sábado, 28 de mayo de 2011

El rey es español


En una final cuyo trámite no se sobrepuso, excepto en el comienzo, a los pronósticos iniciales, el Barcelona derrotó 3 a 1 al Manchester United en Wembley y logró así la cuarta Champions League de su historia y la tercera desde el 2006 cuando se consagró en Paris, con Rijkaard en el banco, dando inicio a la etapa dorada. No obstante, a pesar del resultado, el amanecer del partido fue sorpresivo cuando el Manchester United asfixió en los primeros diez minutos al Barcelona que no lograba salir con claridad y, aunque no llegó a inquietar a Valdez, contó con posibilidades de romper una defensa hermética que no acostumbra a defenderse cerca de su propio arco.
Una vez pasado el aluvión inicial los catalanes comenzaron a manejar los hilos del partido, Giggs cedió en la lucha con Xavi que se adueñó del medio, Iniesta se mostró permanentemente como una opción de pase y Messi creció en sus acciones individuales al tiempo que Pedro cortada la defensa rival con sus diagonales y Villa buscaba el gol siendo la opción más adelantada del ataque blaugrana.
A partir del primer cuarto de hora en adelante el desarrollo fue un monólogo del Barcelona que superó a su rival en todas las líneas. Apenas Van Der Sar, que jugaba su último partido, y los centrales Vidic y Ferdinand se salvaban del fiasco que Ferguson buscaba levantar a los gritos. Así no sorprendió que los españoles se adelantaran cuando promediaba la primera mitad a través de Pedro que definió ante el arquero holandés tras recibir una milimétrica habilitación de Xavi.
El dominio abrumador del Barcelona no daba opciones al United que se deshacía abusando de los pelotazos largos para un Hernández que, jugando al límite, cayó en fuera de juego en cada ataque inglés. El único que alzaba la bandera de los Diablos Rojos era Rooney que tuvo su recompensa tras una buena jugada con Giggs que le permitió marcar el empate. La sorpresa se adueñó de todos ante el premio inmerecido que el Manchester se llevó al entretiempo.
El segundo tiempo no dejó lugar a dudas, los de Guardiola salieron dispuestos a mantener la ventaja en el juego y cuando Van Der Sar se perfilaba como figura, Messi remató de larga distancia y el envío envenenado se coló por debajo de la resistencia del arquero para desatar la locura en Wembley. El resultado no tuvo vuelta atrás y la falta de reacción del Manchester sintió el peso ofensivo del Barcelona.
A los setenta, Messi hizo una gran jugada personal y cuando la acción se manchó, Villa, que no había estado fino, definió con calidad desde el borde del área para bajarle la persiana al partido. El 3 a 1 sería definitivo para un Barcelona que sigue haciendo historia y parece haber alcanzado la perfección de la mano de Guardiola, Messi, Xavi y compañía. En el país de la Reina, el rey es español.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El pragmatismo al servicio del éxito


Si el juego del Barcelona es el romanticismo futbolístico en su máxima expresión, el del Manchester United es el utilitarismo en sí mismo. Los catalanes demostraron en los últimos tiempos a fuerza de consagraciones que, por fin, el fútbol champagne puede cosechar sus frutos mientras que los de Ferguson abusan de un método que, por trillado que parezca, sigue poblando de títulos las vitrinas de Old Trafford.
Alex Ferguson pregona a sus dirigidos un sistema de juego eficaz y rendidor donde cada jugador depende de su compañero y así es como sienta las bases de un equipo solidario en el que ninguna buena actuación se concibe si solamente uno de los componentes falla o no cumple su labor como corresponde. Ejemplo de esto es la superación colectiva del United desde que Cristiano Ronaldo se marchó al Real Madrid.
La partida del portugués determinó un crecimiento muy importante en jugadores que hoy son vitales en el Manchester como Wayne Rooney, que dejó de ser un portentoso delantero centro para convertirse en un mediapunta laborioso cuyo aporte más significativo es grupal y no colectivo como en los tiempos de Ronaldo, donde el delantero ponía a sus compañeros a su servicio.
Otro jugador que colaboró con la madurez futbolística de Rooney fue Javier Hernández, el mexicano que Ferguson aseguró durante el Mundial y que le ganó la titularidad al búlgaro Berbatov. Chicharrito se hizo un hueco en el equipo a fuerza de goles y de algunas de esas cualidades que, a pesar de estar a la vista de todos, pocos valoran. Es un auténtico nueve de área, voraz e instintivo por naturaleza, con gran capacidad de ubicación. Su juego le permite a Rooney bajar unos metros para tener más participación en la elaboración de las jugadas y relanzar la ofensiva del United.
La mitad de la cancha es seguramente el único sector donde el Manchester pierde el equilibrio. Por un lado porque las bandas la recorren dos jugadores de características diferentes que sin complementarse marcan el ataque cuando les toca intervenir en cada jugada y por otro porque los volantes centrales son el talón de Aquiles del equipo. Valencia y el ambidiestro Nani se alternan para verticalizar la banda derecha con ataques eléctricos mientras que Ryan Giggs se ofrece como una opción de pase que genera la pausa necesaria para provocar la distracción rival que los delanteros aprovechan para romper la línea de la defensa. La diferencia principal entre ambos extremos radica en la velocidad mental, el recurso principal que Giggs explota y la carencia que Nani contrarresta con fortaleza física.
Los equilibristas del Manchester son Michael Carrick y Park Ji-Sung o Anderson, tres jugadores cuyo nivel se desluce en tareas defensivas en un equipo ancho que juega sus cartas por los costados. El ejemplo más claro de la falta de variantes en el mediocampo se demuestra en la vigencia de Paul Scholes, el principal recambio de los titulares que retrasa su retiro por pedido del entrenador escocés y la incapacidad del club para encontrar reemplazantes.
En la defensa Rio Ferdinand y Nemanja Vidic son las torres que marcan la resistencia apuntalados en el eterno Edwin Van Der Sar y en laterales de marcada vocación defensiva como Patrice Evra por la izquierda y el irlandés John O’Shea por la franja diestra. Los mellizos brasileños Fabio y Rafael Da Silva son las variantes ofensivas para el puesto.
La definición de Wembley repetirá a los protagonistas de la edición de la final disputada en Roma en 2009, sólo que en ésta oportunidad el Barcelona se presenta como un equipo que alcanzó la perfección futbolística desde la belleza, toda vez que el Manchester, sin resignar fútbol, persigue el éxito desde la practicidad.

jueves, 19 de mayo de 2011

Crónica de una baja anunciada


Más allá de los motivos extra futbolísticos que impulsaron a la AFA a invitar a Japón para que forme parte de la Copa América, la participación de los nipones era una buena oportunidad para ver de cerca y, ante rivales de primer nivel, a una selección que creció mucho en los últimos años dejando como recuerdo más cercano una actuación positiva en el Mundial de Sudáfrica. Claro está que los dirigidos por Zaccheroni distan muchísimo de aquella selección semi profesional que hizo su presentación en la competición continental en Paraguay en 1999 sumando apenas un punto sobre nueve posibles.
Sin embargo la invitación se vino abajo por el terremoto que azotó Japón en marzo y el posterior accidente nuclear que mantuvo en vilo gran parte de Asia. El desastre natural alteró significativamente el calendario del fútbol japonés y los clubes europeos que debían ceder sus figuras presionaron a los dirigentes nipones para que declinen la propuesta.
Hace un mes y medio Junji Ogura, el presidente de la Asociación Japonesa de Fútbol que se había maravillado cuando recibió la solicitada, dejó su país en crisis y cruzó el mundo para explicarle amablemente a Julio Grondona que Japón se bajaba de la Copa América por los motivos anteriormente mencionados. La noticia no cayó del todo bien en la AFA que vio como se le caía la venta de los derechos televisivos de la competición en el mercado asiático y presionó a Ogura para que haga lo posible y traiga a su selección a Buenos Aires.
Así fue como Ogura intentó regularizar la situación de la liga local y destrabar el permiso de los clubes europeos, pero le fue imposible y finalmente el lunes pasado oficializó la renuncia indeclinable de su selección. Cuando en la AFA recibieron el fax con la negativa, no contaban con ningún plan B empecinados en el “todo pasa” que rige en la entidad desde 1979. Se olvidaron de que todo pasa menos el terremoto. Si hubiesen aceptado el pedido del dirigente japonés en primera instancia, el grupo de Argentina, Colombia y Bolivia lo hubiese podido completar incluso España, que estaba dispuesta a plantearse la posibilidad de venir a jugar la Copa América.
Con la soga al cuello por la falta de tiempo, la AFA salió a buscar el reemplazante de Japón y en el camino se cruzó Costa Rica, que a pesar de la complicación que le genera su participación en la Copa de Oro en junio, aceptó el reto de disputar la Copa América. Pero lejos están los Ticos de ser la selección que rozó la clasificación al último Mundial en el repechaje contra Uruguay ya que, con cierta despreocupación, informaron que presentarán un equipo Sub-23 con cinco refuerzos legionarios para intentar llevar a cabo una actuación digna, tal cual las palabras del dirigente costarricense Eduardo Li.
Así la Copa América sufrió la primera baja y una reposición de poca monta que no hace más que seguir desprestigiando un torneo bastardeado hace tiempo. Ésta vez la informalidad de la AFA y la excesiva ambición de llevar el fútbol a todos los rincones del mundo, como se le llama en las entidades FIFA a la acción de lucrar con los derechos televisivos, nos vendieron al bigotón equivocado. Pudo haber sido Del Bosque y terminó siendo La Volpe.

martes, 17 de mayo de 2011

La catedral del fútbol


La final de la Champions League tendrá un protagonista mucho más estelar que el Manchester United o el Barcelona cuando sea el mítico estadio de Wembley el que se vista de gala para dar lugar a la mayor atracción del calendario futbolístico a nivel de clubes. El campo sagrado, como era conocido antes de su demolición en el 2002, fue el principal testigo de las memorables hazañas inglesas y acogerá el 28 de mayo su sexta final de Europa, aunque la primera desde su reapertura.
Desde su inauguración en 1923, recibiendo la final de la FA Cup entre West Ham y Bolton, Wembley sintió atracción por la leyenda y los primeros planos, tal es así que aquella tarde pudo haber terminado en una tragedia. Se estima que ese día el público doblaba en número la capacidad de 125 mil personas que tenía el estadio y, a juzgar por los acontecimientos, la apreciación no parece exagerada teniendo en cuenta que los espectadores que no encontraron espacio en las tribunas invadieron el terreno de juego. La seguridad actuó rápido y el partido, que dejó la copa en las vitrinas de los Wanderers, se inmortalizó como “La final del caballo blanco” desde el momento en que un agente de la policía montada, llamado George Scorey, salió en todas las fotos evacuando la cancha a bordo de su equino llamativamente claro para las imágenes faltas de color de los años veinte.
Con el paso del tiempo el estadio de Wembley se convirtió en la catedral del fútbol y en terreno infranqueable para la selección inglesa que, en 1953, vio como la Hungría de Puskas la humillaba con un categórico 6 a 3 y le robaba para siempre el invicto como local. Durante los años siguientes fue destino obligado de los partidos decisivos, allí el Milan de Rocco conquistó Europa en 1963, el mejor United de todos los tiempos hizo lo propio en 1968 al igual que Cruyff y su Ajax en 1971 y Liverpool y Barcelona, en 1978 y 1992 respectivamente, cerraron el peregrinaje histórico del gigante inglés en finales de Copa de Campeones.
Se convirtió también en cómplice de Hurst para darle asilo al máximo logro de los inventores y levantar junto a Bobby Moore la Jules Rimet en 1966. Fue la segunda vez, después de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, que Wembley recibió al mundo. Albergó además el escorpión de Higuita y la Eurocopa de 1996. En el 2000 cerró sus puertas con un olvidable partido entre los locales y Argentina que no paso del empate en cero. Fue el adiós de legendario recinto que jamás debió ser demolido.
En el 2007 se inauguró en el mismo solar el nuevo Wembley, que ya no cuenta con las características torres gemelas que servían a los visitantes de impetuosa presentación pero asegura la comodidad de 90 mil espectadores que se dividirán entre mancunianos y catalanes en la final de la Champions, además de mostrar un imponente arco de acero que lo cruza de punta a punta y llega a perderse en las alturas a 133 metros del suelo. El 28 de mayo tiene una nueva cita con la historia y aunque poco queda de aquella fabulosa catedral del fútbol, Wembley volverá a brillar como en sus tiempos de gloria.

viernes, 13 de mayo de 2011

Betis de Primera


A falta de confirmación oficial por esas cosas que tiene el fútbol moderno, y sobre todo en España, que permite ganar puntos sobre el escritorio, bien vale un homenaje al Real Betis que estará presente en la Liga BBVA del año próximo al lograr el ascenso tras dominar claramente la categoría de plata del fútbol español, el infierno de los clubes de elite en el que los de Heliópolis permanecieron dos largos años hasta sellar el pasaje frente al Tenerife la fecha pasada.
El ascenso del Betis significa el regreso a Primera de uno de los clubes más tradicionales y convocantes del fútbol ibérico, no sólo por historia sino también por actualidad. Quedó más que demostrado que la Segunda División, con todo el respeto que merece, le queda chica a esa afición de ADN sudamericano, no por violencia sino por fidelidad, que promedió una convocatoria extraordinaria en cada uno de los partidos de la temporada.
El logro es también un premio a la superación de un club que cimentó su éxito en la reorganización institucional que produjo la llegada de Rafael Gordillo a la presidencia. Con él arribó también Pepe Mel, el encargado de guiar a la plantilla en el nuevo proyecto. De allí para abajo todo fue éxito para el Betis que encontró en Iñaki Goitia primero y en Casto después, la seguridad que todo equipo necesita en el arco. En Belenguer y en Vega los pilares defensivos y en Arzu, Salva, Dorado y Jorge la elaboración del juego y el puntapié final de cada acción.
Párrafo aparte merece el aporte de Rubén Castro, un trotamundos del gol que llegó a Sevilla con su mochila cargada de ilusiones tras sufrir el destierro en el Deportivo La Coruña. Encontró en el Benito Villamarín su lugar en el mundo y fue vital con sus veintitantos goles para sacar al equipo de las malas rachas, sobre todo de esa con la que recibió el año: cinco derrotas consecutivas en poco más de un mes y la pérdida de un lugar de privilegio en la zona de ascenso directo.
Pero Castro se levantó y también el grupo, que incluso superó uno de esos golpes bajos de los que es difícil reponerse, uno similar al que sufrió en carne propia el Barcelona campeón de Liga al que el Betis puso contra las cuerdas en la Copa del Rey, cuando a Miki Roqué le detectaron un tumor maligno en la pelvis que hizo al catalán cambiar la lucha por el ascenso por una mucho más dura en la que planta bandera ante la enfermedad con sobrado coraje.
Es que así de sufrido, por más que los números reflejen otra realidad, fue el ascenso del Betis. Pero los sevillanos ahí están para demostrarle al fútbol español que recuperó un grande. Y también un clásico que ya se extrañaba en las discusiones futboleras.

lunes, 9 de mayo de 2011

El superclásico en tiempos de crisis


Lo que hace unos años hubiese sorprendido hasta al más optimista, a la fecha se convirtió en una realidad tan cruel como alarmante. Poco queda del River que se repartía los títulos locales o del Boca que daba cátedra por el mundo, la situación de ambos dista muchísimo de lo que exige la historia y ya no sólo se trata de salvar una mala campaña con un triunfo en el superclásico, sino que en el medio conviven intereses de técnicos que buscan la estabilidad en el cargo, jugadores que arriesgan su continuidad en el club y dirigentes que intentan recuperar la confianza en plena campaña electoral. Todo en noventa minutos donde no va a faltar ni siquiera el temido fantasma del descenso.
El empate no alcanza siquiera la categoría de premio consuelo, no le sirve a ninguno de los dos ya que River, comprometido con el descenso luego de su derrota como local ante All Boys, deberá buscar los tres puntos para ganar tranquilidad, mientras que Boca, apremiado por el presente irregular que de persistir promete eyectar del cargo a Falcioni, tiene la posibilidad de comenzar a enderezar el rumbo como local con una victoria que lo dejaría a un punto del clásico rival.
La campaña de River no es mala en sí misma, a pesar de la avaricia ofensiva de López el Millonario está cuarto a cuatro unidades de Vélez que, si bien debe un partido, puede dejar puntos en el camino fruto de sus serias aspiraciones a campeonar en la Copa Libertadores. De todas formas la tabla del descenso apremia al conjunto de Núñez que se ve comprometido ante la remontada de los equipos ascendidos ésta temporada y lo obliga a jugar a dos puntas intentando salir del pozo al mismo tiempo que aspira al campeonato.
La situación de Boca es un tanto más relajada en la tabla acumulada pero mediocre en el transcurso del torneo. A pesar de las buenas incorporaciones Falcioni no encuentra el equipo que entre los cambios de esquema se desangra en defensa. Al igual que River tuvo mayor efectividad como visitante y en La Bombonera, donde debutó con una goleada en contra ante Godoy Cruz, apenas ganó un partido, frente a Estudiantes en la octava fecha.
Al margen del aforismo que asegura que los clásicos son partidos aparte, parece complicado que River y Boca se despeguen del momento que les toca vivir más allá de las necesidades de cada uno. No quedará más que implorar por un superclásico disputado y, en ausencia de espectáculo, un resultado que nos invite a esperar en el futuro una propuesta distinta de los dos equipos más representativos que hace tiempo nos acostumbraron a una absoluta mediocridad que los demás clubes, salvo excepciones, escoltan siguiendo la misma línea.

viernes, 6 de mayo de 2011

Catenaccio: El enemigo del fútbol


El sistema WM fue el primero íntegramente ideado para adaptarse a la concepción del fútbol moderno, dominó las tácticas de los entrenadores durante más de treinta años y se hizo famoso a fuerza de éxitos demostrando ser tan ofensivo como frágil en defensa. Entrados los cincuenta la percepción de los directores técnicos cambió rotundamente, ya no se buscaba meter más goles que el adversario sino evitarlos y en base a ello, edificar la contraofensiva. El aforismo de “la mejor defensa es un buen ataque” había quedado de lado.
De ésta manera surgió la primera vertiente que tiempo más tarde determinaría las bases del Catenaccio, se trataba de un sistema 4-2-4 que conjugaba el orden de la WM con la efectividad del ataque “punta de lanza”, el único capaz de penetrar la estrategia de Herbert Chapman. El éxito de éste sistema tuvo su cúspide tanto a la selección húngara de los cincuenta como en el Brasil de Pelé y Garrincha campeón en Suecia 1958. Curiosamente fueron dos de los equipos que mejor jugaron en la historia los primeros en hacer hincapié en el trabajo defensivo.
A comienzos de los sesenta el delantero veloz que arrastraba a los extremos marcando la ofensiva hacía estragos. Los centrales que defendían en zona poco podían hacer ante el ataque rival con pelota dominada. La defensa promulgada por la WM sabía obsoleta. Así fue que Nereo Rocco ideó un planteo revolucionario mientras dirigía al Milan, estableció la marca hombre a hombre y la implementación de un jugador detrás de los defensores que se denominaba “escoba”. Hoy conocemos como líbero a ese hombre de emergencia que indicaba a sus compañeros el paso adelante para dejar en posición adelantada a los atacantes contrarios.
El Catenaccio que en principios fue criticado por atentar contra el espectáculo y la libertad de juego, terminó convirtiéndose en el símbolo del fútbol italiano y en una garantía de éxito. Rocco con el Rossonero fue campeón de Italia y de Europa y la Azzurra se quedó con la Eurocopa de 1968, además el Inter dirigido por Helenio Herrera se consagró bicampeón de Europa y del Calcio. Eran tiempos de gloria para los italianos que aburrían al mundo con un 1-4-4-1 ultradefensivo.
La primera derrota del sistema fue en el Mundial de México 1970 donde la selección italiana, que a pesar de contar con un planteo defensivo deleitaba con transcursos de buen fútbol, cayó por goleada en la final frente al mejor Brasil de todos los tiempos. Si bien el Catenaccio en su estado puro desapareció con los sesenta, dejó principios básicos que se convirtieron en paradigma años más tarde.
El fútbol total de la escuela holandesa popularizado por la Naranja Mecánica de Johan Cruyff y Rinus Michel en el Mundial de Alemania 1974, basó la recuperación de la pelota en la presión en todo el campo y el paso adelante en bloque para marcar hombre a hombre y atorar la salida rival, además de apuntalar la zaga en la solvencia de un único central que se convertía en líbero cuando un volante bajaba a la defensa. Una muestra clara de que hasta el método más antagónico se nutrió del cerrojo italiano.
El sistema quedó aparentado para siempre con la escuela italiana, tanto que algunos memoriosos se animan a asegurar que Arrigo Sacchi cuando dirigía al Milan de los holandeses era considerado un traidor en su propia tierra por no respetar las tradiciones defensivas que los mandamientos del Calcio ordenan. Verdad o no, las variantes del discutido Catenaccio se vendieron por docenas con el correr de los años sentenciando una máxima irrefutable: Los grandes equipos se hacen de atrás para adelante.