jueves, 1 de enero de 2009

Estudiantes campeón de la B Nacional 1994/1995


“Eduardo Luján Manera y Miguel Ángel Russo. Dos generaciones diferentes de la familia de Estudiantes de La Plata se unieron para conducir el sueño. Fueron algo más que directores técnicos”. El Gráfico del 16 de mayo de 1995 destacaba así la determinación de las dos glorias pincharratas para tomar las riendas del equipo que descendió a la B Nacional tras empatar 3 a 3 con Lanús en el Torneo Clausura 1994. Ídolos en dos etapas distintas del club, se unieron y firmaron la declaración de principios que devolvería a Estudiantes a Primera División. No se negociaría el esfuerzo ni el protagonismo, y además se le daría preeminencia a una camada de juveniles que pisaba fuerte y que sería apuntalada por la contratación de refuerzos de jerarquía. 
El primero en llegar, cautivado por el proyecto que le acercó Russo, fue Juan Manuel Llop. El Chocho había firmado la extensión de su contrato con Newell’s pocos días antes, pero, tal cual aseguró, el desafío de quedar en la historia del club fue más fuerte. Atrás de él llegaron Carlos Bossio y Luis Ernesto Sosa. Provenientes ambos de Belgrano, Chiquito era un proyecto de arquero de Selección que se cristalizaría tiempo después cuando Daniel Passarella lo convocó para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. El uruguayo, en cambio, era un experimentado enganche que había jugado en todas las categorías del fútbol argentino y que contaba en su currículum con dos ascensos a Primera: uno con el Pirata y el otro con Chaco For Ever. 
También se sumaron, a préstamo de Vélez, Andrés Galeano, Mariano Armentano y Leonardo Ramos. Desde Paraguay llegaron el delantero Domingo Arévalos, Adelio Salinas y Ricardo Rojas. El último en llegar fue el lateral Manuel Santos Aguilar, que sería el reemplazante natural de Edgardo Prátola. 
Estudiantes afrontó, al mismo tiempo, el campeonato de la B Nacional y la desaparecida Supercopa Sudamericana, de la que tomaban parte todos los equipos que habían ganado al menos una vez en su historia la Copa Libertadores. 
En la B Nacional debutó con un empate contra Instituto en La Plata. Al término del primer tiempo, Estudiantes perdía 1 a 0, y al no encontrar reacción en sus dirigidos, Miguel Ángel Russo, que había logrado anteriormente dos ascensos con Lanús, les dio la “bienvenida” a la categoría. “Estábamos muy preocupados y el técnico nos sacó responsabilidades, nos dijo algunas cosas desde su experiencia y eso nos sirvió para mirar hacia el frente y seguir adelante”, dijo posteriormente Rubén Capria, el Mago, segundo goleador del equipo con 16 tantos, detrás de los 23 de José Luis Calderón. 
A partir de allí Estudiantes emprendió una racha positiva que recién se cortaría en la décimo cuarta fecha con una derrota ante Deportivo Morón. No obstante, el equipo ya salía de memoria y también se entendía de memoria. Bossio era el arquero, Llop el central y el Ruso Prátola, junto a Rojas, los stoppers. En el medio jugaban el Rulo, Claudio París, por la derecha, el Sopa Aguilar por la izquierda y Leonardo Ramos y Juan Sebastián Verón como doble cinco. El enganche era el Mago Capria, y los delanteros Calderón y Armentano o Arévalos. El 3-4-1-2 era innegociable para la dupla técnica, y los suplentes tenían la misma calidad que los titulares. En el banco esperaban Gastón Córdoba, Martín Palermo, Juan Manuel Azconzábal, Diego Capria, Leonardo Squadrone o Luis Sosa, entre otros. 
El Pincha siguió avanzando a paso firme y la gran oportunidad de concretar el renacimiento llegó a cinco fechas del final, en una dura visita a Gimnasia y Tiro de Salta. Estudiantes ganó 1 a 0 con un gol de Calderón y se aseguró el primer puesto. Detrás quedaron Atlético Rafaela, Colón de Santa Fe y Godoy Cruz. En tiempos en los que se otorgaban dos unidades por cada triunfo, la campaña fue récord: 65 puntos fruto de 27 victorias, once empates y cuatro derrotas.
En total Estudiantes pasó 265 días en la B Nacional. 265 días desde aquel último triunfo en Primera, 4 a 1 ante Racing en La Plata, que terminó con una vuelta olímpica de los hinchas surcando el terreno de 1 y 57. Esa misma tarde empezó a cocinarse a fuego lento el exitoso regreso, que se concretó nueve meses después. Con trabajo, esfuerzo y el sacrificio de dos generaciones que se unieron para sacar a flote a un Pincharrata demolido. Y siempre con la colaboración de una gloriosa camada de juveniles que hizo historia.

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