lunes 28 de noviembre de 2011

El facilismo de analizar al campeón


Es complicado no caer en la tentación de relativizar el buen andar de Boca en el Apertura. Sorprende que un equipo con una estrella “part-time”, un goleador lesionado de gravedad en la mitad del torneo y una defensa apuntalada en un bastión de casi cuarenta años marche invicto hacia una consagración anticipada, sin embargo el análisis del vaso medio lleno presenta al Xeneize como un equipo simple y oportunista capaz de explotar al máximo las falencias del resto de los aspirantes.
Boca aprovecha las ventajas de tener un estilo. Escueto, amarrete y poco dado al espectáculo, pero estilo al fin. Sabe a qué juega y eso le sobra para marcar territorio siendo uno de los pocos equipos del Apertura que se desempeña de la misma manera tanto de local como de visitante. Boca, que desde el comienzo comprendió mejor que nadie el mapa del campeonato, le da al torneo el juego que el torneo le exige y no mucho más, no se complica tratando de imponer el ritmo, si hasta por momentos parece que el equipo de Falcioni sobra los partidos, que los camina como si el Apertura fuese cosa juzgada.
Hace tiempo que el torneo, en gran parte defraudado por la poca seriedad de los demás protagonistas, se resignó a encontrar en Boca al nuevo campeón. Los rivales fueron cayendo uno tras otro por inexperiencia, ineptitud o falta de confianza. Rafaela con poco hizo lo que pudo; Racing con mucho careció de constancia y decisión y rifó sus chances en La Bombonera; Lanús y Vélez se acordaron tarde. Todos le allanaron el camino a Boca que ahora depende de Tigre y Unión que, lógicamente, están para otra cosa.
Con semejante panorama no es de extrañarse que un Boca acosado por las lesiones de Riquelme, Viatri, Cvitanich y Blandi (goleador del equipo con cuatro tantos), se haya cortado sólo en la lucha por el Apertura con una campaña brillante desde lo estadístico que no se condice con lo que muestra en la cancha pero gana sentido si se analiza en planos generales al común de los participantes. Por la propia virtud de explotar los defectos ajenos y la inteligente capacidad de adaptarse al medio, el potencial campeón ya es campeón hace rato.

sábado 26 de noviembre de 2011

Simplemente fútbol


Carlos Peucelle se enfurecía cada vez que los periodistas le decían que “La Máquina” no podría tener éxito en ese “fútbol moderno” en el que todos jugaban a defenderse y un equipo ofensivo se consideraba carne de cañón para cualquier rival. “¿Usted se cree que contra nosotros todos salían a atacar?”, se indignaba con quien se permitía dudar de uno de los mejores equipos de la historia y agregaba con certeza: “Mirá, nene, todavía me dura la rabia de un partido contra Lanús en 1944. Eran diez atrás y Luis Arrieta (goleador histórico del club) sólo arriba. Se defendieron todo el tiempo y en dos contragolpes nos ganaron el partido, el fútbol siempre fue fútbol y nada más”.
Peucelle era una enciclopedia y entendía el fútbol mejor que nadie. Odiaba la fiebre del profesionalismo y esos motes del “juego antiguo” y el “juego moderno”. Él tenía libros de táctica y estrategia de 1929, 1935, 1940 y 1950 y todos se atribuían la primicia de enseñar el “fútbol moderno”. Todos decían lo mismo. Recomendaban la formación de cuerpos técnicos numerosos, la inclusión de psicólogos, espías, preparadores físicos, masajistas… También el 4-2-4 en detrimento del 3-2-2-3 de antaño que daba lugar a “fisuras defensivas”. Todo para que después en un tiro de esquina sean 10-0-0 y en una contra 2-2-6. Barullo no creía en los planteos sino en la capacidad de los entrenadores para encontrar en el terreno la posición de cada jugador, ya que luego cada uno sería lo suficientemente bueno cualquiera sea el “número telefónico”.
Dante Panzeri, fanático de Pelé y uno de los periodistas deportivos argentinos más capaces, aseguró en los sesenta que equipos como el Inter dirigido por Helenio Herrera eran totalmente válidos pero tenían lugar sólo en aquellas ligas o competiciones en las que todos aceptasen su estilo de juego, ya que si tan sólo uno se comprometiera a llevar adelante un proyecto serio de “fútbol bien jugado”, superaría ampliamente cualquier disputa ante los defensores de un fútbol distinto. Sólo que se necesitaba tiempo y ya, hace más de cuarenta años, escaseaba. Panzeri no negaba la aptitud de Herrera, digna de un estratega de guerra, sólo creía que éste no era un paradigma de la modernidad sino un mero promotor de un fútbol defensivo y por lo tanto, según su criterio, un “fútbol mal jugado”.
Panzeri consideraba que el fútbol cayó en desgracia el día que se perdió la picardía y la magia del imprevisto. Cuando se buscó privilegiar el plan por sobre la sorpresa. Cuando se intentó prever que en determinada cancha, de visitante, era imposible ganar por el sólo hecho de ser visitante. Cuando se inventó la mística, el miedo en el fútbol. Hoy, casi cincuenta años después, sigue instalada la idea de que el fútbol es cada día peor, que no existen potreros, que los jugadores ya no son jugadores, sino meros trabajadores que actúan por un salario. Todo eso ya lo postuló Panzeri en 1967, cuando escribió “Fútbol: Dinámica de lo impensado”. Si todos los vaticinios posteriores hubiesen tenido lugar, el fútbol se habría extinguido en su propio mal.
El fútbol sigue siendo sólo uno, el mismo de los libros de Peucelle, de los tiempos de Panzeri. Sino, el Inter de Herrera y sus circunstancias, ¿no se podrían comparar, salvando las distancias, con el Boca de Falcioni? ¿El miedo visitante no es lo mismo que se intentó instalar ante el descenso de River? No fue tan terrible para el Millonario, que cuando jugó al fútbol no sintió la categoría ni le pesó presentarse en Jujuy o Chubut. A la inversa, Atlético Tucumán ganó con fútbol en el Monumental. No existe el “fútbol moderno” o el “fútbol antiguo”. El fútbol es siempre el mismo. Defensivo u ofensivo, bien jugado o mal jugado. Todos quieren ganar. Hay quienes prefieren hacerlo jugando bien y quienes se conforman con un triunfo “mal jugado”. Depende del criterio de cada uno, también es subjetivo. Pero el fútbol es simplemente fútbol. Hoy, ayer y siempre.

martes 22 de noviembre de 2011

Menos Loco, más Bielsa


La evolución de Marcelo Bielsa como director técnico desde el 2002 a ésta parte fue increíble. Recién terminé de ver los partidos de Argentina contra Inglaterra y Suecia en el Mundial de Corea-Japón y sin duda a partir de ese momento creció muchísimo más como entrenador que en los diez años anteriores que pasaron entre el campeonato con Newell’s y la Copa del Mundo con la selección.
Éste Bielsa es menos caprichoso, más didáctico e igual de obsesivo. El golpazo de la eliminación argentina lo catapultó al grado de un entrenador de elite que como tal no puede permitirse quedar afuera de un Mundial en primera ronda siendo favorito. No me lo imagino, hoy, incluyendo de urgencia en la lista definitiva a los Caniggia, Chamot y Husaín porque el equipo alcanzó su punto máximo en las eliminatorias y llega al Mundial desgastado y en la parábola descendente de su rendimiento. Menos que menos negándose terminantemente a probar a Crespo y Batistuta juntos en defensa de su verticalidad.
A partir del Mundial sus equipos (Chile, Athletic Bilbao), sin renunciar al 4-3-3, son más vistosos, se permiten pensar menos en el resultado e incluso son más efectivos y muestran más variantes que en el 2002, cuando todo se reducía a un Zanetti que llegaba al fondo y tiraba el buscapié o al desorden productivo de Sorín o a la capacidad de Verón que exigía tranquilidad. En fin, nada que te asegure el éxito en un Mundial.
Bielsa con muchísimos menos recursos aprendió a hacer mucho más. Jamás volvió a hablar del fracaso del 2002 pero esa experiencia fue más enriquecedora que cualquier éxito. Lo cierto es que al amargo recuerdo de Corea-Japón le siguió una revolución futbolística, en Chile primero y ahora en Bilbao. Qué lindo sería que en el futuro el fútbol le dé revancha en la selección argentina para comprobar, en circunstancias similares, si uno de los traspiés más enigmáticos finalmente dejó algo positivo. 

martes 15 de noviembre de 2011

Resurrección argentina


Seguramente sean necesarios dos artículos diferentes para entender el partido de Argentina en su totalidad. Uno que tendría como faro un primer tiempo con un equipo argentino jugando como “típico visitante” y conformándose con un empate ante una Colombia mediocre que apenas empujaba por la localía y otro, antagónico, que deberá darle la razón a Sabella con los cambios y servirá seguramente para esconder debajo de la alfombra una primera mitad vergonzosa.
“En alguna se va a equivocar Mosquera”. Vignolo repetía una verdad a la que apostaba Argentina y mandaba al frente un planteo mezquino. A eso jugaba la selección, esperaba un error del fondo colombiano o una aparición individual mientras dejaba pasar los minutos para contar un empate que no le caía nada mal y que quedó claro con la lesión de Burdisso: Sabella, en vez de meter a Gago y mandar a Mascherano como central, apostó por Desábato al tiempo que Sosa se arrastraba por la cancha agotado por el calor. Guiñazú junto a Messi eran lo mejor del equipo que cerca del entretiempo se encontró con un gol en contra de Mascherano.
Para el segundo tiempo Sabella sacó a Guiñazú y le dio lugar a Agüero. Con el Kun en la cancha Messi encontró un socio ideal que le devuelva la pelota corta y liberó de responsabilidades a Sosa, que contó con la confianza del técnico después de una primera mitad desastrosa y fue protagonista en el gol de Messi que le dio el empate a Argentina. A partir de allí no fue necesario un error de Mosquera, Colombia no llegó más con claridad, excepto en los empujones finales, y el equipo argentino se convirtió en protagonista.
Con un rival replegado que le cedió  terreno, Argentina creyó en la victoria y lo fue a buscar con un Messi desconocido en la selección, rebelde y agitador como nunca, inspirado en el empuje futbolístico de Agüero, pero también en la solidez de Fernández y Desábato en el fondo y el corazón de Braña y Mascherano en el medio. Messi gritó y alentó a sus compañeros, llevó la bandera con fútbol y desequilibró la defensa colombiana. Argentina presionó arriba y liquidó el partido con una buena jugada de Lio y una definición de Agüero luego del rebote del arquero.
Lo que quedaba de partido estuvo de más. Argentina no podía dejar pasar una victoria que edificó plenamente en el segundo tiempo después de inmolarse en los primeros cuarenta y cinco. Sabella acertó en los cambios, la apuesta por el tridente ofensivo le salió bien y el equipo argentino se quedó con tres puntos de oro para maquillar una eliminatoria que con una derrota se le ponía complicada.