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domingo, 8 de julio de 2012

Todo pasa, menos los promedios


Los promedios llevan, regulando los descensos en el fútbol argentino, casi la misma cantidad de tiempo que Julio Humberto Grondona al frente de la AFA. Sabido es que esto no es una casualidad sino más bien una obviedad, y que el sistema, desde su implementación, fue defendido con fervor por el presidente y su círculo íntimo de genuflexos aliados ‘sijulistas’.
Los promedios fueron impuestos en 1983 para ‘salvar’ a los clubes grandes, que atravesaban tiempos de crisis alarmantes. La nota la había dado el descenso de San Lorenzo en 1981 y la AFA no podía permitir que sucediese lo mismo con River dos años después. De esta manera reflotó un antiguo sistema que había dado, interrumpidamente, sus primeros pasos en el fútbol argentino entre 1957 y 1963, y estableció que a partir del Torneo Metropolitano de 1983 perdieran la categoría los dos peores equipos de una tabla de promedios que dividía por dos la cantidad de puntos obtenidos en las últimas dos temporadas. Sin embargo a la AFA le salió el tiro por la culata, ya que el reestreno de la modalidad determinó que junto a Nueva Chicago descendiese también Racing.
En casi tres décadas de historia, y mientras la AFA era taxativa al afirmar una y otra vez que “los promedios no se discuten”, estos fueron acumulando modificaciones y polémicas. A modo de hipótesis ad hoc, desde la entidad madre del fútbol argentino surgieron medidas y contramedidas para sostener, a toda prueba, la vigencia del sistema al tiempo que este se derrumbaba por su propio peso. Ejemplos de las injusticias que se encolumnaron detrás de los promedios hay de sobra; la más significativa probablemente sea la de Argentino de Rosario, que en 1989 descendió a la Primera C siendo subcampeón de la categoría de plata.
Las promociones, primas lejanas de los promedios, surgieron para apuntalar al sistema que popularizó el grondonato. Y ya no sólo para regularizar los descensos, sino también los ascensos. Lógicamente que el experimento trajo consigo una condena inmerecida para equipos como Talleres de Córdoba, que en el Clausura 2004 terminó tercero, fue sexto en la temporada y clasificó a la Copa Sudamericana, aunque posteriormente cayó frente a Argentinos Juniors en la reválida y descendió a la B Nacional. En Argentina los equipos recién ascendidos deben hacer campañas de cincuenta puntos para no tener que luchar por la permanencia, mientras que en otras ligas del mundo (España, Italia, Inglaterra) con treinta y cinco o treinta y ocho puntos están salvados. Los números en éste sentido son claros: sólo Lanús (1992), Colón y Estudiantes (1995), Arsenal (2002), Tigre (2007) y All Boys (2010), lograron mantener la plaza. Los promedios son una picadora de carne para los clubes que dividen por una sola temporada.
El Clausura 2012 fue un manifiesto de ridículas circunstancias relacionadas con el sistema de promedios. La situación más curiosa fue la de Tigre, que llegó a la última fecha con posibilidades tanto de campeonar como jugar la promoción, y el escenario podría haber sido aún más tragicómico si las nefastas campañas de San Lorenzo y Banfield no hubiesen allanado el camino de los de Victoria, que de lo contrario habrían tenido en el último partido de la temporada la chance de descender directamente aún consagrándose campeones.
La mala cosecha de Banfield también sirvió para desmitificar uno de los grandes mitos de los promedios, ese que dice que “un equipo no desciende por un campeonato, sino por ciento catorce partidos”. El Taladro perdió la categoría directamente incluso ostentando una campaña en la que fue campeón, lo que demuestra la incongruencia del sistema.
El Clausura 2012, además, desnudó un claro vacío legal que se resolvió desprolijamente recién cinco días antes de la resolución del torneo. En una asamblea sumarísima en las oficinas de la AFA quedó determinado que Tigre podía ser campeón y a la vez descender. Es decir que en caso de que se consagrara pero igual perdiera la categoría, el título sería reconocido. Pero como si esto fuera poco, se estableció también que si los de Victoria necesitaban jugar tanto un desempate por el campeonato como la reválida, se disputase primero el encuentro que definiría al campeón. Un absurdo que rápidamente recibió una contestación lógica de Arruabarrena, quien aseguró que privilegiaría mantener la categoría dejando en segundo plano la final por el título.
A partir de la temporada que viene ya no existirán las promociones, y los antiguos Apertura y Clausura serán reemplazados por los torneos Inicial y Final. Sin embargo los promedios seguirán vigentes, gozando de la misma buena salud que arrastran desde 1983. Serán ellos quienes decidan los tres descendidos. Mientras siga Grondona en su cargo parece difícil que desestime el sistema que se esforzó en fomentar y sostener. Resulta llamativo que una liga como la argentina, que siempre buscó reflejarse en sus pares europeas, decida distanciarse de ellas justo con tan funesto invento. Ninguna otra liga seria del mundo utiliza los promedios, y la muestra más clara la brinda su poca viralización. Apenas en Ecuador o en Colombia imitaron la medida. Poco consenso para tamaña insistencia.  

lunes, 14 de mayo de 2012

Vergüenza


Hay personajes a los que no hay que darles prensa. Caruso Lombardi, que demuestra a diario que siempre se puede caer más bajo, es uno de ellos. Sin embargo hay veces en las que hay que hacer una excepción porque es necesario que el mismo medio que le dio lugar, lo baje del pedestal de humo que le construyó. Hay que saber diferenciar al showman de la persona, al entrenador ¿sacapuntos? (menos de cincuenta por ciento de efectividad en su mediocre carrera) del lobbista sospechado de exigirle plata a sus jugadores.
Lo que Caruso hizo hoy fue lamentable. Dio una cátedra de ridiculez y cobardía aplicada escondiéndose detrás de la policía y gritándole asesino a una persona que arriesgó su vida, para salvar la de su hijo, en un intento de asalto en el que murió un delincuente. El caso fue a la Justicia y Fabián García fue sobreseído. Un sobreseído no es un asesino. Caruso es un pobre tipo.
Existen casos en otras ligas del mundo en la que entrenadores por actitudes semejantes fueron cesados de su cargo. Reacciones así son consideradas un motivo de vergüenza para la institución que representan. Sin ir más lejos, no hace mucho que el técnico de Fiorentina fue destituido por pelearse con uno de sus dirigidos.
No es la primera vez que Caruso da pena públicamente; es reincidente y acumula acusaciones graves. El colombiano Juan Camilo Villegas afirmó que, en su paso por Tigre, el entrenador le pidió plata a su representante para asegurarle un lugar en el equipo titular. No mucho después se cruzó con Omar Asad, a quien tildó de drogadicto.
Muchas veces acusamos a los entrenadores avaros de ser los culpables de la agonía del fútbol argentino. También a los dirigentes corruptos. Sin duda que todos ellos aportaron su parte, pero son los nefastos personajes como Caruso los que nos convierten en cómplices. Somos cómplices cuando celebramos sus declaraciones y creemos entender que tiene razón al acusar a los árbitros de favorecer a todos aquellos que tienen influencias ¡con el gobierno! ¿Es el mismo Caruso que dirigió al Tigre de Massa, al Racing de Kirchner y al Quilmes de Aníbal Fernández?
Podemos tener distintas ideologías respecto del fútbol, de formas de juego, de entrenadores, de jugadores. Pero lo de Caruso no resiste justificación. Caruso es vergüenza. 

lunes, 28 de noviembre de 2011

El facilismo de analizar al campeón


Es complicado no caer en la tentación de relativizar el buen andar de Boca en el Apertura. Sorprende que un equipo con una estrella “part-time”, un goleador lesionado de gravedad en la mitad del torneo y una defensa apuntalada en un bastión de casi cuarenta años marche invicto hacia una consagración anticipada, sin embargo el análisis del vaso medio lleno presenta al Xeneize como un equipo simple y oportunista capaz de explotar al máximo las falencias del resto de los aspirantes.
Boca aprovecha las ventajas de tener un estilo. Escueto, amarrete y poco dado al espectáculo, pero estilo al fin. Sabe a qué juega y eso le sobra para marcar territorio siendo uno de los pocos equipos del Apertura que se desempeña de la misma manera tanto de local como de visitante. Boca, que desde el comienzo comprendió mejor que nadie el mapa del campeonato, le da al torneo el juego que el torneo le exige y no mucho más, no se complica tratando de imponer el ritmo, si hasta por momentos parece que el equipo de Falcioni sobra los partidos, que los camina como si el Apertura fuese cosa juzgada.
Hace tiempo que el torneo, en gran parte defraudado por la poca seriedad de los demás protagonistas, se resignó a encontrar en Boca al nuevo campeón. Los rivales fueron cayendo uno tras otro por inexperiencia, ineptitud o falta de confianza. Rafaela con poco hizo lo que pudo; Racing con mucho careció de constancia y decisión y rifó sus chances en La Bombonera; Lanús y Vélez se acordaron tarde. Todos le allanaron el camino a Boca que ahora depende de Tigre y Unión que, lógicamente, están para otra cosa.
Con semejante panorama no es de extrañarse que un Boca acosado por las lesiones de Riquelme, Viatri, Cvitanich y Blandi (goleador del equipo con cuatro tantos), se haya cortado sólo en la lucha por el Apertura con una campaña brillante desde lo estadístico que no se condice con lo que muestra en la cancha pero gana sentido si se analiza en planos generales al común de los participantes. Por la propia virtud de explotar los defectos ajenos y la inteligente capacidad de adaptarse al medio, el potencial campeón ya es campeón hace rato.

lunes, 31 de octubre de 2011

¿Fútbol para todos?


“Con la suspensión del partido se gana tiempo para olvidar”. La frase de Diego Latorre, a modo de reflexión sobre la postergación de San Lorenzo – All Boys, es la síntesis perfecta del modus operandi del fútbol argentino. El “todo pasa” no es patrimonio exclusivo de la AFA y sus manejos, sino que son varios los dirigentes que apoyan la moción y hacen poco y nada para evitar la escalada de los barrabravas que se turnan para protagonizar las noticias deportivas.
La semana pasada fue San Lorenzo y su guerra interna; antes habían pasado Independiente y Newell’s. Ahora es el turno de Boca. Las tribunas se convirtieron en un polvorín. Ayer la barra de Rafael Di Zeo saltó los molinetes y rompió las cámaras de seguridad de La Bombonera, adentro los esperaba la fracción que impunemente se proclama “oficial”, comandada por Mauro Martín. Cruzaron amenazas e hicieron pública una vieja disputa que la quebrada dirigencia de Boca no supo frenar a tiempo. La campaña presidencial fue más fuerte y el buen andar del equipo escondió la basura debajo de la alfombra.
Con la guerra declarada el único que pierde es el hincha común y corriente. El Comité de Seguridad evalúa limitar el ingreso visitante en el partido contra Vélez, justo cuando Boca puede rematar la suerte del torneo. Si se confirma la medida, la dirigencia deberá enviar una lista con los dos mil hinchas habilitados por puntaje que hayan comprado su entrada, pero si la lista incluye a alguna de las barras será responsabilidad del club, que estaría así legitimando a los violentos.
Boca y el fútbol argentino perdieron toda autoridad ante los barrabravas que ya convirtieron las tribunas en zonas liberadas. Manejan los operativos de seguridad, se sientan en la mesa chica con los dirigentes, tienen vínculos con el gobierno e intentan legitimar el negocio de la violencia. Ayer, mientras Di Zeo exigía que le ganen la barra en la calle, el grueso de los hinchas de Boca abandonaba el estadio alertado por un posible enfrentamiento a la salida. Sucede en todas las canchas. El fútbol era de los hinchas; ahora es de los barras. 

lunes, 17 de octubre de 2011

En el país de los ciegos


La diferencia de seis puntos que Boca le sacó a sus más inmediatos perseguidores queda demasiado grande a la hora de analizar su desempeño. Es que si bien el Xeneize es un equipo pragmático, efectivo y oportunista, también cuenta con la generosidad de Lanús, Estudiantes y Vélez, los neoprotagonistas que en el presente torneo no logran hacer pie, y la falta de decisión de sus escoltas que se traduce en una suerte de campeón de amplísimo margen.
Boca no tiene recetas mágicas ni secretos milagrosos, sino que encontró en Falcioni a un técnico capaz de hacer jugar al equipo a su manera. Con un Riquelme óptimo dentro de sus posibilidades marcando el toque de distinción en un dibujo equilibrado, el puntero resuelve los partidos con jugadas preparadas y centros al área y luego se refugia en la solidez de Schiavi, que rompió el molde del defensor de moda que Boca viene buscando hace rato sin demasiada fortuna.
La efectividad de este Boca es seguramente su mayor virtud. Esto no sólo le permite mantenerse en la punta con un promedio apenas superior a un gol por partido (doce en once partidos), sino que, por su capacidad defensiva, también hace más heroico el trabajo de Orión, que recibió tan sólo dos goles en el transcurso del torneo y resolvió el problema de la acefalía en el arco.
Como cuenta pendiente a este equipo le cuesta mucho encontrarle la vuelta a los partidos más cerrados. Contra Independiente, San Martín de San Juan y Estudiantes sólo pudo ganar por la mínima pese a haber sido absolutamente superior en el transcurso, mientras que con San Lorenzo y Belgrano no pasó del empate. No es un dato menor teniendo en cuenta que aún debe recibir a Rafaela y All Boys y visitar a Godoy Cruz en Mendoza.
Ahora sin Viatri y dejando de lado los rumores siderales acerca de la vuelta a la Argentina de Tévez o el regreso del retiro de Palermo, este Boca al que más por incapacidades ajenas que virtudes propias le alcanza y sobra, deberá ajustarse a la realidad y cerrar el torneo con el aporte de los Mouche, Blandi y Araujo. Habiendo superado el ecuador del Apertura, el puntero, con la convicción que no posee Racing, la jerarquía que le falta a Colón y sin el respeto que Rafaela le tiene a la categoría, se encamina invicto a un nuevo campeonato que parece cosa juzgada. En el país de los ciegos, un Boca tuerto quiere volver a ser el rey.

martes, 28 de junio de 2011

Crónica de un descenso anunciado


Concretado el descenso River deberá hacer el duelo correspondiente y pensar en el futuro. Atrás quedaron las malas campañas y los antojos de Primera de un club que tocó fondo y tendrá que salir adelante. Las culpas serán compartidas entre dirigentes, técnicos, jugadores e hinchas. El problema es general y excede el autoritarismo de Passarella y la inoperancia de Juan José López.
River arrancó su camino hacia el descenso hace tres temporadas, siendo primero y último en apenas un año. Aguilar se fue dejando el club devastado y Passarella prometió una reconstrucción, a priori inteligente, con gente del riñón del club. Sin embargo los resultados de la movida en principio no fueron los deseados y así desfilaron con relativa suerte Gorosito y Astrada.
En busca de un nuevo timón Passarella no le perdonó a Ramón Díaz el coqueteo con San Lorenzo y eligió como técnico a Cappa, el entrenador más aparentado al ADN riverplatense, en el momento equivocado. La crisis institucional se volvió a mofar de un proyecto inestable y el Kaiser, abusando de su capacidad de liderazgo, cayó preso en una soberbia ignorante que lo cegó. Confundió la casualidad con la causalidad cuando River le ganó a un Boca corrompido por las internas y la confirmación de López como técnico fue el principio del fin.
La falta de coherencia en la monarquía passarelliana provocó un efecto dominó que arrastró al equipo a la debacle. Así los protagonistas de éste proceso se convirtieron, con más o menos culpa, en victimas del vaciamiento institucional. La última fue la mejor de las tres temporadas en cuanto a puntos y el equipo terminó clasificado a la Copa Sudamericana, pero al final se quedó sin nafta y no pudo zafar de la promoción que lo depositó en la B Nacional.
A partir de ahora River deberá volver a pensar en proyectos serios y a largo plazo para remontar la situación caótica que afecta, sobre todo, a la tesorería. Hoy el club tiene un pasivo de más de doscientos millones de pesos contra un patrimonio neto que no llega a veinte, le debe otros dieciocho a los jugadores y veintidós a distintas entidades bancarias.
Económicamente la situación es complicada pero River como marca registrada factura más que cualquier otra institución deportiva del país e incluso la recaudación en los partidos como local ronda el millón de pesos. La convocatoria seguramente dependerá mucho de la posible sanción que sufra el Monumental y el arranque, exitoso o no, del equipo que tendrá como objetivo inmediato el ascenso. Otro aspecto fundamental será el rearmado del equipo, el éxodo comenzará con Lamela y va a arrastrar a unos cuantos.
Ya en la B Nacional River será funcional a la divisional. Repotenciará la categoría y seguramente se cambien varios estamentos. Por empezar la vuelta de público visitante, aunque por el momento sólo se barajen rumores, debería ser un hecho. El reparto del dinero de los derechos televisivos será proporcional y no equitativo. Así River recibirá mucho más del diez por ciento de lo que le tocaba en Primera y que le corresponde a la fecha según las reglas actuales del ascenso.
Lo cierto es que el club está por primera vez en una categoría que no conoce y de la que deberá salir cuanto antes. Algo que suena totalmente terrenal siempre y cuando un proyecto serio sea el que ampare una campaña que, independientemente del resultado, será histórica para River.

miércoles, 1 de junio de 2011

Justicia futbolera


En un torneo caracterizado por la mediocridad de los participantes y los errores arbitrales que incidieron en más de un resultado, encontrar equipos del nivel futbolístico de Vélez, Lanús o Godoy Cruz no es una constante, por lo que a su vez que éstos sean los principales protagonistas de un Clausura que encara su recta final, es el mejor y más certero revés a la desidia que azota al fútbol argentino.
Vélez, a pesar de la derrota frente a Tigre, sigue siendo el puntero del campeonato y el mejor equipo argentino a la fecha. Además al buen presente en el torneo doméstico le suma el valor agregado de una sobresaliente actuación en la Copa Libertadores. Nunca, desde la exitosa aventura con Carlos Bianchi como técnico, el Fortín estuvo tan cerca de volver a los primeros planos continentales. Mañana se juega la vida contra Peñarol en Buenos Aires y si logra remontar la derrota por la mínima en la ida, volverá a una final de Copa tras 17 años.
Lanús por su parte fue el gran ganador de la última fecha con su goleada a Huracán. La derrota de Vélez y el agónico empate de Gimnasia frente a Godoy Cruz le permitieron escalar hasta el segundo puesto y superar así a los mendocinos para situarse a sólo un punto del equipo de Ricardo Gareca. El nivel del Grana fue de menos a más a lo largo del Clausura y actualmente amparado en la sociedad Valeri-Camoranesi se muestra como el animador más preparado para el sprint final.
El tercero en discordia es el sorprendente Godoy Cruz de Jorge Da Silva que tras quedarse acéfalo, y sin su goleador, se las rebuscó para mantener el nivel en el Clausura sin renunciar al buen trato de pelota. El Tomba cocina todo en el medio: Nicolás Olmedo es el equilibrista del equipo rodeado por Mariano Donda y Diego Villar. La otra clave está en el uruguayo Carlos Sánchez, que pasó de ser un eficaz carrilero a un polivalente mediocampista que se codea seguido con el gol. Dos empates consecutivos, el polémico ante Banfield y el último frente a Gimnasia, le hicieron perder terreno en la lucha por el torneo.
La mención especial es para Olimpo, que desde el cuarto lugar todavía lucha por mantener la categoría por un flojísimo desempeño en el Apertura que lo dejó como el peor ubicado entre los ascendidos. No cambio de técnico ni de jugadores y siguió apostando a ese campeonato largo que emprendió desde su regreso a Primera. Martín Rolle, Ezequiel Maggiolio y Néstor Bareiro son los abanderados de la causa aurinegra que desde el principio osciló entre la agonía y el deber.
Los demás equipos, incluido Estudiantes que dejó a Eduardo Berizzo en el camino, apenas atinan a reaccionar en un fútbol argentino cada vez más pobre, y aunque reducir los logros de los protagonistas al penoso andar de la mayoría sería desmerecerlos, la realidad indica que algunos con menos hacen mucho más que aquellos que, aparentemente, deberían marcar el rumbo. Así en un Clausura colmado de irregularidades la justicia futbolera será suprema a la hora de elegir un campeón.

lunes, 9 de mayo de 2011

El superclásico en tiempos de crisis


Lo que hace unos años hubiese sorprendido hasta al más optimista, a la fecha se convirtió en una realidad tan cruel como alarmante. Poco queda del River que se repartía los títulos locales o del Boca que daba cátedra por el mundo, la situación de ambos dista muchísimo de lo que exige la historia y ya no sólo se trata de salvar una mala campaña con un triunfo en el superclásico, sino que en el medio conviven intereses de técnicos que buscan la estabilidad en el cargo, jugadores que arriesgan su continuidad en el club y dirigentes que intentan recuperar la confianza en plena campaña electoral. Todo en noventa minutos donde no va a faltar ni siquiera el temido fantasma del descenso.
El empate no alcanza siquiera la categoría de premio consuelo, no le sirve a ninguno de los dos ya que River, comprometido con el descenso luego de su derrota como local ante All Boys, deberá buscar los tres puntos para ganar tranquilidad, mientras que Boca, apremiado por el presente irregular que de persistir promete eyectar del cargo a Falcioni, tiene la posibilidad de comenzar a enderezar el rumbo como local con una victoria que lo dejaría a un punto del clásico rival.
La campaña de River no es mala en sí misma, a pesar de la avaricia ofensiva de López el Millonario está cuarto a cuatro unidades de Vélez que, si bien debe un partido, puede dejar puntos en el camino fruto de sus serias aspiraciones a campeonar en la Copa Libertadores. De todas formas la tabla del descenso apremia al conjunto de Núñez que se ve comprometido ante la remontada de los equipos ascendidos ésta temporada y lo obliga a jugar a dos puntas intentando salir del pozo al mismo tiempo que aspira al campeonato.
La situación de Boca es un tanto más relajada en la tabla acumulada pero mediocre en el transcurso del torneo. A pesar de las buenas incorporaciones Falcioni no encuentra el equipo que entre los cambios de esquema se desangra en defensa. Al igual que River tuvo mayor efectividad como visitante y en La Bombonera, donde debutó con una goleada en contra ante Godoy Cruz, apenas ganó un partido, frente a Estudiantes en la octava fecha.
Al margen del aforismo que asegura que los clásicos son partidos aparte, parece complicado que River y Boca se despeguen del momento que les toca vivir más allá de las necesidades de cada uno. No quedará más que implorar por un superclásico disputado y, en ausencia de espectáculo, un resultado que nos invite a esperar en el futuro una propuesta distinta de los dos equipos más representativos que hace tiempo nos acostumbraron a una absoluta mediocridad que los demás clubes, salvo excepciones, escoltan siguiendo la misma línea.

lunes, 14 de marzo de 2011

Brillará blanca y celeste


Racing parece haberle escapado finalmente a los manejos turbios de dirigencias nefastas y a un pasado tétrico que cada tanto se vuelve a acordar del club con algún chispazo. Después de mucho tiempo todo parece indicar que recoge los frutos de un proyecto a largo plazo que se cimentó hace rato con Miguel Ángel Russo a la cabeza, el mismo que superó las crisis y las críticas y hoy es el entrenador del equipo puntero, el que mejor juega en el fútbol argentino transcurrido ya un cuarto del Clausura.
No fue fácil la pretemporada para Racing ni muchísimo menos el comienzo del torneo. A pesar de la victoria contra el siempre difícil All Boys en Floresta, el saldo fue negativo con la rotura de ligamentos cruzados de Giovanni Moreno. La brujería intentó cruzarse nuevamente en el transcurso del club y la caída frente a Boca como local pareció ser el golpe de nocaut de un equipo que sin su principal figura se entregó mansito.
“Tenemos que aprender a vivir sin Gio”, fue la lógica y sensata confesión de Russo que sabía todo lo que perdía sin él pero también lo que podía sacar en limpio del golpazo. Así fue que a partir de la tercera fecha Racing pateó el tablero, cambió su forma de jugar y al ritmo pausado que le ofrecía el colombiano lo reemplazo por un trío ofensivo eléctrico que busca ser lo más sagaz posible en los momentos claves.
La vuelta de Claudio Yacob significó para la Academia un pulmón en un mediocampo falto de ideas, el capitán volvió para aportarle quite y juego, lo mismo que no habían podido lograr ni Franco Zuculini ni Raúl Poclaba. La entrada del volante les dio libertad a Iván Pillud y a Lucas Licht que se adelantaron en el esquema amparados por la seguridad que ofrece Matías Martínez en una línea de tres muy sólida. El ingreso de Teofilo Gutiérrez, que llegó como paracaidista con el libro de pases casi cerrado, fue mucho más fructífero de lo esperado y tras un mal primer tiempo, Racing se quedó con el clásico frente a San Lorenzo gracias a dos intervenciones certeras del colombiano. Fue apenas un anticipo.
Los primeros cuarenta y cinco minutos ante Olimpo en la apertura de la cuarta fecha fueron seguramente los mejores de los dirigidos de Russo en lo que va del torneo, Lugüercio estuvo encendido, marcó el primer tanto, provocó el segundo y tras una gran jugada colectiva Licht convirtió el tercero. El inicio del segundo periodo fue la consagración para Gutiérrez que a esa altura alcanzaba el tercer gol en su segundo partido en el club. Pero Racing pagó caro su inocencia y terminó sufriendo cuando los bahienses se pusieron a tiro del empate.
Visitó Santa Fe con la misión de defender la punta y vaya si lo logró. Encontró en Yacob y Patricio Toranzo una sociedad ideal que conjuga un ida y vuelta constante con la cuota adecuada de sacrificio y solidaridad, además de oportunismo. No es un dato menor porque Racing aprovechó su momento y fue tenaz en la definición, aprendió de sus propios errores y ésta vez no falló a la hora de mantener el resultado. Lugüercio y Gutiérrez por dos fueron una vez más los abanderados de la ilusión a la que se sumó como escolta Gabriel Hauche, el tercer elemento que más endemoniado que nunca hizo honor a su apodo contra Colón. La definición de Sebastián Prediger, con cierta frustración, no pudo ser más apta para describir el presente de la Academia: “Ellos tampoco son el Barcelona”, justamente por eso Russo sabe cuando jugar y cuando tener la pelota bien lejos de su arco.
“Agarré en promoción”, fue lo único que atinó a decir Russo para describir la alegría por el buen momento de su equipo. De aquí en adelante y dependiendo del desarrollo, quizás los racinguistas deban buscar un slogan para acompañar un sueño que va tomando formando. Mientras tanto con uno viejo alcanza y sobra. Paso a paso.

lunes, 7 de marzo de 2011

Al ritmo del 2x4


Tan autóctono y folclórico como el tango mismo, el recambio de técnicos en Argentina se convirtió en una tendencia consecuente y meramente dependiente de los resultados deportivos. En apenas cuatro fechas ya se quedaron sin trabajo dos entrenadores, Madelón y Brindisi se convirtieron en parte de un fenómeno que arrasa y asienta la estadística que afirma que en Argentina se reciclan más técnicos que en cualquier otro lado.
Brindisi fue el primero en dejar su cargo en el presente Clausura 2011, se puso al frente de Huracán en el torneo pasado en una situación complicada y a pesar del esfuerzo y una pretemporada en donde el Globo se reforzó muy bien en ataque no encontró el equipo, curiosamente en las dos primeras fechas le faltó el gol y defensivamente dio muchas ventajas. Fue suficiente para que el técnico entienda que su periplo por Parque Patricios era parte del pasado. El fin de semana siguiente el banco ya era de Pompei.
Quince días más tarde y en condiciones muchísimo más catastróficas que las de Huracán, Quilmes fue el segundo equipo que se quedó acéfalo. Hundido en las dos tablas, con perfecta efectividad si contamos cuatro partidos perdidos sobre cuatro jugados y con un proyecto a la deriva, Madelón dio un paso al costado dejando las puertas abiertas a un reemplazante que todo parece indicar que será Caruso Lombardi.
Resulta curioso encontrar los motivos por los que ambas dirigencias no insistieron en lo más mínimo en conservar en su puesto a los entrenadores que empezaron el torneo. ¿Qué les hace pensar que el entrenador sustituto va a correr mejor suerte que su antecesor? Puede jugar a favor en un par de partidos el factor anímico, que ni siquiera es un dato fehaciente. El recién llegado no conoce el plantel ni los métodos de trabajo a los que se adecuaron los jugadores en una dura pretemporada. A la larga excepto un arduo trabajo del nuevo cuerpo técnico que dependerá inexorablemente de la suerte, el resultado va a ser el mismo.
El caso de Quilmes es aun peor. Un proyecto que nunca fue proyecto se inició con la temporada. Del plantel del ascenso prácticamente no quedaron profesionales, se incorporaron más de veinte jugadores y para variar, se contrató un nuevo técnico ya que Ghiso no continuó en su cargo. La historia es conocida, Tocalli no tuvo su mejor desempeño y llegó Madelón que después de salvar del descenso a Gimnasia en la promoción hace un par de años se demostró aunque sea a sí mismo que de milagros algo sabe. El proceso parecía encaminarse tras empezar con dos derrotas, cuatro ganados en los últimos seis jugados del Apertura daban como resultado la mirada positiva hacia una pretemporada que invitaba a soñar con la remontada. Finalmente no fue nada de eso, sino cuatro derrotas seguidas y una renuncia sobre la mesa.
Por eso conservar en el cargo a quien viene trabajando es siempre la mejor opción dentro de los parámetros normales. Eso hicieron All Boys y Olimpo, los otros ascendidos cuyos técnicos debieron soportar turbulencias y hoy medianamente se permiten un presente alentador de cara al futuro. Sobre todo los del Floresta que tras un colchón de puntos considerable en el torneo pasado gozan de cierto margen en una campaña en la que dividen por una sola temporada en ese aciago sistema de promedios que fomenta y mucho el resultadismo.
Así de exitista es el fútbol argentino. Ese mismo que es atacado por aspiraciones fugaces que nacen y mueren con cada cambio de nombre y que dejan agonizando a los clubes, las únicas víctimas de un régimen resultadista que no entiende de trabajos a largo plazo ni siquiera cuando los extensos parates invernales lo permiten. Hoy ya con la soga al cuello, parece que el destino de algunos equipos es cosa juzgada.

viernes, 25 de febrero de 2011

Riquelme y el dolor de ya no ser


Que Riquelme hoy por hoy es uno de los personajes más pesados y polémicos del fútbol argentino no es ninguna novedad, incluso en el último tiempo ésta es una tendencia que se fue asentando con fuerza y que aprendimos a asimilar hasta el hartazgo con resignación. Desde su vuelta al país sus días en Boca transcurrieron entre antagonismos deportivos y lesiones de larga recuperación. En el medio hubo tiempo para una renuncia más a la nefasta selección de Maradona y encontronazos con dirigentes, técnicos y jugadores.
Recurriendo a la memoria de los hinchas de Boca, sería bueno tener en cuenta cuando fue la última vez que Riquelme rindió dentro de una cancha de fútbol. Que fue un crack nadie lo niega, pero justamente eso, fue. Hoy en día su nivel dista muchísimo de aquel que lo consagró en la época dorada de Bianchi o en el Villareal de Pellegrini, otro de sus tantos discrepantes de turno.
Riquelme actualmente se convierte, con sus declaraciones y caprichos, en una piedra en el zapato para cualquier técnico que este al frente de su equipo. Su condición de ídolo desmedido de una hinchada que, me animaría a decir, lo cataloga como el máximo referente de la historia de Boca, es un impedimento en el intento de ser de cualquier opinión que atente contra sus preferencias. Eso Román lo sabe y con sus más y sus menos convierte cada conferencia de prensa en un acto sindical donde conviven intereses de todo tipo.
Entre Falcioni y Riquelme hay una diferencia de criterios enorme, que parte desde lo táctico y termina vaya a saber uno donde. Desde el vamos, el ADN futbolístico del número diez es inversamente proporcional al del entrenador. Román incluso llegó a confesar que el del enganche es el único puesto que puede llegar a ocupar mientras que el ex técnico de Banfield, ferviente defensor de la doble línea de cuatro, jamás defendió la posición de un enlace y hace un par de años ya se cargó a otro pesado del puesto como lo era Garrafa Sánchez.
Partiendo desde esa base y luego del debut con derrota y goleada incluida ante Godoy Cruz, la lesión acabó por apartarlo del partido contra Racing. La victoria en el Cilindro le dio un motivo más a Falcioni para sostener su filosofía y ampararse en lo que es un secreto a voces para dejar afuera a Riquelme, sus prepotentes respuestas a la prensa sobre su condición física no cayeron nada bien en el seno del cuerpo técnico.
Un futbolista de su talla ya no está para ser estigmatizado y agobiado por sus declaraciones que sonaron a imposición. Es el eterno cuento del crack que fue y que no encuentra la facultad para asumirlo. Riquelme hace rato que dejó de ser el Riquelme que todos conocemos y él se empeña en desatenderlo. Las lesiones y el paso del tiempo, sumado a su controvertido carácter, se devoraron al inmenso jugador que fue y tendrá que aprender a convivir con ello o seguirá sumando enemigos.

viernes, 18 de febrero de 2011

La vuelta de los torneos largos


Los torneos cortos nacieron en Argentina en 1990 como parte de un proyecto de la AFA que buscaba una salida al fracaso que fue el “todos contra todos” con forma de liguilla que consagró a Independiente en la temporada 1988/1989. No obstante detrás de esto los torneos cortos escondían la intención de Grondona y compañía de revalorizar el fútbol argentino dándole posibilidades a los grandes que venían de capa caída. Como Racing, San Lorenzo y Boca no se consagraban desde 1966, 1974 y 1981 respectivamente, esta nueva medida les daría posibilidades a los clubes grandes de volver a las primeras planas.
Sin embargo el último tiempo la tendencia fue cambiando, los clubes grandes comenzaron a perder poderío y sus grandes inversiones no se vieron reflejadas en los resultados. River no levanta y Boca comenzó una decadencia que desde la AFA temen que continúe el camino del Millonario. Ya ni siquiera clasifican a la Copa Libertadores, las invitaciones a la Sudamericana se acabaron y Racing e Independiente apenas han salido del país en la última década. San Lorenzo fue más regular pero con muy poca suerte. Quitando a Boca, en los últimos años ningún equipo argentino, excepto Estudiantes, dio pelea en un certamen internacional.
Los últimos torneos cortos consagraron a los equipos más humildes que con planteles reducidos y proyectos conservadores superaron ampliamente las urgencias de los grandes y sus inversiones millonarias. La AFA eso lo sabe y conciente de que no es un buen negocio, trabaja ensayando cambios con tal de que los grandes no se queden afuera de la pelea.
Ven en la implementación de los torneos largos el resurgir de los poderosos para que le puedan hacer frente a Estudiantes, Vélez y compañía. La ecuación es clara, con un torneo largo los presupuestos requeridos son mayores, los planteles deben ser más largos y nos guste o no, los únicos que están para enfrentar una situación así son los grandes. No tanto por actualidad futbolística y financiera, sino por la inyección económica que pueden generar con otro tema que también preocupa demasiado a la AFA: el marketing.
Además si se llegaran a implementar los torneos largos los promedios no desaparecerían, por lo que para los clubes más chicos no solo se complicaría la lucha por los principales puestos, sino también la permanencia. Lo positivo que se podría rescatar de todo esto, al margen de los que conciben un fútbol de dos o tres clubes grandes nomás, es que los técnicos trabajarían con menos presión y más libertad y confianza.
Al menos la paridad que hoy en día reina en el fútbol argentino nos aseguraría un torneo más disputado que el español o el italiano donde la lucha no sale de tres o cuatro equipos. El recién iniciado Clausura 2011 puede marcar el fin de una era ya que si bien apenas es un proyecto que quiere ser confirmado, los fuertes dirigentes e incluso los grandes medios están presionando cada vez más a Julio Humberto Grondona para que incline la balanza hacia el regreso de los torneos largos.

jueves, 10 de febrero de 2011

La sensación del verano


Boca hace cuatro torneos consecutivos que viene terminando debajo del décimo puesto. Intentos fallidos, cambios de técnicos y con las elecciones directivas a la vuelta de la esquina mediante, la cúpula dirigencial sabe que se le terminó el margen. Así las cosas, en esta oportunidad fueron a buscar un entrenador con un perfil muy diferente al de los anteriores (Basile y Borghi), Falcioni es uno de esos directores técnicos temperamentales y de ideas claras que hablan en la cancha y en el vestuario, repudiando bastante el afuera.
Ameal conocedor de ello y del pesado grupo que tiene el Xeneise que ya se cargó a varios, encontró en el ex técnico de Banfield a la persona indicada para intentar unir palermistas y riquelmistas sin dejar de lado, claro, la parte futbolística que es otro de los aspectos flacos de un Boca que hace tiempo perdió la identidad.
Con el conflicto grupal amañado seguramente en gran parte por la euforia de su llegada, Falcioni pudo trabajar en un verano tranquilo para el mundo Boca que, una vez más, se convirtió en el protagonista del mercado de pases. Rivero, en conflicto con San Lorenzo, Somoza, proveniente de Vélez y Ervitti, principal hacedor de la novela veraniega y debilidad del ex arquero, son las caras nuevas del club.
Boca encontró en sus dos nuevos mediocampistas estabilidad para una zona de la cancha que venía maltrecha ya que, entre lesiones de Battaglia y falta de claridad en reemplazantes directos como Rosada y Méndez, el medio Xeneise se había convertido hace rato en una ruta de paso para los rivales y el cambio positivo se notó en la cancha dejando a los números como testigos: el torneo de verano y la Copa Revancha frente a River arrojaron un saldo positivo de tres victorias, un empate y tan sólo un gol en contra, además de ninguna derrota.
De todas maneras y sin augurar ningún pronostico, el andar del equipo durante el Clausura seguramente dependerá de la aptitud para adaptarse que tengan los refuerzos, del presente de Riquelme y que las figuritas de los anteriores amistosos (Colazzo, Mouche, Viatri) mantengan su nivel. A su vez, el desempeño de Vélez y Estudiantes en la Copa Libertadores se convertirá en un factor clave que podrá determinar dos competidores directos en la lucha por el título o no. En términos de cansancio y recambio, Boca al no ser de la partida en torneos internacionales se aventaja por sobre los otros equipos apuntados a ser protagonistas.
La era Falcioni comenzó con todo y obviamente, sin decir que Boca es candidato para no entrar en disputas y habladurías, el objetivo principal es el campeonato, el mismo que puede significar el último de Palermo como profesional que ya anunció su retiro para junio.

jueves, 6 de enero de 2011

El final es en donde partí


Un día se tenía que cortar el idilio. Ortega tuvo más crédito que cualquier otro ídolo y tal vez no lo supo aprovechar. Es de los últimos jugadores en actividad de la época dorada del club y de River era el deseo que se vaya por la puerta grande, pero los continuos tropiezos del jujeño apresuraron la salida.
Formado en las inferiores a donde llegó desde su Ledesma natal, debutó en 1991 frente a Platense. Tiempo más tarde convirtió su primer gol contra Quilmes y se consagró al año siguiente con un gol contra Boca. Como gran artífice en la obtención de la Copa Libertadores de 1996 se marchó a Europa para dejar su sello en Valencia, Sampdoria y Parma.
En el 2000 pegó la vuelta y vivió una de sus mejores etapas en River que coronó con la conquista del Clausura 2002 formando parte de los cuatro fantásticos junto a Saviola, Aimar y Ángel. Allí un pase al Fenerbahce de Turquía comenzaría a marcar su carrera.
Luego de una salida traumática con suspensión de la FIFA de por medio, volvió a jugar tras casi dos años en las filas de Newell’s Old Boys de Rosario al mando de Américo Gallego. Otra vez en gran nivel logró un nuevo título local en su carrera y en 2006 regresó a River por tercera vez.
Su último paso por el club fue el más negativo, ya disminuido físicamente y con problemas personales más que evidentes. Con un préstamo a Independiente Rivadavia de Mendoza incluido donde ni siquiera terminó su contrato, sus últimos años futbolísticos fueron muy flojos y sus bajones anímicos llenaron más de una tapa con sus faltazos y recaídas.
Lo cierto es que hoy Juan José López le dijo basta y el Burrito ya no es jugador de River. No va a ser tenido en cuenta por el entrenador y deberá buscarse club si es que piensa seguir su carrera. Un River sin Ortega no es complicado de entender. Lo que si se complica es imaginar a Ortega sin River.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Revelación de Primera


Repasando ya los rezagos que quedan de un Apertura 2010 bastante mediocre, hay valores importantes que son para destacar. Uno de ellos es la labor de All Boys, uno de los tres ascendidos a Primera División junto a Olimpo y Quilmes esta misma temporada.
A pesar de haber dado el batacazo mandando a Central al descenso en la promoción, All Boys llegó a la elite del fútbol argentino como la Cenicienta. Los pocos refuerzos que luego terminaron siendo vitales, hacían dudar a todos de las posibilidades del Albo que mantuvo prácticamente el mismo plantel de la temporada pasada. El mal arranque incluso hizo tambalear el ambiente en Floresta y recién los buenos resultados le devolvieron la confianza a un equipo que de a poco se convirtió en uno de los más regulares del torneo.
Con triunfos resonantes como contra Boca, Estudiantes e Independiente y otros importantes contra rivales directos en la lucha por la permanencia como Olimpo y River y con la columna vertebral del ascenso, All Boys terminó redondeando una campaña de veintiséis puntos, bárbara para un equipo recién ascendido.
Las claves estuvieron en la seriedad de la dirigencia para respaldar el trabajo de José Romero, director técnico que logró el ascenso, y para contratar pocos, pero importantes refuerzos. La antítesis de este sistema fue Quilmes, que con Hugo Tocalli en reemplazo de Jorge Ghiso y veintipico de refuerzos, cerró una campaña muy mala que recién tuvo una levantada al final con Leonardo Madelón en el banco ganándole incluso a All Boys.
Los pilares dentro de la cancha y verdaderos artífices de un torneo aceptable fueron Nicolás Cambiasso desde su solidez, pasando por Carlos Casteglione, Eduardo Domínguez, Matías Pérez García y Sebastian Grazzini, hasta Mauro Matos con sus ocho goles. También hubo lugar para excentricidades como la contratación de Cristian Fabbiani que todavía lucha por recuperar su figura.
Ni siquiera la inexperiencia en algunos partidos para cerrar el resultado que le costó varios puntos al equipo le impidió a All Boys ser un conjunto regular que intentó jugar bien al fútbol. Quizás junto con Godoy Cruz fueron los únicos dos clubes fuera de los denominados grandes (incluyendo a Estudiantes y Vélez en esta apreciación) que apostaron por un juego vistoso cuando muchas veces no tenían los recursos necesarios para hacerlo.
Ahora lo más importante es que no se desvíen del objetivo principal, que debe ser el de mantener la categoría. A pesar de la buena campaña, el Albo no debe olvidarse que divide en la tabla de los promedios por una sola temporada, por lo que cada derrota que sufra será mucho más dolorosa que para cualquier otro equipo con un par de años en Primera.
Mantener la base será fundamental a la hora de pensar en el plantel que afrontará el Clausura, una campaña de veinte o veintidós puntos le aseguraría prácticamente la permanencia, aunque el segundo torneo suele ser el más complicado para los recién ascendidos. Para All Boys no será la excepción ya que como dato fundamental deberá jugar de visitante los partidos, a priori, más comprometedores.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Hola a todos...


…yo soy el león. El fútbol argentino tiene un nuevo campeón. Es el Estudiantes de Alejandro Sabella. Más brillante en los números y en los resultados que en el juego, hilvanó un paso a paso de digno campeón, ganó de visitante partidos claves como en Rosario ante Newell’s y en Mendoza frente a Godoy Cruz, se quedó con el clásico y superó a los cinco grandes. De los diecinueve partidos del Apertura, cantó victoria en catorce, empató en tres y apenas perdió dos, ante el sorprendente All Boys y frente a Tigre en Victoria.
Se puede decir que es un campeón más brillante en la estadística que en el juego porque Estudiantes ganó partidos claves sin jugar bien. Incluso goleó rivales sin merecerlo, el encuentro con River es el más claro ejemplo y en el Monumental fue donde sentenció prácticamente la consagración. Otro de los paréntesis y quizás el más influyente que marca a este campeón un tanto deslucido es la gran cantidad de penales que le dieron a lo largo del Apertura, sobre todo en el arranque, que es vital en un torneo corto para quedarse con el título.
Como punto a favor el Pincha puede jactarse de haber superado a un gran rival como lo es Vélez, quizás superior incluso gracias a su tremendo poderío ofensivo. A lo largo del torneo jamás se le despegó como seguidor incansable y sólo el empate en Liniers frente al futuro campeón mermó las chances de campeonar para el Fortín. Fue el meritorio subcampeón a fuerza de golazos.
Las lesiones también hicieron tambalear a Estudiantes. Muchas de ellas generaron ausencias claves, como las de Juan Sebastián Verón o Rodrigo Braña durante etapas decisivas del torneo. Se pudieron sobreponer a todos estos factores y aprovechando los mejores momentos de cada jugador de su plantel, el Pincha pudo sacar adelante partidos increíbles. Sin ir más lejos, hoy el héroe fue Hernán Rodrigo López quien por las dolencias sólo pudo estar presente en cuatro fechas.
Enzo Pérez, Gastón Fernández y Leandro Benítez fueron otros de los pilares importantes de un campeón bastante particular que conjugó pragmatismo, astucia y oportunismo para superar contrincantes siendo letal en la pelota parada y férreo en defensa. Un campeonato bien a lo Pincha, con cábalas, suspenso, seguramente algo de mística y un tal Ruso Prátola que acompaña desde arriba cada gesta del club de sus amores.

domingo, 17 de octubre de 2010

Pena máxima


En una parada complicada y ante un equipo golpeado y con obligación de levantarse después de un golpe tremendo frente a Vélez, el puntero Estudiantes visitaba Colón en Santa Fe. Por el desarrollo del partido y a sabiendas del resultado final, el empate deja saldo positivo para el Pincha.
Si bien es verdad que le descontaron dos puntos y que en la próxima fecha se cruza en un partidazo contra el Fortín, se tuvo que levantar de un gol tempranero, desde el vestuario casi, de Esteban Fuertes. Estudiantes entró dormido y pagó caro los errores defensivos y la falta de estabilidad en el medio.
Sin Juan Sebastián Verón ni Rodrigo Braña, el mediocampo del Pincha perdió solidez y juego y la presión de que sus perseguidores habían ganado le jugó una mala pasada y colmó de ansiedad a un equipo que en el inicio y encima con la lesión de Agustín Orión antes de los veinte minutos, no hacia pie en la cancha.
El gol le dio un envión anímico inmejorable al Sabalero que lo puso incluso a un paso de liquidar el partido, pero el árbitro anuló mal el segundo tanto de Iván Moreno y Fabianesi. De haberse concretado el gol de Colón hubiese sido el golpe de nocaut para Estudiantes que pasaba su peor momento.
A partir de allí el trámite se emparejó, Sabella mandó el equipo para adelante y una vez más apareció el mejor aliado del Pincha: el penal. Esta vez la falta fue clara contra Enzo Pérez. Cambió el ejecutante pero no la suerte, Gastón Fernández convirtió el sexto penal sobre seis que tuvo su equipo en el torneo y todo volvió a estar como al principio.
Después del empate el partido dio un giro, Colón se inhibió y el Pincha se animó a más. El segundo tiempo ya fue más conservador para los dos, se conformaron con las pardas y no se hicieron daño. Prácticamente no hubo jugadas de gol y Colón respetó mucho a un puntero que se dedicó a regular sabiendo que el empate era un resultado aceptable.
Finalmente como era de esperarse, el partido murió en un empate que le sentó bien a los dos. La próxima fecha Estudiantes pone en juego la soledad de la punta en Liniers, donde con todas sus figuras intentará seguir manteniendo la ventaja que lleva sobre sus más inmediatos perseguidores. Hay clima de clásico en un choque de estilos entre dos de los equipos más regulares del fútbol argentino.

domingo, 10 de octubre de 2010

Luna de Avellaneda


El clásico de Avellaneda era un choque de axiomas, por un lado y por parte de Independiente, el famoso refrán de “técnico que debuta gana”, mientras que para los visitantes el buen presente era el mejor incentivo para cumplir aforismo de “las rachas se hicieron para cortarlas”.
Hoy más que nunca quedó demostrado que un clásico es un partido aparte y que además entiende mejor que nadie lo injusto del fútbol y su desarrollo, porque Racing mereció ganar claramente y tuvo en Gabriel Hauche a su mejor embajador en ataque pero Hilario Navarro fue invulnerable y se quedó con, al menos, tres situaciones claras de gol del ex Argentinos y Temperley.
Tuvieron que pasar cuarenta y cinco minutos para encontrar una situación clara de gol para Independiente cuando Cristian Báez le cambió el rumbo a un centro perfecto de Leandro Gracián y decretó el primer y único tanto del encuentro. Automáticamente el pitazo de Pablo Lunati que indicó el fin del primer tiempo fue el peor castigo para la Academia que se quedaba con las manos vacías.
Como era de esperarse el desarrollo en el segundo tiempo cambió rotundamente, Racing se fue a matar o morir sobre el arco de Independiente pero una y otra vez chocó contra la omnipotencia del arquero correntino que en la semana le había ganado la pulseada a Adrián Gabbarini en la lucha por el puesto.
Sobre el final y con la Academia jugada en ataque, Hernán Fredes tuvo la posibilidad de liquidar las cosas en un mano a mano inmejorable pero esta vez fue el ex Chicago y Colón, Jorge De Olivera, el que apareció para ahogarle el grito al Rojo y darle una vida más a su equipo que a esa altura se consumía en su propio nerviosismo.
Finalmente volvió a aparecer la figura de Navarro para desviar un cabezazo envenenado de Lucas Aveldaño que buscaba el ángulo, pero que las manos de la figura de la tarde lograron desviar para que la pelota tras golpear en el poste se vaya por la línea de fondo.
Con el triunfo Independiente estiró a once partidos la racha positiva que lleva frente a su clásico rival que no conoce la victoria desde el Clausura 2005. El debut fue soñado para Antonio Mohamed que intentará ahora sí, con más aire, enderezar el rumbo del barco de su nuevo equipo. Racing por su parte cree cada vez más en las brujas.

domingo, 3 de octubre de 2010

Hizo los deberes


Si finalmente este partido fue o no un punto de inflexión se sabrá recién cuando termine el campeonato, lo cierto es que hoy Estudiantes ganó un partido de campeón, de esos que pueden comenzar a sentar las bases de una diferencia insalvable.
Porque no es exagerado hablar de diferencia insalvable cuando apenas van nueve fechas y el puntero ya le sacó cinco unidades de ventaja a su más inmediato perseguidor desplegando un fútbol de alto vuelo.
Hoy Estudiantes ganó muy bien, dominó el primer tiempo a gusto y encontró en un Leandro Benítez disfrazado de Verón a su conductor ideal en una cancha muy difícil y ante un rival de cuidado que se jugaba mucho. San Lorenzo de haber ganado esta tarde se hubiese colocado a un punto del Pincha.
Pero es muy difícil, incluso para un técnico tan capaz como Ramón Díaz, encontrar un antídoto para hacerle frente a un equipo que desde la solidez de su defensa, el corazón de Rodrigo Braña y la habilidad quirúrgica de Enzo Pérez, saca adelante hasta el más chivo de los partidos.
Esta tarde Estudiantes jugó como Estudiantes y por eso se quedó con los tres puntos, con un golazo de Gastón Fernández en el primer tiempo, supo como domar a un Ciclón que a pesar de las embestidas se terminó entregando mansito. Sabella le hacía precio a San Lorenzo con una victoria minima muy mentirosa, el desarrollo merecía una goleada.
El segundo tiempo fue más parejo, San Lorenzo se serenó y pudo manejar mejor la pelota, contó con llegadas y solo le faltó claridad para lograr el empate que en algún transcurso del complemento hasta hubiese sido lo más justo.
Sin embargo Estudiantes también sabe reaccionar en las difíciles y allí es cuando demostró esa jerarquía que lo pone, hoy por hoy, delante de todos en Argentina. Así supo como cerrarle los caminos y enfriar el partido hasta dejar a San Lorenzo sin aire, sin fútbol, sin nada.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

No se pinchó


Era un partido bisagra para ambos, de esos que pueden darte un envión anímico muy importante si ganas a esta altura del torneo o pueden hundirte en caso de perder. Con urgencias diferentes pero fines comunes, Estudiantes y Gimnasia reeditaban una vez más el clásico de La Plata en busca de una victoria y los tres puntos.
Suele decirse que estos son partidos diferentes, ajenos a la realidad que azota a los equipos que se enfrentan, aunque sin embargo esta fue una excepción. De principio a fin el dominador absoluto fue Estudiantes, no le dio tregua al Lobo que llegaba golpeado por los pobres resultados que viene cosechando a lo largo del torneo y le dio un golpazo.
El Pincha fue superior desde el primer momento, con un planteo bastante dispar que contaba con Leandro González solo arriba pero con un mediocampo con más protagonismo en ataque que en defensa, doblegó a Gimnasia que intentaba salir de los aprietos como podía. Con el correr de los minutos era Gastón Sessa el único que salvaba la ropa de su equipo.
Pero de tanto ir el gol estaba al caer y cayó nomás, Federico Fernández apenas tuvo que poner la cabeza tras un fortuito centro de Rodrigo Braña para poner adelante al León. A partir de ahí se abrió el partido, Gimnasia se terminó de derrumbar y Estudiantes aprovechó la situación. Faltaba solo el último golpe para cerrar un partido más accesible de lo planeado.
Y fue Juan Sebastian Verón el encargado de terminar con las ilusiones de los Triperos. Se escapó de una defensa con muchísimas falencias, se fue tanto que Fabián Rinaudo no supó frenarlo y terminó cometiéndole penal. La Brujita lo cambió por gol y se acabó lo que se daba.
La segunda mitad estuvo de sobra, Gimnasia no se pudo levantar y Estudiantes se dedicó a regular, la expulsión de Rinaudo fue el cierre de una tarde oscura, oscurísima para el Lobo que se hunde en sus propios errores y desaciertos.
La diferencia que no se vio en el color de las tribunas, estuvo presente en la cancha, Estudiantes se recuperó de una experiencia continental poco feliz y no solo dejó a su eterno rival en la última colocación y sin técnico, sino que además se puso por encima de todos. El León no se Pincha.