empleados fabriles que sufren al son de su equipo. Los Ruiz Mateos son los históricos propietarios del club desde comienzos de los noventa y los principales apuntados a la fecha por la crisis financiera, están siendo procesados por evasión fiscal y enriquecimiento ilícito en el contrato con Clesa, la marca láctea perteneciente al holding Nueva Rumana, patrimonio de la familia, que se luce en la camiseta de los rayistas.
Para el plantel hace rato se acabaron los viajes en trenes de alta velocidad y las concentraciones, a los encuentros de visitante llegan tras diez horas en ómnibus. Hartos de la situación evaluaron encerrarse en la ciudad deportiva para reclamar el pago de los salarios o incluso no presentarse a jugar, aunque desestimaron la última opción por respeto a la afición que los sigue partido tras partido y que también puja contra lo que consideran una dictadura de los Ruiz Mateos.
Sin ir más lejos la semana pasada los hinchas radicales del Rayo, conocidos como Bukaneros y de principios comunistas, anarquistas y revolucionarios, marcharon en caravana a la casa de Teresa Rivero, presidenta del club desde 1994 y esposa del patriarca José María Ruiz Mateos, para exigir la venta inmediata del club. Los seguidores rayistas son un ejemplo de militancia de izquierda y encuentran en la sublevación el único medio para revelarse al sistema que azota a los vallecanos.
Así de bipolar es la atípica circunstancia que vive el Rayo Vallecano, a punto de ascender a la elite del fútbol español pero a su vez en un concurso preventivo que podría decretarle el remate de su estadio, que curiosamente lleva el nombre de su presidenta. Lejos está la tranquilidad que debería aportarle un 4-3-3 ultraofensivo que liquida defensas contrarias en la cancha pero que en los escritorios nada puede hacer entre numerosos pedidos de quiebra y termina perdiendo por goleada.












