
En una final cuyo trámite no se sobrepuso, excepto en el comienzo, a los pronósticos iniciales, el Barcelona derrotó 3 a 1 al Manchester United en Wembley y logró así la cuarta Champions League de su historia y la tercera desde el 2006 cuando se consagró en Paris, con Rijkaard en el banco, dando inicio a la etapa dorada. No obstante, a pesar del resultado, el amanecer del partido fue sorpresivo cuando el Manchester United asfixió en los primeros diez minutos al Barcelona que no lograba salir con claridad y, aunque no llegó a inquietar a Valdez, contó con posibilidades de romper una defensa hermética que no acostumbra a defenderse cerca de su propio arco.
Una vez pasado el aluvión inicial los catalanes comenzaron a manejar los hilos del partido, Giggs cedió en la lucha con Xavi que se adueñó del medio, Iniesta se mostró permanentemente como una opción de pase y Messi creció en sus acciones individuales al tiempo que Pedro cortada la defensa rival con sus diagonales y Villa buscaba el gol siendo la opción más adelantada del ataque blaugrana.
A partir del primer cuarto de hora en adelante el desarrollo fue un monólogo del Barcelona que superó a su rival en todas las líneas. Apenas Van Der Sar, que jugaba su último partido, y los centrales Vidic y Ferdinand se salvaban del fiasco que Ferguson buscaba levantar a los gritos. Así no sorprendió que los españoles se adelantaran cuando promediaba la primera mitad a través de Pedro que definió ante el arquero holandés tras recibir una milimétrica habilitación de Xavi.
El dominio abrumador del Barcelona no daba opciones al United que se deshacía abusando de los pelotazos largos para un Hernández que, jugando al límite, cayó en fuera de juego en cada ataque inglés. El único que alzaba la bandera de los Diablos Rojos era Rooney que tuvo su recompensa tras una buena jugada con Giggs que le permitió marcar el empate. La sorpresa se adueñó de todos ante el premio inmerecido que el Manchester se llevó al entretiempo.
El segundo tiempo no dejó lugar a dudas, los de Guardiola salieron dispuestos a mantener la ventaja en el juego y cuando Van Der Sar se perfilaba como figura, Messi remató de larga distancia y el envío envenenado se coló por debajo de la resistencia del arquero para desatar la locura en Wembley. El resultado no tuvo vuelta atrás y la falta de reacción del Manchester sintió el peso ofensivo del Barcelona.
A los setenta, Messi hizo una gran jugada personal y cuando la acción se manchó, Villa, que no había estado fino, definió con calidad desde el borde del área para bajarle la persiana al partido. El 3 a 1 sería definitivo para un Barcelona que sigue haciendo historia y parece haber alcanzado la perfección de la mano de Guardiola, Messi, Xavi y compañía. En el país de la Reina, el rey es español.




